El día que Paco Stanley se llevó a la izquierda entre las patas

7 de Junio de 1999. Nadie se imaginaba que estábamos al final de un túnel que nuestra historia había tardado 70 años en recorrer. A pesar que para la cosmovisión mexicana fuera imposible creer que el PRIATO pudiera terminar, los años anteriores habían puesto un punto de luz al final de ese túnel: la capital del país se convirtió en el bastión de la izquierda mexicana, en 1997 Cuauhtémoc Cárdenas ganó las primeras elecciones para elegir al Jefe de Gobierno del Distrito Federal, mientras que el panismo se posicionaba como opción a través de la figura de Vicente Fox gobernando Guanajuato. Había más que PRI.

Han pasado 20 años ya, hoy estamos la mayor parte del tiempo pegados frente al teléfono deambulando por las redes sociales; hace dos décadas, la televisión era la que marcaba la agenda de lo que se tenía que hablar, marcaba las pautas de la subjetividad de la vida de millones de personas, las telenovelas seguían siendo una industria y Paco Stanley era el rey del entretenimiento. Eran los años en que TV Azteca nos trataba de convencer de la culpabilidad de Sergio Andrade y Gloria Trevi, quienes estaban prófugos de la justicia, mientras que en el país se había consumado uno de los más grandes fraudes de la historia moderna: el FOBAPROA.

Aquella mañana del 7 de Junio de 1999 no fue un día cualquiera, mataron a Paco Stanley, afuera de la taquería ¨El charco de las ranas¨, rafaguearon su camioneta. La violencia ya era un tema cotidiano, pero tenía un tratamiento mediático diferente al de ahora, hoy la información es mil veces mayor y se analiza desde todos los ángulos generando una neurosis en busca de verdades.

En 1998, el país se estremecía con la crueldad del “mochaorejas”: Daniel Arizmendi fue un secuestrador que marcó época. Su figura tomaba forma de leyenda. Su captura fue un espectáculo televisivo ofrecido a una sociedad que comenzaba a mostrar el cansancio de la impunidad (y estamos hablando de hace 21 años). En entrevista con Javier Alatorre, Arizmendi pedía que se le castigara igual como él lo había hecho con sus víctimas. Todo era un show digno de televisar. La violencia comenzaba a ser una industria.

Hablemos más de los noventas. La televisión mexicana se “democratizaba”; la venta de IMEVISION a Ricardo Salinas Pliego a principios de esa década generó (igual entre comillas) “competencia” a Televisa de Emilio Azcárraga Milmo, más no generó una mejora de los contenidos, ¿qué veíamos los mexicanos? Telenovelas, futbol, noticias y programas huecos con guapas modelos y carismáticos conductores. Así pues, en este ambiente de (nuevamente las comillias) “transformación”, TV Azteca le daba sustos a Televisa, y Televisa respingaba. Paty Chapoy creada en Televisa, saltó a Azteca y con José Origel, Pedro Sola y Martha Figueroa fueron un fenómeno en el rating con su programa Ventaneando. Los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México firmaron en 1997 un contrato millonario con Televisa para la transmisión de sus partidos después de haber sido trasmitidos por años a través de  IMEVISION y posteriormente por Azteca; en 1998, Paco Stanley se llevaba su gallinazo y todo su equipo, igualmente por algunos millones, a la televisora del Ajusco. Había literalmente, una guerra entre las televisoras para vendernos las mismas porquerías de siempre.

Pero bueno, ¿y el país? El PRI sentía pasos en la azotea y anunció su transformación como “el nuevo PRI”, según ellos a partir de ese momento, —finales de los noventas—, sería un partido moderno, pero lo mas simpático de todo, sería un partido democrático. El partido que en 1994 había sumido al país en una profunda crisis económica prometía cambiar, y como la verdad de las cosas, las cosas estaban cambiando (valga la redundancia), el PRI abrió la elección de su candidato a la presidencia para el año 2000 a toda la sociedad; pero no nos adelantemos, toda la trama política de la década de los noventa tuvo un protagonista esencial para entenderla: Cuauhtémoc Cárdenas, quien fue el antagónico de aquel PRI neoliberal fortalecido durante el salinismo; sí, aunque Cárdenas se formó en el PRI, a mediados de los ochentas empujó por una democratización real de su partido que no logró, lo que lo hizo formar un frente para aspirar por primera vez a la presidencia (ya sabemos la historia de 1988) y posteriormente fundó el PRD para competir de forma organizada y como partido de izquierda por espacios de poder. Así pues, el cardenismo fue trascendental para la caída del PRI en el año 2000, fueron años de abrirse espacios que  al final capitalizaron otros, específicamente la derecha de Vicente Fox.

