18 años después

Varias veces, durante este último proceso electoral, defendí con indiferencia el voto por Ricardo Anaya, en menor medida también lo hice por José Antonio Meade. De pronto se me quitaron las ganas de discutir con la gente. A muchos les parecía increíble —como las veces anteriores— que fuera a votar por el Peje, y cuando me comenzaban a hostigar con los mismos argumentos que vengo escuchando desde hace 12 años, que Venezuela, que es un loco, que no sabe inglés, que va a llevar al país a la ruina y un larguísimo blablablá, trataba de parar ese diálogo que no tendría fin. Me veía reflejado en un espejo que me transportaba al 2006 cuando defendía a AMLO con una pasión desbordada. Entendí que la visión política se construye por nuestra propia historia, por nuestra cosmovisión y por lo que entendemos del todo, y también, muy importante, por la circunstancia.

Aunque parezca ilógico, a veces trataba de que algunos se convencieran de votar por Anaya o Meade. Al inicio de una discusión, a veces la evadía, pero si me enganchaba, salía de ahí defendiendo la postura del otro: —Vota por Anaya, estás en tu derecho, defiendo ese derecho que tienes a votar por quien se te pegue la gana, es el candidato que mejor se acopla a tu vivencia personal — les decía con intención de recibir una postura recíproca, como diciendo “no me estés chingando tampoco si de pronto me dan las ganas de votar por mi perro Jimbo”. No fueron pocas veces esta escena, en casi la mayoría me tragaba la verborrea de argumentos que se arremolinaban en mi cabeza, nada que ver con el 2006 y 2012 y mi defensa absoluta al proyecto del Peje.

Por otro lado, a lo largo de este proceso, tuve muchas dudas sobre López Obrador, sobre todo cuando hizo alianza con el PES; tengo el defecto de ver la política en blanco y negro, y muchos prejuicios con el conservadurismo; luego vino aquello de la “constitución moral” y en verdad, tuve una crisis de identidad política, sin embargo, me vi parado frente a eso que entiendo como “cosmovisión” y tuve mis propios diálogos internos: emitir un voto es para mí una deliberación personalísima, mi cosmovisión fue aplastante sobre mis propias dudas, y el camino a la urna tendría como destino final el voto por MORENA. Juan Gabriel cantaba “es más fuerte la costumbre que el amor”, así que no haría una defensa desbordada de López Obrador, pero le daría mi sufragio. “El voto es secreto” llegué a decir en tono de hartazgo cuando alguien me preguntaba por quién votaría; nunca antes, desde que tengo uso de razón, había evitado discusiones políticas, de hecho, encontraba un placer en ese ejercicio ocioso de confrontar ideas, pero en este proceso me privé de él, o quizá me reprimí.

A diferencia de los procesos anteriores, este me pareció divertido; aprendí a disfrutar la neurosis de otros para apaciguar la propia. Qué cosas vi en las redes sociales, cuando eran juicios propios, por muy irracionales que fueran, me parecía legítimo; lo que realmente me encabronaba era el fake, muchos se hacían pendejos y compartían barbaridades a sabiendas de que eso era falso, esos fueron los peores, a los otros, a los que opinaban con el hígado, me gustaba darles su carita de “me divierte”. En redes sociales opiné poco y más que nada usaba el sarcasmo; cuando me llegaba la seriedad y escribía algo, al poco rato me daba hueva y mejor lo borraba. Ya no soporto la seriedad, menos cuando se trata de hablar de política. Me puse mis propios diques e hice un manual de procedimientos para tratar el tema. Me convencí de que votar es un acto irracional, y comprobé que nos guía más el prejuicio, las fobias y las filias para defender una causa política, además de que amamos discutir simplemente por el hecho de imponer razones muy propias a otros que tienen razones muy diferentes.

Puedo decir que pude desmitificar la idea que tenía de López Obrador, a veces llevé al extremo ese ejercicio, a tal punto que dudé darle mi voto, igualmente uno se inventa cosas para justificar sus lógicas e ideas políticas, y no hay nada más tranquilizador que volver a la oscuridad de las propias creencias. Así oscilé en esta elección, de manera muy pasiva; el principal conflicto lo tuve conmigo, por ejemplo, en un día de abril, después de ver un video que circulaba donde Paco Ignacio Taibo II hablaba de la nacionalización de empresas como sugerencia a López Obrador, le escribí a un gran amigo con el misterio que merecen las cosas serias y las “confesiones fuertes”, le dije que había momentos en que pensaba no votar por AMLO, esa retórica tipo Taibo, Yeidckol Polevnsky, Fernández Noroña, la había dejado de compartir mucho tiempo atrás. Otros buenos amigos apaciguaban los demonios, discutíamos y ahí no evadía la discusión porque al final era para clarificar ideas no para confrontarlas. Dentro de todas las dudas, sabía que terminaría votando por López Obrador, además que esas dudas no daban margen para votar por otro candidato, tampoco era para tanto, primero me hubiera negado a asistir a las urnas a votar por el PAN o por el PRI, sino más bien trataba de encontrar razones de peso para justificar el acto de votar, y bastaba hacer un recuento del saldo que había arrojado este país desde la fallida alternancia democrática en el 2000 para no dudar votar por López Obrador.

