Infancia es destino

Gracias al Club América, sí, a ese que odio tanto, por abrirme las puertas de Coapa para presentar mi libro “La geometría de la euforia”. Platiqué con la sub17, sub20 y el equipo femenil que ganó el apertura 2018. Fue una gran experiencia encontrarme con chavos y chicas que construyen sus sueños, se disciplinan y hacen amistades a través del balón. El futbol es sin duda un lenguaje universal. El gusto por un deporte tan hermoso y tan lleno de significantes construye en los fanáticos muchas subjetividades.

¿Qué puede hablar un chiva con 90 americanistas? “Infancia es destino” les dije, pasé los años ochenta, siendo niño, viendo ganar todo al América, entonces ¿cómo no quieren que los odie? Recordé la primera y única vez que he llorado por un partido de futbol, un Chivas vs América de una semifinal de la 90-91 cuando a centro de rabona de Edu, Toninho marcó aquel lapidario 3-0. En la charla estaba Raúl Rodrigo Lara, crack americanista, se acordó de aquel partido, me dijo que él debutó en esa temporada, sonreí y le dije, —entonces tú fuiste parte de ese equipo que me hizo llorar, eh… Catarsis pura.

Estar en Coapa fue lindo, primeramente me impresionó que dentro del Club América fomentan el respeto y la educación en todos sus miembros, todo va acompañado de un buenos días, buenas tardes, buenas noches, un por favor y un gracias, esto crea mucha empatía en su cotidianidad. Y bueno, estar ahí fue terapia para darle rienda suelta a mi doble personalidad, esa que me aqueja en torno al futbol, digamos que fui al manicomio, de pronto empecé a imaginar que el América me fichaba, que tenía que tragarme mis palabras de tantos insultos y que la afición de mi querido Nagashima (el equipo de los amigos) se enardecía por la traición, (ya saben, a mis 38 sigo pensando en que puedo llegar a ser futbolista). En una de las pláticas, le dije a unos de los profes que me probara, que estaba dispuesto a jugar para el América sin cobrar, una temporada nada más y me retiraba, se rio, lo que no sabía es que yo lo decía en serio con la dosis de sarcasmo que necesita la bella locura. Después de tanto delirio, tanta plática, tanta catarsis, Chío y yo regresamos a Querétaro agradecidos con el club y mi querido Jonathan, amigo que me abrió las puertas de Coapa. En verdad, gracias al Club América por fomentar la lectura entre sus miembros a través de “La geometría de la euforia”con mucho cariño, ya los odio menos.

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