El pantano

Intento escribir algo sobre lo que está pasando en el país, y temas no faltan; imagínense, hay material de sobra para redactar algo después de ver la asunción de la izquierda al poder, hay una dialéctica ambigua llamada La cuarta transformación que tendríamos que desmenuzar, estamos frente a la instauración de un nuevo régimen político,  también hay un aeropuerto en vilo que ha sido El símbolo de la lucidez o de la desgracia según el posicionamiento de nuestra óptica, y hay  mucha pedacería de ideas a medias que no sabemos a ciencia cierta de qué tratan, pero hacemos nuestras conjeturas y opinamos con la rapidez que exigen las redes sociales: castración química, legalización de las drogas, aborto, autoritarismo, los bonos de deuda para el NAIM, el ganso que no se cansa, transformaciones y cientos de temas más que hacen un mar de información que estimula nuestra opinión inmediata.

México es un coctel de neurosis. Al otro día de la toma de protesta de AMLO, un grupo de personas salió a manifestarse al grito de “amigo de Maduro, dictador seguro”, AMLO no deja de ser el viejo del costal que espanta a una derecha carente de argumentos y no deja de ser el santo laico de una izquierda carente de autocrítica.

Mientras más histéricos nos ponemos, más nos sujetamos de nuestro endeble sistema de creencias: estamos en un grito por defender nuestra propia realidad, que es pequeñita. Hacemos un bunker en cuatro paredes y nos sumergimos en la marea digital para discutir el entorno con el apasionamiento que requiere defender nuestra raquítica individualidad. Todos nuestros posicionamientos responden más a nuestra irracionalidad, y está bien, no tendríamos porque pensar diferente, si es lo que hay.

Yo me siento dentro de un pantano, no como si el entorno tuviera una connotación negativa, sino como símbolo de la confusión,  me declaro incapaz de analizar el momento que está viviendo México. Me veo a la mitad de ese pantano y al voltear a los extremos, solo veo la continuidad del lodo que se pierde en la espesa bruma. El panorama me resulta tan complejo que no puedo verlo con el optimismo con el que muchos años añoré ver a la izquierda en el poder, y jamás voy a compartir el pesimismo de quienes auguran desastre. No puedo hacer una masa y darle forma, mis dedos reposan en el teclado de la computadora sin saber que escribir, es más, pienso que podría dejar esta página en blanco y quizá ese espacio vacío diría más cosas, como si el silencio fuera una necesidad ante el bombardeo informativo. No tengo más elementos para escribir que hacer uso de mi libre asociación de ideas, que me sirve bastante para hacer tierra. El pantano, la confusión, esta neblina es una invitación al silencio, a la espera, a tomar café, a leer novelas, a ver películas… Son épocas decembrinas y es momento de desconectarnos en la medida de lo posible, no puedo dejar pasar esta oportunidad.