El resultado del primero de julio fue aplastante, ahora sí que 6 de cada 10 mexicanos compartimos las ideas de AMLO, contrario a lo que decía uno de los memes más famosos en su contra, pero ¿qué sigue? ¿qué se hace con un país tan fracturado? No tengo ni idea, entiendo que una cosa es la retórica para llegar al poder y otra la que usa el ganador la misma noche de las elecciones; escuché a AMLO como un estadista, y vi, cosa que siempre le he visto, la nobleza de un hombre con convicciones —y todas sus muchas contradicciones—; pasará tiempo para dimensionar la épica de la historia política de López Obrador, son 18 años de estar en el reflector público casi con un discurso único, los retos son enormes: violencia, pobreza, narcotráfico, desigualdad, corrupción… Además de tener el reto de gobernar e implementar políticas públicas para millones de realidades, también está la imperante necesidad de ejercer el presupuesto con honestidad, y creo que el mayor desafío de los que seremos gobernados es empezar a respetar todo aquello que no sea parte de nuestra cosmovisión y entender al de al lado, por eso creo que la reconciliación es la prioridad ante los años que vienen, que deseo que sean los mejores y hagan volver a los que han decidido irse a partir del gobierno de López Obrador. ¡Suerte Peje!, pasa a los libros de historia, que vengan avenidas con tu nombre y monumentos con tu figura en un México que los que ayer votamos, ya no habitaremos.

Puras cosas chingonas

La patria enchina la piel. Javier Hernández se convierte en el mexicano favorito: en el partido contra Alemania, el número 14 cantó el Himno Nacional como Juan Gabriel cantaba Amor eterno. Escuchar el himno entonado por miles en los estadios… emociona; y la mexicanidad se envalentona, a veces no para bien: un tipo se hace viral por follarse a la bandera del equipo rival y la estupidez le sella el pasaporte.

Javier Hernández es el futbolista mexicano del momento, “lleva 8 años siéndolo, solo que los mexicanos somos muy malinchistas” me dice alguien. El Chícharo le dio una entrevista a David Faitelson en las instalaciones del West Ham previo al inicio de la copa del mundo. Faitelson pudiera ser el máximo exponente de un género periodístico que se llame “realismo trágico”, y cual pesimista profesional —como somos muchos— le pidió ser serio a Hernández en referencia a una hipotética victoria sobre Alemania. El chícharo evocó sus ganas y sus palabras quedaron grabadas para que circularan por la red: “imaginémonos cosas chingonas” dijo con euforia, y es que la forma como canta el himno y la mirada perdida hacia el cielo —y los sueños— hace que los mexicanos nos colguemos de su imagen con fervor religioso. El futbol tiene una magia, hace que nos olvidemos de la política; los candidatos presidenciales destruyen familias, pero el futbol logra juntarlas un sábado por la mañana para ver el México contra Corea y comer carnitas.

El futbol metió a la congeladora el tema de las elecciones presidenciales, y hay una lógica: tanta pinche división por nuestras visiones políticas, solo podía ser sanada por otra colectividad eufórica —y a la vez neurótica—, como la que nos ofrece la selección. Los políticos nos tienen hasta la madre mientras Javier Hernández se convierte en meme; ya podría dar conferencias motivacionales o hasta filosóficas para entender ¿por qué somos así los mexicanos?, y es que cuando uno ve a los alemanes romperse el alma hasta el último tiro libre para ganar un partido, entiendes que el futbol también es el reflejo de lo que somos, y los mexicanos, caminando por ese laberinto de la soledad, necesitamos explicarnos cosas.

Muchos mexicanos han pasado años ninguneando al Chícharo; ya sabes, “sus goles son de churro”, además pasó del Manchester United al Real Madrid, del Real Madrid al Bayer Leverkusen, y del Bayer Leverkusen al West Ham; y por ese nivel de transferencias les hacía pensar a esos (nunca he entendido el porqué) que el chícharo encarnaba perfectamente el concepto de “tronco” en el argot futbolístico, pero como por arte de magia, en el partido contra Corea, los mexicanos nos iluminamos y pudimos ver que en la biografía de Javier Hernández se escribe la del mejor goleador que ha dado este país después de Hugo Sánchez, la del máximo goleador de la selección mexicana, y la del máximo goleador mexicano en las copas del mundo —este último rubro lo alcanzó el sábado frente a Corea y empatar a Luis Hernández con 4 dianas—, y pos cómo no, si el Chícharo se imagina puras cosas chingonas.

¿Pero qué pasó en el partido contra Corea? Osorio traicionó su sistema rotativo y todo el país quedó más tranquilo. La alineación contra Corea fue prácticamente la misma, había que sumar de a tres y lo lograron. Carlos Vela marcó de penal y le dedicó el gol al abuelo que lo mira desde el cielo. El Chícharo marcó el segundo, mismo que representó su gol cincuenta con la selección. Rafa Márquez dio un susto del tamaño de su historia y Corea marcó un tanto que podría ser bastante doloroso si es necesario hacer uso de la diferencia de goles después de la tercera jornada del grupo. En este formato mundialista, los partido son cuánticos y se alargan hasta los otros juegos de los rivales. México había hecho lo que tenía que hacer y esperar que los suecos hicieran lo suyo.

El futbol da esos episodios épicos. Lo de Alemania fue impresionante, ese riflazo de último minuto les dio vida, y lo más probable es que la lógica ahora sí los acompañe. Y de este lado, del de México, viendo gestas heroicas en el terreno de juego, nos quedamos con las ganas de la comodidad, de tener un partido contra Suecia para pelear únicamente el primer lugar de grupo, pero no, habrá que luchar hasta la última bocanada de aire por la calificación, y ahí, es momento de encomendarnos a nuestro querido Javier Hernández para imaginarnos cosas… cosas chingonas.

Acto de fe

Para escribir de futbol hay que buscar el espacio, desmarcarse de los 90 minutos de lo que pasa en la cancha para encontrar el sentido a lo que se escribe. La frialdad de la mínima diferencia, el 1 a 0, condensa todo, momento en que purgamos todo nuestro pasado futbolístico.

El futbol es una máquina del tiempo, es una fantástica clase de historia. En 1978, México llevó al Mundial de Argentina a un “poderosísimo” equipo que despertaba la fe, pero después de tres partidos, el papel que hicieron quedó para el olvido. Alemania nos barrió en la primera fase 6-0. El estilo mexicano de asimilar las tragedias es único, antes le llamábamos chistes, en la actualidad usamos los memes.

Hace 40 años, Alemania nos metió 3 goles en el primer tiempo; al minuto 38, México cambió por lesión a su portero, Pilar Reyes; Pedro Soto, guardameta sustituto, bajó a los vestidores al finalizar el partido y le dijo a Reyes: ¡empatamos! Pilar saltó incrédulo, pero Soto remató: “Sí, tres goles te metieron a ti y tres a mí”, solo el sentido del humor anestesia esos momentos. En 1986 perdimos en propia tierra, nuevamente frente a los teutones, nos cansamos de fallar penales. En 1998 nuestra defensa fue blanda ante el poder ofensivo de Jürgen Klinsmann y Oliver Bierhoff, y para esas alturas, después de haber dado pequeñísimos pasos de mejoría en nuestro futbol, la psicología nacional sufría con el término del “ya merito”.

Siempre he dicho que Alemania se imagina una caja de bombones cuando se topa a México en una Copa del Mundo o alguna otra competición. Esta vez los bombones estaban envenenados. Apenas hace un año nos habían metido 4-1 en la Copa Confederaciones, y la Federación alemana mandó un tuit en diciembre, —después del sorteo para definir a los grupos en Rusia—, ninguneando el futuro partido, el que el domingo ganó la selección mexicana 1-0.

Juan Estaban Costaín escribe que el futbol es un acto de fe. Soy un tipo pesimista y mi cosmovisión se cimienta en pésimos escenarios que, dentro de todo, no pueden estar peor. “Eso es una visión optimista sobre el todo” me dijo una vez alguien, pensar que no se puede estar peor cuando sí se puede, es optimismo; y sí, desde ese punto de vista entiendo las cosas, entre ellas el futbol. Así que bueno, jugar futbol contra los alemanes podría ser una justificación de lo que la lógica nos dictaba; pero con fingida fe, no de la buena, aquella con que muchos entran arrodillados a la Basílica de Guadalupe, decía que a Alemania se le podía ganar —a veces es bueno ser políticamente correcto—, pero en el fondo, honestamente, creía que era imposible. Y como uno también tiene complejo de sabelotodo y a veces creemos que nuestros conocimientos futbolísticos están a la par de los de Pep Guardiola, ninguneaba al director nacional: “sus pinches rotaciones”; además que en vísperas del Mundial, los seleccionados se fueron de farra según una importantísima revista de chismes de la farándula, y en nuestra cabeza, donde la política y el futbol chocan, pensar lo peor es un hábito, pero ojo, lo peor no puede estar peor, así que había que decir que a los alemanes se les podía ganar aunque creyéramos lo contrario. La lengua y la mente son naturalmente cosas opuestas, aunque los psicoanalistas digan lo contrario.

Juan Villoro escribe en ‘Dios es redondo’: “si hubiera un campeonato mundial de aficiones de futbol, una final posible sería México – Escocia. Se trata de países que nunca han tenido protagonismo internacional y quizá por ello han buscado el placer compensatorio de llenar estadios”. Los mexicanos somos únicos para el desmadre, y seamos honestos, eso nos llena de orgullo. Luis Roberto Álvez “Zague” difuminó la tensión en la afición mexicana ante la incierta participación en el Mundial, llevamos casi una semana hablando sobre el video que se viralizó donde el ex jugador muestra al mundo “como la tiene” por alguien; en la era digital, grabarse así es un deporte de alto riesgo, pero Zague fungió sin querer como psicólogo nacional: “la tengo como Zague” gritaba la afición mexicana en Rusia; “Alemania ya lo sabe, le toca la de Zague” sentenciaba un grupo de mirreyes, con la playera Adidas de la selección y cerveza en mano por las calles de Moscú. Un deporte tan machista se sujetaba del falo como mis tías se sujetan del rosario para esperar cosas buenas.

