El sismo y la catarsis

*Columna para Tribuna de Querétaro y Catalejo / Septiembre de 2017

La tragedia genera la catarsis. Desde los escombros del el terremoto emerge lo mejor de los mexicanos. Parece que el temblor cimbra la conciencia; la mexicanidad tiene una necesidad imperiosa de ayudar, quizá de gritar que existe y dar sentido a esa existencia. La era digital nos permite ver la forma como nos trata la naturaleza. En 1985 llegaban las noticias a cuenta gotas del desastre en la Ciudad de México.  Hoy, 32 años después, una gran mayoría cuenta con un teléfono que a la vez es cámara de video y telégrafo. Por whats, mis primos comienzan a reportarse y a comentar sobre la intensidad del sismo. Minutos después comienzan a circular por feis los videos donde vemos a los edificios sucumbir. En 1985 no había smarphones, pero Jacobo Zabludovsky tenía un teléfono satelital en su carro, y narró con aquella tecnología de punta, el desastre para la XEW mientras recorría la ciudad.   Todo ha cambiado en 32 años, y entre los dos sismos, fuimos consientes del tiempo y nos percatamos de la maravillosa dinámica de la Ciudad de México, aquella que cambia de forma radical desde la época de la gran Tenochtitlan.

El 19 de Septiembre de 2017 se repite la historia. ¿Una grosera coincidencia o un ciclo kármico en el que se encuentra la CDMX?  A nadie se le ocurre hacer un meme o publicar un chiste. Solo un cantante del que supe su existencia hasta ese día, pudo llamar la atención a través de un tuit escribiendo una estupidez, pero la emergencia es tal que nadie se detiene a darle importancia.  Apenas el 8 de septiembre tembló en Oaxaca, ese sismo quedó registrado como el más intenso en la historia de México, y esa tragedia dio espacio para el humor. Ya saben, el “ingenio” (pendejo) del mexicano del que a veces nos sentimos orgullosos; pero esta vez, el del día 19, fue la capital del país, Puebla y Morelos los que llevaron la peor parte, y todos prefirieron guardar silencio; la sociedad civil comenzó, como 32 años atrás, a sacar a las personas dentro de los escombros. Ya conocíamos el guión, el estado quedaría rebasado y dependería de los ciudadanos para afrontar la emergencia.

La información corrió a través de las redes sociales por medio de los ciudadanos. Hace 32 años dependíamos de la televisión convertida en órgano de prensa del estado. En 2017, la sobreinformación genera desinformación y da espacio al rumor y la confusión. El ímpetu por ayudar estropeaba las labores de rescate. El protagonismo de algunos en feis muchas veces generaba caos. La gente no sabe como asimilar tanta información, pero dentro de todo, como si ese caos obrara a favor, la gente comenzó a sacar cubetas con escombro y se organizaron los centros de acopio.

Toda la información que circula por las redes es a cerca del temblor; apenas días antes, el asesinato de Mara Fernanda en Puebla manejaba la agenda mediática y el termómetro de la opinión pública. En lo que va de 2017, van 1297 feminicidios en el país.  Y sí, México es el mejor país del mundo cuando la tragedia es repentina, pero igualmente es un país de una conciencia colectiva indiferente cuando la tragedia es paulatina.   México está dotado por dos fuerzas contrarias, un dualismo que se ve todo los días desde cualquier banqueta; el desbordamiento loable de la sociedad para levantar una ciudad y la rapiña desde los escombros. La conmoción que genera una ciudad herida y la indiferencia hacia los 100 mil muertos por la guerra contra el narco. Los centros de acopio a reventar y la violencia como parte de la cotidianidad. Somos capaces de generar una empatía única para volver a poner ciudades de pie, pero groseramente indiferentes cuando la violencia no toca nuestras puertas. Vida y muerte en la conciencia colectiva de los mexicanos.

La catarsis está ahí, dentro de los escombros, en el dolor de las historias en particular que nos conmueven, en el encanto de los perros rescatistas, en las solidaridad de los países del mundo, en la literatura de Juan Villoro, en todos los simbolismos que genera un sismo. A los mexicanos se nos abre la conciencia para unirnos a menos de un año en que el país sufra la polarización electoral, porque cuando llegue el proceso, habremos de dejar a un lado esa unión para el próximo desastre.

La catarsis suscita la empatía y esta despierta la solidaridad. La misma que hace 32 años. Por una parte, México ha cambiado mucho a lo largo de todo este tiempo; pero por otra, sigue mostrando la misma cara ruin de la desgracia: la gran tragedia que azota a este país es la de la corrupción. México despertó, abrió los ojos, se unió cuando el terremoto de septiembre de 1985, pero tres años después vino el salinismo y la conformación de la clase política más opulenta desde la época del porfiriato y con ella, vino la doctrina del individualismo, aquella que siempre queda sepultada cuando nos llega el terremoto para dar paso a la solidaridad. El reto 32 años después, es vernos cotidianamente en el espejo de nuestra propia historia para dejar de repetirla.