lunes, septiembre 21

Lo bueno que tenemos YouTube

Siempre he pensado que el futbol puede destilar literatura. En la capital catalana se ha redactado una de las mejores epopeyas. Barcelona ha sido el epicentro del mejor futbol del mundo en las últimas dos décadas. La historia reciente del club y en general, del futbol mundial, han tenido un gran protagonista: Messi. Desde la lectura de un fanático, ha sido un privilegio leer las páginas que el argentino nos ha redactado. Hoy se quiere largar de Barcelona, y a mí me viene valiendo gorro. ¿Qué más futbol le podemos ver al rosarino?

Un 18 de abril de 2007 Lio Messi abrió un capítulo en la historia del futbol mundial. Redactó un gol con el mismo talento literario que Maradona vacunó a los ingleses en 1986. Era la semifinal de la copa del Rey y Messi tomó un balón en la media cancha y recorrió el campo con el esférico pegado a sus pies dejando a su paso a medio equipo getafeño, tocó la puerta y marcó. La similitud de aquel gol con el de Maradona parecía ser un presagio. Messi estaba llamado a ser; aquel gol lo ungió,  pero los dioses son celosos y quizá su talento estaba destinado no más allá del mediterráneo. Dicen que la 10 de la Argentina sigue y seguirá siendo para el Diego. Aún no hay quién dirija los caminos para que la albiceleste levante su tercera copa mundial.


Si bien el talento de Messi se puede explicar desde la genética o desde el destino manifiesto, hubo un tridente que supo poner a Messi en el lugar exacto: Rijkaard, Guardiola y Luis Enrique soltaron a Messi en su hábitad y lo dejaron ser feliz. El actual desencuentro que el argentino tiene con el club —donde se juegan millones de euros descifrando cláusulas en su contrato—, Pep Guardiola lo evitó hace 12 años. En 2008 el club le había impedido a Messi jugar los juegos olímpicos con Argentina, pero Guardiola intercedió para que lo dejaran marchar. En Pep se conjugó lo que es el sentido común y la sensibilidad: ¿por qué carajos no hacer feliz a un niño que lo que mejor sabe hacer es jugar al futbol? Messi regresó con la medalla de oro y el alma renovada para redactar en páginas de oro lo que fue el guardiolismo. Tan solo el primer año de Pep, el Futbol Club Barcelona ganó todo lo que pudo haber ganado.

Así fueron pasando los años y aquel Madrid lleno de odio dirigido por José Mourinho se topó con la mejor media cancha en la historia del futbol mundial. Xavi, Iniesta y Messi no se cansaron de barrer al Madrid. Todo fue sumando a la leyenda de Messi, quien resistió la rudeza de Pepe y Sergio Ramos en cada derbi español:  por cada quiebre que les hacía el argentino se ganaba una patada, pero Hernán Casciari nos explicó la genética canina de Lionel. Messi iba por la pelota como su perro Toto iba por la esponja. Los números y el talento fueron dándole vida a la leyenda, pero faltaban páginas en blanco por redactar.

En 2014 se integró la magia latinoamericana en la delantera culé, aquella que hace diferente un partido de futbol y que abraza con hermandad fuera de las canchas. Luis Enrique dirigió a un tridente espectacular: Messi, Neymar y Luis Suárez hicieron una fiesta y una fábrica de goles. Barcelona ganó su quinta Champions con ese trabuco. Años después, de los pies de Neymar se comandó una de las mejores remontadas en la historia del futbol, el 6 -1  al PSG fue más obra del brasileño que de Messi, y la hazaña nos regaló la mejor imagen pagana que ha dado este deporte: después del tanto de Sergi Roberto a nada del silbatazo final, Messi fue a erigirse como emperador romano ante una hinchada desorbitada. Se paró al filo de la frontera que divide a los dioses de los mortales, entre la masa estaba el fotógrafo mexicano Santiago Garcés quién inmortalizó a Messi en una bellísima postal.

Foto: Santiago Garcés

Las mentes de los humanos funcionan de manera extraña. Neymar se largó a tratar de ser estrella en otro cuadro donde Messi no le quitara reflector. Siempre se quiere tener un número 10 en la espalda. Dicen que el argentino le prometió el protagonismo que quería si se quedaba, pero los millones ya se estaban transfiriendo y en esta industria infestada de jeques árabes no existe un minuto de silencio para pensar las cosas dos veces.

Hace tres años  Messi subió al tercer piso de la edad y a veces, desde ahí, los futbolistas tienen que imaginar el inminente retiro. ¿Qué puede pasar por la mente de un genio como Lionel que tiene tanto dinero para pagar  sin recato lo que le debía a la hacienda pública? ¿A dónde ir cuando lo que sobra es más dinero que camino? ¿Cuál es la brújula de la última parte:  el retiro en el club que te dio la vida futbolística, el capricho del árabe en tierra inglesa, la comodidad del futbol norteamericano, el romanticismo del Newell’s en la Argentina o una extravagancia en China o Arabia? Quién sabe, el caso es que Messi se quiere ir y las razones son recientes.

El Barcelona se derrumbó en Roma en 2018  y en Liverpool en 2019, y sobre el argentino cayeron las miradas de la prensa. Aquellos desastrosos partidos no fueron cualquier cosa, al Barcelona le dieron la vuelta en dos marcadores que eran para administrarse. Un año después  la cosa se puso peor y el Barcelona consagró un triplete de fracasos en Champions;  Bayern les marcó 8 en Lisboa y el colapso fue total. En pocos días se habló de reestructuración, pero una cosa son los fríos métodos de un club y otra es el factor humano. A Luisito, el amigo,  lo echaron en una llamada que duró menos de dos minutos y Messi dio un carpetazo, aunque las firmas en los contratos parecen decir otra cosa. Y así, entre estrategias legales, los fanáticos esperamos el final de esta novela viendo una y otra vez a Messi en YouTube que nos lo ha dado para siempre.

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