El cardenismo había probado en dos elecciones presidenciales (88 y 94) y luego fue por la capital del país que ganó en 1997. Aquello fue histórico porque fue el primer Jefe de Gobierno elegido democráticamente y puso los cimientos de 22 años de gobiernos de izquierda (con todo lo que podamos opinar de ellos) en la Ciudad de México. Pero no todo sería miel sobre hojuelas y su figura como gobernante se fue desgastando en esos tres años —de 1997 al año 2000—. Cárdenas aspiraría nuevamente a la presidencia, “la tercera es la vencida” pensaba, mientras Porfirio Muñoz Ledo daba manotazos con poca fuerza: según él, le tocaba ser el candidato de la izquierda. Cárdenas gobernaba la Ciudad de México y eso era un trampolín directo para posicionarse de cara a las históricas elecciones del año 2000, pero el 7 de junio de 1999, por ahí del medio día, asesinaron a Paco Stanley y con ello, se vino un linchamiento mediático, cosa que mermó sus aspiraciones presidenciales.

Paco Stanley marcó la pauta del rating en los años noventa con sus programas de entretenimiento, la fórmula de su éxito era tener uno o dos patiños, inventar bailes chistosos que después se popularizaban en las fiestas, llamadas del público que leía al aire, invitados que igualmente ridiculizaba, guapas edecanes, concursos… Además gozaba con el don de la declamación y vendía discos de poemas, era un tipo simpático, cínico,  que al final de sus programas terminaba diciendo algún pensamiento motivacional, y  eso vendía bastante, así que en la guerra de las televisoras, TV azteca le puso los millones sobre la mesa, y Stanley firmó para dejar a su querida Televisa.

Aquella mañana del 7 de junio de hace 20 años, Paco Stanley llevó a cabo su programa “Una tras otra”, terminando fue a desayunar con su equipo al Charco de las Ranas, y al salir de ahí, lo acribillaron. La televisión nos acostumbraba al espectáculo amarillista, la trasmisión de TV Azteca y Televisa se vio interrumpida para dar la cobertura en vivo en el lugar de los hechos. Corrían miles de versiones. Se vino una telenovela del caso y uno de los sospechosos era Mario Bezares, su más leal patiño; en el momento del crimen, Bezares estaba en el baño y eso hizo pensar a la Procuraduría que era sospechoso. Meses después de su detención, dijo que escribiría un libro y que le pediría  a Carlos Monsiváis que escribiera el prólogo, cosa por la que Monsiváis soltó una carcajada, con todo respeto.

Tanto Televisa como Azteca dieron amplia cobertura al caso en un momento en que políticamente se cocinaba el año 2000. El crimen de Paco Stanley fue artillería para mermar las preferencias electorales de la izquierda, en todas sus editoriales hacían entender que la culpa era de Cárdenas. Politizaron el caso con una cobertura exagerada, fue la mejor forma que encontraron para desprestigiar el proyecto que tenía el control del corazón político del país, el Distrito Federal. Peor aún para el gobierno, la Procuraduría de Justicia del DF tuvo un patético papel, sus hipótesis eran poco creíbles y rayaban lo ridículo. Enredos e incongruencias fueron el sello de la investigación, lo que abonó a todas las opiniones en contra de la izquierda,  que a su vez sumaban a los intereses de la oligarquía, y sí, en el 2000 la izquierda tuvo un tercer lugar, el PRI cayó y ganó la derecha de Vicente Fox.

Cárdenas llegó a esa tercera candidatura presidencial con un desgaste político a cuestas, la figura carismática de Vicente Fox y la decadencia del priismo, conjugaron todos los factores para su caída y la llegada al poder de la derecha. Mientras en la capital del país, con pocos puntos de ventaja, la izquierda logró mantenerse, López Obrador recibió el poder de la Ciudad y con ello, fue construyendo un liderazgo único, que 18 años después, con subidas y bajadas, supo capitalizar para convertirse en Presidente de la República.