El boceto

Cinco meses son insuficientes para poder ver resultados tangibles, me dan risa quienes ahora sí logran ver que la inseguridad y la corrupción están imparables; pero en la forma relativa de entender el tiempo, cinco meses también dicen mucho: son un boceto. No me puedo sentir engañado, AMLO ha tenido sus formas habituales de operar: su hábito constante de polarizar, su necedad y sus oídos sordos, es lo que ha ocupado para mantenerse en la esfera política desde que inició.

Por su complejidad me resulta difícil escribir esta crítica. He sido tres veces votante del peje y una gran parte de tiempo fui defensor del proyecto. Igualmente, la intensidad con la que defendía el diagnóstico con el que AMLO explicaba la realidad de México me fue disminuyendo, y esta última vez, al ver su pragmatismo de aliarse hasta con las piedras, la forma evidente como negoció su arribo al poder y su eterno conservadurismo (AMLO no es liberal), estuve en la disyuntiva entre votarlo una tercera vez o anular mi voto. Opté por lo primero. Confieso que me emocionó su victoria, la alegría genera optimismo, pensé por un momento que veríamos la mano de un grupo de expertos para construir un método, imaginé que podríamos aspirar a un gobierno con tintes científicos, de gente honesta, pero por muchas buenas intenciones, empiezo a ver en este boceto, que el actual gobierno va a apretar las tuercas para ajustar el motor que hace funcionar al  sistema político, donde la impunidad y la corrupción son los sellos;  quizá hemos cambiado para que todo siga igual.

No puedo entender que AMLO vaya a pasar el sexenio a través de su relativa inteligencia mediática, levantándose todas las mañanas a un diálogo que será ocioso mientras él tenga otros datos. Me resulta ilógico que siga siendo el eterno candidato, haciendo uso de una retórica muy pobre, arremetiendo contra los que no piensan como él ya sean ciudadanos o medios de comunicación, y repito, no me puedo sentir engañado, pero no entiendo que como gobierno siga ensimismado en sus usos y costumbres sin capacidad de evolucionar y escuchar a terceros.

AMLO entiende mal ese afán de querer hacer historia, trae prisa por entrar en los libros; está empezando al revés, primero tendría que dejar las bases para la transformación lenta y paulatina, y luego sí, dejar que la historia redacte su papel en ella; pero por un lado trae esa narrativa heroica, la cual llamó “La cuarta transformación”, que suena bien literariamente hablando, pero por otro lado, es un monumento a la ocurrencia, ejecutando las obras del sexenio con base a adjudicaciones directas, creando políticas sociales meramente clientelares, opera como un sabelotodo que nada sabe, y no saber no está mal, para eso tendría que preguntar, por lo menos googlear antes de cada mañanera. ¿Acaso no hay nadie dentro del grupo compacto de poder que de un manotazo? Sería lastimoso que ese grupo simplemente se vaya a preocupar por mantenerse en el poder 12 o 18 años, sin que hay habido transformación alguna.

Lo que más trabajo me cuesta entender es la polarización social, sería un monumento a la imbecilidad pasar seis años discutiendo, peleando y tratando de ganar terreno en las calles entre quienes desdeñan al gobierno sin mucho argumento más que la superioridad social,  y los defensores a ultranza de este proyecto, justificando todo sin tantito sentido común ni espíritu crítico. Falta mucho por ver, este boceto pudiera borrarse y comenzar uno nuevo donde la lógica impere para sacar a flote este barco llamado México.

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