“Porque soy mexicano…” decía un meme con la foto de Guillermo del Toro para justificar nuestros desmadres. Los mexicanos no solo somos buenos para ir por las calles del mundo ebrios con sombreros de charros, sino también somos buenos sociólogos, antropólogos, psicólogos: con sonrisa irónica, esa que justifica la estupidez, recordamos que un mexicano orinó la llama eterna en el arco del triunfo en Francia en 1998; otro detuvo el tren al activar la palanca de emergencia en Corea – Japón 2002 después décadas, y otro se suicidó aventándose de un crucero en Brasil 2014; pero más allá de eso, hemos hecho del meme (y por ende, del mame) un estilo único para explicarlo todo, así pues que, tanto en llenar estadios como mamar con memes, podríamos ser potencia mundial; unas 10 veces vi la imagen el día de ayer que decía: “no teníamos memes preparados por si México ganaba” después del 1-0 ante Alemania.

Bueno pues, pero ¿qué pasó en el partido?… “le apretamos todos los botones a lo pendejo” decía otro meme. “Los dos paradones del año” —la imagen muestra a Paco Memo sacando le balón del ángulo y a Zague frente a un espejo en tremendo acto narcisista—. Ocupémonos de lo importante: “Alemania iba arriba en las encuestas”, “Osorio iba convertir a México en la selección de Venezuela y salió más cabrón que los alemanes”. Todo tiene que ser entendido a través de  la épica batalla que dio nuestra selección el domingo, donde jugaron como nunca y ganaron, también, como nunca —de pronto comenzamos a modificar el arsenal de frases que tenemos cada cuatro años para explicar el papel de nuestra selección—.

Bueno ya, ¿qué chingados pasó en el partido? Debo confesar que lo vi a medias, y tuve la suerte de verlo con un grupo de alemanes. El sol difuminaba la imagen que proyectaba el cañón sobre una pared, así que ni en la repetición pude ver bien si Ochoa sacó el balón o si había pegado directamente en el poste. Entre los gritos de chingo de mexicanos trataba de ver desde lejos quién había metido el gol. Para ver mejor el encuentro, puse en mi computadora la trasmisión por “blue to go”, pero esta iba con un minuto de retraso, así que primero escuchaba los gritos de doscientas personas y después pasaba la escena en mi computadora. El partido tuvo un resultado histórico y a la vez, Rafa Márquez refrendó la misma etiqueta con la que terminó el partido: la de histórico; el mediocampista mexicano pasó a sentarse al lado de la Tota Carbajal y Lothar Matthäus, al jugar su quinto mundial. En los últimos cinco minutos nos apedrearon el rancho, y los fantasmas del pasado merodeaban, pero el desempeño futbolístico en la defensa, fue el mejor en la historia de México en los mundiales. Acabó el partido y fui al refugio colectivo que son las redes sociales para expresar lo que nuestra mente genera de manera instantánea: la imagen de una mujer se hacía viral apenas minutos después: “no mames” se leía en su labios con el rostro eufórico… y es que sí, “no mames”, qué cosas pone la gente en sus redes: “uno de los mejores días de mi vida” escribió alguien (¿te cae?, pensé); “ya solo falta ganarle a ya sabes quién” (¿es neta?); una foto de Ricardo Anaya con la mirada perdida al lado de Manuel Negrete dando un grito, explicaba cosas, según otros.

México ganó y a Nachito —un niño de 10 años, fanático que se sabe todos los nombres y todos los países de quienes disputan el mundial—, le dije: “a tu edad, yo no veía esto, disfrútalo por favor”.  Mientras otros muchos, sin poder creer lo que había pasado, buscaban la explicación de lo sucedido, y en eso apareció una señora dándole la bendición a través de la televisión a todos los seleccionados en el momento del himno; y México ganó… Bien dice Costaín, el futbol es una acto de fe.

Chícharo, una marca rentable

*Escrito en septiembre de 2014, cuando se anunció la contratación de Javier Hernández para el Real Madrid.

Javier Hernández lleva 4 años en la élite del futbol. Cuando hablamos de él, no sólo se habla de un futbolista; también hablamos de una marca. El futbol como industria encontró en el chícharo un producto rentable. La personalidad del jugador, su carisma y su calidad futbolística, en combinación con su extraño apodo de leguminosa y su número 14 en la espalda, hicieron sonar las cajas registradoras de las tiendas departamentales vendiendo su playera del ManU.

Los dos chícharos, el futbolista y el producto… Ambos son rentables. En la cancha, Javier Hernández ha cumplido con goles. Quizá no termina por llenar el ojo de sus entrenadores, pero eso va más allá de su calidad futbolística. Sus goles hablan por él. Con pocos minutos en 4 años en el club inglés marcó 59 veces; cada 130 minutos anotaba un gol. Nada mal. No todos pueden ser Messi.  El Chícharo es un hombre de área, un 9 natural que está en un terreno de juego para empujar las bolas dentro del marco.

