No te desgastes, la gente difícilmente cambia de opinión

opinión

Abres face y te encuentras una pregunta: ¿Qué estás pensando? Y ahí tienes un espacio para escribir lo que quieras. Quizá estemos pensando poco, pero lo que sí, es que tenemos una necesidad inmediata de escupir un cúmulo de ideas que traemos en la cabeza, que quizá estén planas, vistas desde un solo ángulo. Así que Facebook quizá debería de preguntarnos ¿Sobre qué quieres opinar y qué quieres opinar de eso?

A veces es ocioso entrar en discusiones interminables sobre política, aborto, economía, feminismo, ecología, o el tema que me digan, hasta hablando de futbol hacemos entripados. Tenemos la idea de que la interlocución en los temas enriquece el debate, pero cuando estás opiniones se han industrializado, toda nuestra verborrea digital es paja que contamina y hace difícil la necesidad de guardar silencio para asimilar los problemas, mismos que tendrían que ser vistos desde su propia complejidad.

¿Qué estamos haciendo cuando discutimos en Facebook, estamos llevando a cabo  un intercambio de ideas o enraizando más nuestra propia visión del mundo? ¿Cuánta gente creen que cambie de opinión después de un apasionado debate digital? ¿Qué buscamos con dejar el hígado en cada comentario que leemos y posteamos? La opinología genera placer por muy absurdo que parezca, como si emitiendo juicios defendieramos un pedacito de espacio en el mundo.

El gran Umberto Eco fue letal en su concepción de las redes sociales, el filósofo italiano dijo que las redes le dan derecho a hablar a una legión de idiotas. Las acusó de haber generado una invasión de imbéciles. Así tal cual, agarró parejo,  y nosotros pensamos eso de quien no piensa igual a uno, mientras aquel, está pensando lo mismo  de nosotros al ver lo incompatible de nuestras ideas, pensando que formamos parte de un ejército de tarados, mientras que para Eco, ambos formamos parte del mismo ejército. Umberto Eco era encantador.

Quizá los debates cibernéticos, esos que nos empoderan tanto, que nos conciben tan “sabios” y militantes de las causas, serían más… fructíferos (no me gusta la palabra pero no encuentro otra) si nos permitieran cerrar la brecha entre nuestra visión del mundo con la de nuestro interlocutor, y así encontrar salidas a nuestros “tremendos” dilemas existenciales de la cotidianidad. Tendríamos que generar una flexibilidad en nuestros puntos de vista y entender que cada quien tiene una personalísima circunstancia y quizá, en ese momento aprenderíamos a guardar tantito silencio, tan necesario en un mundo inmensamente diverso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *