La generación Hotmail

El 15 de julio de 1997 abrí mi cuenta de Hotmail. ¿cómo lo sé? Hotmail me lo indicaba en algún lado. Fue mi amigo Víctor Zúñiga quien me explicó lo que era un correo electrónico.

– Es una carta que te llega por la computadora – me dijo.
Le pregunté que cuánto costaba tener eso.
–Nada, es gratis – me contestó.
Yo tenía 16 años y estaba por pasar al último año de preparatoria; en la oficina de mi papá contratábamos a INFOSEL para conectarnos a internet.
– ¿Quieres tener una cuenta? ¿Cómo quieres que se llame? – me preguntó Víctor.
– Daniel – contesté.
– Daniel no se puede ¿qué te parece danielopski? – me volvió a preguntar.
Sonaba bien.

Desde finales de los noventas uso la cuenta danielopski@hotmail.com, eran aquellos años en que podía pasar 10 horas chateando por el MIRC, un modesto pero maravilloso chat en el que te ponías un nick y chateabas con cientos a la vez. Quienes lo usaron, sabrán de qué estoy hablando. En 1997 se pagaba el internet por horas y te conectabas por medio de un fax modem externo; eran los años en que comenzábamos a usar el internet en la vida cotidiana. No existía google, yo usaba como navegador Altavista, navegador que hoy le pertenece a Yahoo; eran los tiempos en que navegábamos con el riesgo de que alguien descolgara el teléfono en nuestra casa y se nos desconectara el internet. Que nostalgia. Los proveedores del servicio de internet eran pequeñas empresas que contaban con sus propios servidores hasta que llegó Telmex y ofreció Prodigy para acaparar, fiel a la costumbre del Sr. Slim, absolutamente todo. En el inicio en que se comenzó a comercializar  internet, no nos imaginábamos lo que sería el día de hoy, la guerra por el negocio del triple play disputado por un puñado de multimillonarios.

Entrando el nuevo milenio, usé por primera vez  Messenger de Microsoft, saltándome el uso de ICQ que para muchos fue sensacional, yo nunca lo usé. La década pasada fue del dominio casi absoluto del Messenger. Nos conectábamos y veíamos a todos nuestros contactos. A veces esperábamos que alguien en especial se conectara o quizá poníamos un “no disponible” para evitar  chatear con quien no queríamos; a otros les aplicábamos el “botón derecho – no admitir”.  El “tu ru ru” que nos anunciaba que habíamos recibido un mensaje más el color naranja de la ventana, nos acompañó por toda una década en nuestra casa o nuestro trabajo hasta que Facebook y el whatsApp en los smartphones fueron sustituyendo al legendario Messenger.

A finales del pasado milenio, cuando pensábamos que un error cibernético denominado Y2K acabaría con el mundo, comenzamos a ver un ritmo más acelerado en la era digital. A mediados de la universidad conté con un teléfono celular, eso fue más o menos por el año 2000. Mi primer teléfono fue un Sony achaparrado, sin juegos, que le tenías que sacar una pequeña antena y le bajabas un microfonito para poder hablar. Luego tuve un Nokia con el que mataba el tiempo de las clases jugando “viborita”. De igual forma, por esa época nos comenzábamos a mandar mensajes vía celular, cada mensaje costaba centavos de peso; el reino del señor Slim lo fuimos acrecentando. No nos imaginábamos aún, poder tener internet en nuestro teléfono celular.

Todo cambiaba, pero las marcas Hotmail y Messenger seguían siendo las fuertes. Comenzamos a usar google por encima de yahoo, y a mediados de la década vinieron las redes sociales y youtube. Poco antes, todos nos maravillamos por poder hablar por skype sin tener que pagar una larga distancia. La información comenzó a fluir de manera más acelerada; leer periódicos de forma digital ya era parte de la cotidianidad. Era la época donde bajábamos música de forma “ilegal”. Antes del avasallador Facebook, muchos tuvimos una cuenta en Hi5, donde la máxima atracción de esta red social, era saber quien había visto nuestro perfil. Volvimos a ver viejos programas de televisión gracias a youtube. Todos los días, cuando empezábamos a trabajar actualizábamos nuestro nick del Messenger; usábamos ese espacio como hoy lo hacemos con nuestro status de Facebook.

A mediados de la década pasada todavía no usábamos el Facebook, mucho menos twitter. Mi cuenta de Facebook, según mi biografía en dicha red, data del 2007. Puedo pensar como usuario, que Facebook ha sido el cambio más significativo en 18 años de uso del internet. Alejandro Touriño, escribía en 2011 que

Si Facebook fuera un país, tendría una población de 800 millones de habitantes. Sería la tercera potencia poblacional del planeta, sólo por detrás de China (con casi 1.400 millones de habitantes) e India (con casi 1.300 millones de habitantes) y estaría por delante de potencias como Estados Unidos o Japón. Sería 17 veces la población de España. Hoy Facebook cuenta ya con el billón de usuarios.

Si Facebook fuera un país, tendría una población de 800 millones de habitantes. Sería la tercera potencia poblacional del planeta, sólo por detrás de China (con casi 1.400 millones de habitantes) e India (con casi 1.300 millones de habitantes) y estaría por delante de potencia como Estados Unidos o Japón. Sería 17 veces la población de España. Hoy Facebook cuenta con el billón de usuarios.

Durante 6 años me he conectado a Facebook usando mi cuenta de Hotmail. En este tiempo, el uso del correo también lo empezamos a modificar. El inbox del Facebook sustituyó en muchos casos al correo electrónico. A la par del auge del Facebook y finalizando la década pasada, twitter me maravilló. Mi amigo Juan Carlos Olvera me enseñó a usar dicha red social.  La he usado por casi cuatro años para desahogar al animal político que llevo dentro.  Mentarle la madre al presidente en turno suele ser terapéutico. El twitter a diferencia de Facebook tiene un encanto especial, sólo nos da 140 caracteres para decir tonterías.  Ambas redes tienen sus similitudes, pero las diferencias son mayores. Me asombra el ambiente, la energía de cada red. Facebook lo puedo describir como más cursi, mas ocioso; el “like” se da más fácil que el RT. Twitter es más arrogante, más concreto. En ambas se combina el sarcasmo, la tragedia, el humor. Ya no hablemos de la forma como ahora compartimos nuestra vida, tenemos el pésimo hábito de hacer público  lo que es privado. Las redes sociales son parte de una patología social en un mundo en el que preferimos poner “me gusta” al status del vecino, en vez de saludarlo en la mañana.

Hablemos de los blogs. El 18 de enero de 2008 comencé a bloggear. Me he dedicado durante este tiempo a estampar la subjetividad de mis pensamientos políticos en mi blog. Me ha resultado terapéutico en muchos sentidos. Escribir es como abrir la válvula de una olla express, si no lo hiciera, podría reventar cual vil olla. Bloggerar, es depurativo, me resulta un sano ejercicio para liberar las toxinas de la mente.

En 2010, adquirí una blackberry pagándosela al magnate Slim de quien tanto me quejo, y al año siguiente, saqué un Iphone. Ahí estoy en los cafés, en las comidas, en la vida cotidiana con la cabeza sumergida en la pantalla del teléfono cual vil demente. Ahí traigo configurada mi cuenta de Hotmail, la cual se ha subido a la plataforma de Outlook, digamos que “es lo mismo pero no es igual”. Ahora, el posicionamiento de las marcas de la digitalización han modificado el esquema. El Messenger envejeció y se dejó de usar. Ahora Facebook es el refugio de nuestra vida adaptada a la digitalización. El Messenger fue sustituido poco a poco.

Hace poco me encontré un término que me pareció fantástico. Alguien hablaba de la desintoxicación digital. Así como tenemos que dejar de ingerir alcohol o dejar de tragar porquerías para desintoxicar nuestro cuerpo. Es sano apagar teléfonos y desconectarnos para volver a ocuparnos de los pensamientos. Algo tan sencillo, nos podría regresar al origen en que no dependíamos de la hipercomunicación.

La comunicación por internet dejó de ser personalizada, ahora es pública; por facebook anunciamos nuestros noviazgos y rompimientos de los mismos, damos los pésames, hacemos citas desde el muro para que todos se enteren, indicamos donde nos encontramos, me ha tocado ver como hasta la ropa sucia se dejó de lavar en casa, ahora muchos prefieren lavarla públicamente en Facebook. Los chistes ya no vienen en cadenas de correo electrónico sino más bien ahora se postean. El humor ahora es con imágenes y textos cortos. Alguien dijo que con la digitalización de la vida cotidiana todos vamos a aspirar a nuestros 5 minutos de fama. Ahí están un cúmulo de videos en internet de borrachos que se hacen famosos, o que decir del fenómeno del Harlme Shake, una auténtica estupidez que no deja de ser atractiva como un fenómeno de masas.

Puedo decir que he estado 15 años conectado al internet. He visto los cambios normales que cualquier usuario ha podido ver, me pregunto ¿Qué tanto sentirán los cambio los programadores que transforman la funcionalidad del internet? Los usuarios promedio, somos limitados para comprender como funciona el mundo de la digitalización. Me imagino que el programador tiene idea de a dónde vamos, quizá por eso los cambios no le parezcan tan importantes.  En una generalidad, no somos capaces de dimensionar la forma como el internet ha cambiado la forma de vivir. Hace 200 años me imagino que la gente mataba el tiempo viendo los cerros; hoy matamos el tiempo viendo pasar la vida del mundo a través de la red. La información nos ha invadido de sobremanera. Hemos transformado las relaciones humanas, tenemos la desventaja de no saber cómo funcionaba el mundo de antes, aquel que te hacía esperar dos, tres o cuatros meses para recibir una carta. Me emociona ver la oficina de correos aún funcionando, independientemente de que sirva para mandar estados de cuenta bancarios; el correo tradicional es el símbolo exacto que nos ayuda a comprender el mundo de antes, algo así como ver un LP junto al Ipod. Hay muchos que se resisten a que desaparezcan los periódicos o los libros, quizá por la nostalgia que implica oler la tinta del diario en las mañanas u oler el papel impreso de los libros al abrir.

Nada es estático. Todo cambia. Soy de una generación que vio como se digitalizó la vida del ser humano. En unos siglos hablarán de esta era como hoy hablamos y vemos la trascendencia del siglo XVIII y siglo XIX con la aparición de la máquina de vapor.  Se hablará de la revolución digital como hoy hablamos de la revolución industrial. Podrán venir nuevas aplicaciones, herramientas, formas de adaptarnos a la digitalización, pero Hotmail será para mí, el punto de referencia para ubicarme en el inicio del uso del internet en la vida cotidiana. Hotmail, hoy estandarizado a la plataforma de Outlook, es el origen que tengo como usuario del internet.