Ante la crisis por la que atraviesa el United, El Chícharo terminó estorbando al actual cuerpo técnico. Algo había que hacer con este buen muchacho. Después del mundial, vinieron dos meses de especulación en torno a su futuro. Su destino parecía ser Italia o algún otro club inglés. Hernández no dio su brazo a torcer. A escasas horas de que terminara el mercado de verano de las ligas europeas, se dio la noticia: Javier Hernández sería cedido al actual campeón de Europa, el Real Madrid.

¿Es el Madrid el club exacto para Javier Hernández? La pura contratación calló las bocas de sus críticos. Algunos, peyorativamente, le pronosticaban su pronto regreso al balompié mexicano. “Chivas lo necesita más que nunca” decían algunos. El hecho de llegar al Madrid lo posiciona como una figura vigente en un futbol de rápida caducidad. Su arribo al Madrid, refrendará su papel protagónico dentro del cuadro nacional mexicano. De la incertidumbre pasó a entrenar a lado de Cristiano Ronaldo y un cúmulo de extraordinarios jugadores. La duda sigue siendo si es el Madrid el club exacto para Hernández. La banca sigue siendo el pronóstico que se le augura.

El Madrid apostó por el chícharo, pensando también en el marketing. Hernández  podrá no acumular minutos en el terreno de juego pero será gancho para la alta venta de playeras. El número 14 del mexicano en el jersey merengue, se venderá por no menos de 100 dólares en las tiendas deportivas. El marketing deportivo del Madrid apostó a un producto rentable. Quizá seguirá siendo el refuerzo de lujo como lo fue durante los 4 años que defendió la playera de los red devils. Pero su transferencia a este club confirma algo: este jugador tiene estrella, logra sobrevivir en los momentos de crisis, sale a flote cuando la presión lo pone contra las cuerdas; pasó de pronto del desahucie futbolístico dentro del futbol europeo a vestir la playera blanca del Madrid.  La gran apuesta que tendrá, es ganarse minutos en un cuadro donde los egos y el valor monetario de las transferencias pesan más que la eficacia de un jugador. En fin… Que la fuerza lo acompañe; deseo ver pronto que El Chícharo la rompe en España, ¡que venga el gran despertar de este crack!

La “civilización” del futbol

Marzo 2016

Una de las escenas más hermosas en una tribuna, consistía en ver el graderío cubierto con las banderas de un equipo que acaba de anotar un gol. Miles de aficionados estallaban bajo el ondear de los confalones. En los años noventa, todavía podías entrar al estadio con los palos de las banderas, hoy te lo retiran al entrar. La violencia en las gradas siempre ha existido, pero se concebía de manera diferente. Hace 20 años nada de tribunas para equipos visitantes, nada de estar separados por rejas; de hecho, los noventas fue el inicio del fenómeno de las barras bravas que radicalizaron las peleas en las graderías.

El futbol mexicano se ha hecho de protocolos. ¿cómo empezaba la emoción de un partido de futbol en los noventa? La oncena salía corriendo del túnel ante el grito ensordecedor de su afición; en media cancha saludaban a los hinchas levantando los brazos. Luego venía la foto donde se colaban niños, porristas, la mascota y los recogebalones. Todo cambio; ahora los equipos salen formados muy al estilo europeo; primeramente van los árbitros que toman el balón de un pedestal,  posteriormente vienen los capitanes. Se escucha el himno de la liga mx y luego vienen los saludos obligatorios, privilegiando el fairplay. Imagínense bajo este contexto de “civilización” a la fantástica oncena del Toros Neza saliendo a jugar con máscaras puestas o pintados del cabello de mil colores.

Los boletos de futbol tenían un encanto. Hace 20 años no se usaban los sistema de boletaje por cómputo. Cada 15 días, el club imprimía un boleto con una foto diferente de un jugador, eran hechos en offset y el municipio les ponía un sello atrás. Muchos fanáticos lo coleccionaban. En el museo de las Chivas que está en el estadio Omnilife, un aficionado donó una amplia colección de 550 boletos de los partidos del Rebaño que cubre gran parte de partidos entre los  años ochenta y noventa. No sé en otras plazas, pero en Querétaro apenas hasta hace unas temporadas, comenzaron con los abonos… ¿Quién se iba a imaginar que ibas a poder comprar todos los boletos de la temporada?

Para hablar de la civilización de futbol, pondré como ejemplo a Querétaro y parte de su historia futbolística. Atletas Campesinos fue un equipo que ascendió en el año de 1980 (según información que acabo de “guglear”) y se convirtió en el primer equipo queretano en jugar en el máximo circuito. Hoy ir las instalaciones del Estadio Municipal me hacen pensar en ese mítico equipo al que nunca vi jugar (yo todavía ni nacía cuando ascendieron y apenas duraron dos temporadas); sin embargo, ver las diminutas instalaciones del Municipal comparadas con todo lo que hoy rodea al futbol en Querétaro, hablamos de la dignísima edad de piedra en el balompié local. Parte de la actual civilización del futbol tiene que ver con los intereses económicos; Atletas Campesinos fue sancionado por la Federación por portar publicidad en su uniforme, de hecho, se convirtió en el primer equipo en hacerlo.

