67 días antes. Italia, el espíritu que se apaga
Quizá los dioses estén enojados con Italia. Zinedine Zidane, uno de sus hijos predilectos, no tuvo temple suficiente. El francés estaba destinado a subir al Olimpo con la Copa del Mundo en sus manos; sin embargo, tuvo unos cuantos segundos de debilidad que lo mandaron al inframundo. El diablo se le apareció en una zona del campo donde no pasaba nada. Zidane y Materazzi iban a protagonizar una de las escenas más emblemáticas que ha dado este deporte. Corrían segundos insignificantes dentro de un minuto intenso —era la parte final del segundo tiempo extra— y la pelota estaba lejos.
Materazzi, central italiano, había jalado apenas la camiseta del francés y este le dijo que, si la quería, se la podía dar al final del partido. Materazzi le respondió que mejor prefería a su hermana (quizá le ...

