AMLO y su economía moral

López Obrador ostenta el máximo poder y se da espacio para ejercer el oficio de escritor. En días pasados presentó su último libro llamado “Hacia una economía moral”. La estructura psíquica del presidente es enigmática: se da tiempo para escribir en medio de la compleja tarea de dirigir al país.

Escribo esta colaboración para Tribuna de Querétaro a dos días de que se cumpla el año del cambio de gobierno. En su libro, el presidente nos hace un resumen de lo que han sido los primeros 11 meses en funciones; imprime su particular óptica de las cosas. Al principio dudé que el Peje pudiera redactar algo en medio de su estresante trabajo; pero sí, en el terreno literario, se puede leer claramente su voz; es él quien redacta esos párrafos. López Obrador es un hombre culto, con un bagaje de lecturas encima que le han ayudado a construir una interesante cosmovisión.

En el libro no vamos a leer nada nuevo, prácticamente repite su histórico discurso redactado desde otro lugar, desde la visión ya no del opositor sino del gobernante. Dedica la primera parte a hacer un recuento del lastre de la corrupción y posteriormente a hacer un resumen de lo que significó la política neoliberal instaurada en México a partir de 1982. El presidente no se cansa de redactar esa historia, la cual es real: la del desmantelamiento del estado, la de la creación de una oligarquía voraz y su injerencia en el aparato de justicia para acomodar las leyes a su antojo, y también señala las terribles consecuencias que tuvo ese modelo, nada nuevo.

En la tercera parte del libro se dedica a redactar su visión de gobierno en 10 puntos centrales. En ellos explica las acciones que el gobierno ya está implementando. No podemos negar que, históricamente, ha tenido un diagnóstico muy exacto de lo que le pasa a este país, pero este decálogo sigue siendo ambiguo, redactado bajo la parcialidad de su óptica y con ese constante sesgo de entender la vida entre buenos y malos.

El peje inventa una narrativa para separar lo anterior de lo nuevo. Se aventura a decir que el régimen neoliberal llegó a su fin con el toque mesiánico que lo caracteriza. Su visión del antes y el después es un híbrido de conceptos políticos, sociales, económicos y sobre todo morales, por lo que su texto no deja de ser un manual de buenas intenciones, y sí, no tengo duda de que el presidente sea un personaje bien intencionado, apasionado de la historia, con el fiel propósito de transformar la vida pública de México, pero su texto, donde pretende explicar el concepto de renovación moral, no está impregnado de la visión de un hombre de estado: AMLO es un teórico fantástico.

Al año de haber comenzado su gobierno, el texto nos ayuda a hacer un comparativo de los resultados y lo que, según él, se está haciendo. A pesar del 0% de crecimiento en la economía durante el 2019, hace una crítica a los mediocres crecimientos de los gobiernos anteriores; también plantea la reconstrucción de la figura del estado para restablecer el orden, algo lógico, pero lo hace desde una perspectiva simplista donde los abrazos y el amor no son suficientes para acallar las —cada vez más constantes— crueles manifestaciones de violencia. El presidente es un optimista empedernido, habría que preguntarnos qué es lo que no alcanzamos a ver para tener el mismo optimismo que él, que da por hecho esta especie de nuevo amanecer, quizá tendremos que dejar pasar el tiempo para poder decir, y ojalá así sea: —el presidente tenía razón.

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