El estadio Corregidora no es un estadio moderno pero tampoco es la Bombonera de Toluca. Cuando hablábamos del Coloso del Cimatario, siempre pensábamos en una capacidad de 45 mil aficionados. ¿Quién se inventó esta cifra? Wikipedia dice que le caben 35, 575 aficionados. Hay que analizar que los espacios dentro del Corregidora se redujeron por la instalación de butacas de plástico. Primero fue en la tribuna lateral, atrás de las bancas, donde se instalaron butacas azules donde se le “GALLOS”; así inauguraron la zona VIP, donde pagabas caro y había meseros que te ofrecían otra cosa más que cerveza. Qué hermoso a de haber sido ver jugar a Atletas Campesinos en el municipal. Me imagino que la máximo expresión de euforia en aquellos ayeres era la clásica porra familiar con tambora que gritaban todo el partido “a la bio, a la bao, a la bim bo ba, atletas, atletas, ra ra raaaaaaaaa” acompañada del sonar de las matracas. Nada que ver ahora con  el canto “a los putos del atlas” y cientos de cantos más que entona La Resistencia.

La administración del gobernador Calzada (2009-2015) completó la instalación de butacas en lo que faltaba del estadio; esto fue con motivo del mundial sub 17 que se jugó en 2011. FIFA exigía butacas de plástico que se pudieran numerar. La numeración de butacas es otra manifestación de civilización en el futbol, hoy los sistemas de boletajes te dan oportunidad de escoger dónde te quieres sentar; como en el cine y en la mayoría de los espectáculos. Antes el corregidora era un amole de concreto, que en los partidos espectaculares, el pasillo de preferente se llenara de aficionados que no alcanzaban lugar para sentarse por la sobreventa de boletos.

Yo alguna vez lancé bombas de humo al terreno de juego, lo recuerdo bien, fue en un Querétaro vs Chivas a principios de los noventa, en esos partido que se jugaban los domingos a las 12 del día ante la inclemencia del sol. En aquellas épocas, una bomba de humo era una inocentada. Hoy la polvora en una tribuna trae consigo toda clase de connotaciones. En el futbol mexicano se insistió en quitar las vallas metálicas que dividían el campo de la afición; la federación estaba dispuesta a correr los riesgos y ha sido una apuesta exitosa. El máximo problema que se ha dado fue en Morelia, en aquella semifinal donde el Chaco se agarró a gopes con un espectador. ¿Cuándo ibas a poder ver calentar  tan cerca Ronaldino? La percepción del futbol sin vayas es otra. Los niños se acercan a sus ídolos y no falta que algún futbolista les regales su playera al finalizar el partido. Hoy, cada que estoy en los límites del campo desde la tribuna, siento que mi sueño de meterme corriendo de espontáneo está más cerca.

El estadio Corregidora albergó la final de 1985 entre Pumas y América después de que alargaron la serie a un tercer partido. El América con la ayuda arbitral. Ese no es el punto. En esos año no existía un protocolo de premiación. Cuando el América le gana a Pumas, la copa es recibida por Alfredo Tena entre una marabunta de periodistas. Así sin más, los americanistas corrieron a dar la tradicional vuelta olímpica. Vuelvo a los protocolos; imagínense que vergonzoso ha de haber sido para el Cruz Azul estar parado a mitad del campo para recibir su trofeo de subcamepón después de que el América les empatar una partido imposible, en mayo de 2013 y luego le ganara en la tanda de penales. Ahora el protocolo exige una ceremonia donde el perdedor recibe su premio de consolación, pienso que es un tanto inútil es estar parado ahí, cuando quieres irte al vestidor a purgar la derrota.

En los noventas, el futbol no perdía su esencia de ser silvestre. Hoy es casi imposible ver una pelea campal en un campo de futbol profesional. Hace 30 años los equipos todavía alcanzaban a conservar el espíritu del llano. Existía esa pasión irracional por los colores de una playera. América y Chivas participaron en dos grescas monumentales, y más allá de las peleas, los futbolistas de antes mostraban un alma muy diferente al jugar la pelota. Los ídolos de antes eran guerreros no metrosexuales. Eran jugadores un tanto bofos que metían la pierna sin miedo a dejar ahí tibia y peroné. Ahora son atletas de alto rendimiento que se cuidan de más. Obviamente se festeja el cese de la violencia, aunque en las tribunas no se haya dado ese paso, y las pasiones se sigan desbordando de forma absurda. El fenómeno de masas toma diferentes matices al paso de los años, pero siempre ha sido digno de estudio.

