Arranca la copa del mundo. Digamos que el jueves 11 de junio fue un domingo en el que fuimos a trabajar. Miles andaban por la ciudad uniformados, todos con sus playeras verdes y blancas. En la oficina había dicho que las labores se paraban de una a tres de la tarde para ver el partido inaugural de la copa del mundo. La realidad fue que todos estaban más concentrados en el momento en que Shakira saltara a la cancha, además de que México cortaría el listón enfrentando a Sudáfrica y cuando la selección mexicana juega en una copa del mundo, el día es un feriado no oficial al mismo nivel que un 12 de diciembre.
El futbol nos alebresta los impulsos más neuróticos. Algunos paranoicos comenzaron a postear que la que se había presentado en el campo del Azteca no era Shakira sino su doble, una tal Shakibecca. Otros obsesivos compulsivos analizaron todo de la colombiana en su presentación hasta encontrar la cicatriz por varicela cerca del tercer ojo confirmando así que era la verdadera Shakira. Me gustan las teorías de la conspiración y soy de los que ha llegado a creer que existe esa isla donde clonan a los famosos, por suerte suelo dudar de mis creencias, sobre todo de las más absurdas.
Si México fuera una persona sin duda sería un paciente psiquiátrico lidiando con sus propios estados de ánimo. Al interior del Azteca la fiesta estaba puesta, mientras al exterior se hacía presente la tensión generada por los muchos conflictos sociales de México. El mundial de futbol atraería el reflector para dar a conocer al orbe lo que pasa en este país. Por un lado, estaban las legítimas manifestaciones de las madres buscadoras, por otro frente, la siempre combativa CNTE que nunca deja de exigir cosas, que amenazaba con impedir que se diera la fiesta. Mientras tanto, en lo que las fuerzas el Estado contenían la lucha por las calles afuera del Azteca, Alejandro Fernández entonaba a capela el himno nacional. Siempre he desconfiado del amor a la patria que emana desde el futbol, en lo personal, a mí la piel no se me enchina con esas escenas.
Así arrancaba la copa del mundo: con fiesta en el estadio, conflictos en la calle y una nación pegada a las pantallas de televisión. Mil millones de personas alrededor del mundo hacían exactamente lo mismo. 2026 es el año triste del futbol. La máxima fiesta futbolística trae sus rarezas o sus exabruptos: la FIFA le otorgó a Donald Trump un premio de la paz, luego convirtió al Mundial en un producto de lujo y la sede compartida se fracturó. Estados Unidos acaparaba los reflectores mientras México y Canadá observaban desde los márgenes. Pero el futbol toma forma colectiva, despierta esa pasión inexplicable y será siempre el máximo ocio universal. Sí, dan ganas de mandar a chingar a su madre a la FIFA, pero el futbol hace que nos sentemos a verlo con los amigos y los cercanos.
No solo era la FIFA la que había enrarecido la actual copa del mundo. La propia dinámica de la zona geográfica y en general, la dinámica mundial nos hacía desconfiar de la viabilidad del torneo. En 2018 cuando se presentó el proyecto de la sede compartida, este se llamó ‘United’. Ocho años después, Norteamérica parecía menos unida que nunca. Trump insiste en anexar Canadá como el estado 51 y amenaza a México con intervenir contra los cárteles. Mientras el balón estaba por rodar, la región anfitriona vivía uno de sus momentos de mayor tensión política.
La atención de todos está puesta en el partido inaugural, dejando en un segundo plano un tema que resulta trascendental para nuestro país: la renegociación del T-MEC. Considerando que el 80% de nuestras exportaciones tienen como destino Estados Unidos, el tratado comercial es pilar de nuestra estabilidad económica, pero Trump no hace más que quejarse de México y Canadá y, fiel a su estilo, amenaza con terminarlo. Así que, en el inicio de la justa mundialista, México y Canadá tensan su relación con Estados Unidos, y la zona, paradójicamente, está menos unida que nunca.
Pero si no podemos arreglar el mundo por lo menos podemos disfrutar del futbol. El estadio Azteca ofrecía su tercer partido inaugural en su historia. Apenas al minuto 8 Julián Quiñones ya había marcado para los nuestros. La banca mexicana hizo erupción. Todos saltaron y corrieron a abrazarse convirtiéndose en una misma montaña humana. 16 años atrás, el mismo 11 de junio, ambas selecciones inauguraban la copa del mundo en Sudáfrica, aquella vez fueron los africanos los que abrieron el marcador y celebraron el gol que le marcaron al Conejo Pérez haciendo un bailecito cerca del banderín de tiro de esquina; ahora, 16 años después, luego del jubilo colectivo de la escuadra mexicana y quizá a modo de revancha, Quiñones se dio el lujo de replicar aquel baile como parte de su celebración.