El futbol visto como una industria ha civilizado sus formas. Todo converge en eso, en un modelo de negocio hiperentable. Transmisiones, patrocinios, publicidad y marketing. Para los fanáticos, la formas de ver futbol, han cambiado. El futbol europeo nos llega de manera más fácil en comparación con hace 20 años. Las transmisiones de Champions League potencializaron su raiting. La manera de estar en un estadio y el modo como la tecnología invade nuestra vidas, nos hacen entender al balompié de forma diferente. La civilización del futbol en México es una réplica de lo que se vive en los estadio en Europa (toda proporción guardada); Faltaría ver que un día dejen de vender cerveza en el estadio. La evolución de nuestro futbol va desde los torneos anuales de otoño a verano que hacían campeón al primer lugar de la table, luego vino la liguilla y su clasificación por grupos, luego vinieron los torneos cortos y ahora, la desaparición de los grupos. Como de igual forma, el cariño de las grandes aficiones se construyó en la generación de nuestros padres, y que muchos adquirimos por herencia; porque hoy los campeones semestrales, la nuevas potencias de provincia, les resultará imposible crear grandes pasiones como  las crearon Chivas, Amércia, Pumas y Cruz Azul.

Leicester, el talento emana del corazón

*Escrito en mayo de 2016, después de que el Leicester City ganó la Premier League

Apunto… Escribo en carácter de villamelón; apenas hace unos meses tomé conciencia de la existencia de este equipo: Leicester City. Su actual conquista del título es un portento digno de guión cinematográfico. Su 132 años de espera para redactar tal epopeya, no se comparan con los 500 que tuvo que esperar el Rey Ricardo III para recibir cristiana sepultura; y es que los restos del rey, encontrados 4 años en un estacionamiento de la ciudad de Leicester, fueron depositados en la basílica de la misma ciudad el año pasado, momento en que la historia del club comenzó a cambiar.

La historia de Ricardo III y el Leicester convergieron en época moderna. La conquista del trofeo pareció ser la promesa de un rey, que descansa con la majestuosidad que le fue negada por 5 siglos. Es que después de perder el trono frente a Enrique Turdor, El rey Ricardo fue mandado al basurero de la historia. En su obra ‘The Life and Death of King Richard III’ Shakespeare lo describe de manera deplorable. Después de 530 años,  en marzo del año pasado,  la corona inglesa le rindió homenaje y le reconoció la defensa de su fe cristiana y su valor en los momento difíciles, como de igual manera, los sinsabores en la historia del Leicester Footbal Club quedaron reducidos ante la hazaña conseguida en la actual temporada.

Un pequeño ejército de modestos jugadores; comandados por Claudio Ranieri, un tipo con visión estratégica, capaz de hablar el lenguaje del corazón; lograron ser los mejores de todos; algo que ni el mismísimo Liverpool ha podido lograr en 24 años desde que se creo la Liga Premier; y aclaro, el futbol inglés es una obra de arte que disfruto sin involucrar algún tipo de cariño hacía un equipo; más bien, tengo sentimientos híbridos hacia sus protagonistas de siempre. La Premier League se ha convertido en la última década, en el futbol más competitivo del planeta. Era perfecta hasta que Sky puso varios ceros después del dígito para obtener su exclusividad.  Cada jornada se convertía en una antología de buen futbol que no pudo resistir a los placeres del capitalismo; pero ahí siempre está el sitio de rojadirecta.com para apreciar 90 minutos de buen futbol.

El ocio y el déficit de atención convergen en Wikipedia. ¿Quién es este equipo que puso a temblar a las casas de apuestas? A penas 4 años antes, veían frustradas su aspiraciones por volver a jugar en la primera después de perder una seminal fallando un penal sobre el tiempo. En 2014 lograron ascender y el primer milagro sucedió un año después: la permanencia. Y es que en una liga donde los magnates árabes, rusos y norteamericanos abren la chequera sin tener un gramo de conciencia del hambre en el Africa subsahariana; mantenerse es una proeza cuando tu plantilla apenas rebaza los 55 millones de euros. En la temporada 2014 – 2015, el descenso parecía eminente cuando de 33 puntos disputados, apenas rescató 1 antes de finalizar la primera vuelta. Fue el último lugar durante 180 días, antes que la suerte o el espíritu del Rey Ricardo III, obraran a su favor. Después del entierro del Rey en la basílica de la ciudad; el Leicester ganó 6 de 7 partidos disputados, logrando así la milagrosa salvación.

En el año del título, el Leicester construye su propia leyenda. Ganaron por la estrategia en el campo y el talento que representa jugaron con el corazón. Sólo tuvieron 43% del tiempo el balón en su posición y de los 23 triunfos que obtuvieron, 14 los ganaron por la mínima diferencia; haciendo cada partido un sufrido capítulos para la conquista final. Sí, todos volteamos a ver al Leicester City cuando la broma se convirtió en serio, cuando las casas de apuestas negociaban con aquellos que los dejarían en banca rota en cuanto los foxes se hicieran campeons. El Leicester ha dado una cincelada gloriosa a su historia, construida a través de futbolistas que entienden indicaciones y aceleran a tope las palpitaciones del corazón al pelear cada pelota; el Leicester creará un nexo histórico entre su afición y sus jugadores leyenda, el volante galés Andy King ha sido campeón de tercera, segunda y primera división con el club, y su busto lucirá en alguno de sus pasillos. El Leicester se lleva hoy todo el honor, no por el título, sino por hacer aún más bello con este pasaje, al deporte más hermoso del mundo.