Por algunos momentos aislados la selección mostró personalidad, pero la mayor parte del tiempo mostro muchas inseguridades, no fue ampliamente dominante. En la segunda mitad Raúl Jiménez logró marcar por fin en una copa del mundo. Era el 2-0 para México. El nueve mexicano explotó en llanto levantando las manos hacia el cielo buscando la mirada de su padre. Todo el equipo lo arropó. El gol de Raúl Jiménez nos dio una estampa peculiar, quizá muestra de la posmodernidad. Se viralizó una imagen donde dos aficionados se graban a sí mismos gritando el segundo gol de México. No son los futbolistas que están el campo los protagonistas del momento, son ellos dos entre ochenta mil aficionados en la tribuna del estadio.
Faltando dos minutos para que acabara el partido Cesar Montes se hizo expulsar en un momento en que México tenía dos hombres más en la cancha. El partido inaugural terminó y todos teníamos una sonrisa forzada. México ganó 2 – 0 mostrando más dudas que certezas. Los tres puntos fueron oro molido, más cuando la selección no terminó por convencer. A las tres de la tarde la jornada laboral estaba prácticamente quebrada, pero para nuestra cultura futbolística, la fiesta estaba por empezar. El futbol trastoca la cotidianidad, así que después del México contra Sudáfrica, Chio y yo fuimos al cine en un horario que me permitiera ver después el Corea versus Chequia. Ese día vimos una película de Steven Spielberg llamada ‘El día de la revelación’, película de ciencia ficción que narra una historia donde un exagente llamado Daniel Kellner pretende hacer públicos los archivos que una corporación ha mantenido ocultos sobre evidencias de vida extraterrestre. Por su parte el CEO de dicha corporación trata de evitar que la información salga a la luz pública por el caos que causaría en el mundo.
Las películas de ciencia ficción con el tiempo ya no nos parecen “tan de ficción”. ‘Terminator’ nos parecía lejana del mundo real y ahora los filósofos y científicos debaten si las máquinas tendrán conciencia y hasta si desarrollarán emociones. Quizá algún día esa sensación nos pase con las películas de extraterrestres. Mientras tanto, al mismo modo de ‘ET’ y la seire de ‘Alf’ en los años ochenta y ‘El día de la independencia’ en los noventa, las películas y series sobre extraterrestres sirven más para entretenernos que para hacernos pensar en el tema alienígena.
¿Será que los tiempos de Steven Spielberg son perfectos? El gobierno de Estados Unidos lanzó el programa llamado Pursue. Una iniciativa destinada a abrir al escrutinio público miles de documentos relacionados con Fenómenos Anómalos No Identificados. Bajo el argumento de la transparencia, el programa impulsó la desclasificación de reportes militares, videos, fotografías y testimonios de incidentes aéreos registrados durante décadas por distintas agencias federales, convirtiéndose en uno de los esfuerzos más importantes para revelar información oficial sobre el fenómeno OVNI. La desclasificación de información comenzó el 8 de mayo de este año. La película ‘El día de la revelación’ sale a las salas cuando el gobierno está por liberar un nuevo lote de documentos que nos pone a pensar si existe otro tipo de inteligencia más allá de nuestra atmósfera.
Resulta difícil saber si Pursue responde a un genuino ejercicio de transparencia o a la inclinación de Trump por convertir la información en espectáculo político. Quizá, ante el desastre de la guerra en Irán, el gobierno lanza anzuelos a la gente para mantenerlos distraídos de lo realmente importante.
Este último lote de información sale a la luz un día después del partido inaugural de la copa del mundo. ¿Estamos a punto de ver a Messi, Cristiano Ronaldo y Luka Modric en la cancha y todavía dudamos si existen los marcianos? Hace muchísimos años en una charla futbolera, Juan Roitman, argentino él, me dijo que Maradona era extraterrestre, a lo que yo pregunté ¿por qué? Juan, con esa mezcla mexicoargentina que lo estructura, me contestó: porque un cabrón tan chingón no puede ser humano. Soltamos una carcajada.
Y quizá, en términos del paganismo que abriga la devoción de muchos por el futbol, Roitman tenía razón. Maradona tenía muchos elementos futbolísticos que superaban lo humano, pero claro, al ver sus exabruptos lo regresábamos a esta condición terrenal. Lo cierto es que en esta copa del mundo veremos a Messi, Cristiano Ronaldo y Luka Modric disputar su sexto mundial rebasando así, los límites humanos hasta ahora conocidos. Quizá los archivos de Pursue nunca demuestren la existencia de vida extraterrestre. Pero si Roitman tenía razón, los marcianos llegaron hace mucho tiempo y aprendieron a jugar futbol.