Maradona es más grande que Pelé

*Escrito en el mes de julio después la final de la Copa del Mundo de Brasil  2014

Los habitantes de este planeta no aprenderemos que a un partido de fútbol no podemos cargarle la historia. Desafortunadamente el fútbol no ha sido el sustituto de las guerras. Mientras el mundo se detiene para ver la final de la copa del mundo, Israel sigue con su infame ofensiva contra los palestinos. A veces pienso que un balón de fútbol podría ser la solución a los problemas de este mundo. Mientras Israel lucha por su tierra prometida, una que según les pertenece porque la biblia lo dice, el mundo se detuvo para ver el partido de la copa prometida. Alemanes y Argentinos, ambos en gran versión, tuvieron la capacidad de ponerse los ojos del mundo encima.

La jornada final del mundial tuvo como antesala el siempre desangelado partido por el tercer y cuarto lugar. El juego del sábado le puso punto final al fiasco brasileño. El 7-1 histórico que les propinaron los alemanes y bajo el contexto en el que se jugaba la copa del mundo, parecía ser el Apocalipsis del fútbol. Nos imaginábamos que Brasil sufriría ante la maquinaria teutona, pero jamás hubiéramos pensado que estuvieran hecho de tan poco tanto física y mentalmente. Lo que pasó en ese partido, fue la representación exacta de la forma como los brasileños perdieron en todos sentidos… Perdieron en lo económico, en lo social, en lo político. Ahora Brasil tiene estadios de lujo en medio de la desigualdad social que 3 gobiernos de izquierda sólo han maquillado.

La historia también juega en los mundiales. El Maracaná recibió en la final a dos naciones ingratas para el fútbol brasileño. La Alemania incómoda que apenas cinco días antes los había aplastado de manera inclemente y a Argentina… Qué decir de los argentinos si se paseaban por las calles y playas brasileñas cantando: “Brasil, decime qué se siente, tener en casa a tu papá…”. Nada podía ser peor para el futbol brasileño, que dentro de toda la pesadilla mundialista, los argentinos tuvieran la oportunidad de levantar la copa en el mítico Maracaná. ¿A quién le iría el brasileño herido en el orgullo? Esa era la pregunta.

Argentina se presentó en la cancha sin miedo alguno. Sabían lo que se jugaban… entre todo, también se jugaban la historia. La presión mediática sobre el mejor jugador del mundo se fue liberando mientras la copa del mundo corría y definía los partidos; más aún, cuando Messi comenzó a hacer lo suyo entre los defensas alemanes en el partido final. De pronto desconocimos a Argentina; ese equipo trabado, sin mucha idea que dependía de su número 10 no era el que le jugaba al “tú por tú” a los alemanes. Argentina funcionó bien gran parte del encuentro. Su cuestionada defensa no daba espacios a la poderosa Alemania. Su portero estaba concentrado bajo los tres palos. A Argentina le había bastado muy poco para llegar a esa instancia. Fue un equipo de garra y en los momentos decisivos metió el talento. En la final, se decidieron a jugar al futbol.

Alemania es un equipo que engrasa bien los engranes para funcionar en todas sus líneas. El partido más difícil lo tuvo hasta la final. No fue la Alemania eficiente y fría de los partidos anteriores. En momentos titubearon pero a la vez, no daban espacios. Se enfrentaron a un equipo Argentino embravecido; pero Alemania es Alemania. Tiene en todas sus líneas jugadores del tamaño del Maracaná. Tienen mentalidad, disciplina…  y como siempre, terminan ganando los partidos.

La Copa del Mundo se definió en tiempos extras. Alemania levantó su cuarta copa para confirmar esos datos chocantes que a veces da el fútbol. Cada veinticuatro años, un tricampeón logra la cuarta. A Messi le dieron un polémico balón de oro. Polémico por no haber logrado la hazaña de levantar la copa del mundo y más porque esta copa fue el escenario de otros grandes futbolistas. Hoy los argentinos podrán cantar sin miedos que Maradona es más grande que Pele… y quizá, que Messi también.

Messi es un drama

Junio de 2016, después de la derrota de Argentina vs Chile en la final de la Copa América

El futbol se construye a través de la épica, y si no hay derrota no existe la epopeya. La mejor forma de entender la naturaleza imperfecta de los dioses es frente a los 11 pasos. Messi se supo humano. Los grandes tienen derecho a mandar la pelota a la tribuna. La vida es el oficio de lidiar con la frustración y luchar contra los karmas, entonces, ¿a dónde vas campeón, si tienes como destino morirte en el intento?

Perder tiene un encanto, más cuando ganar es un hábito constante: te convierte en cualquier mortal después de una fatídica tanda de penales. Messi saca espuma por la boca, el peso de la frustración desata la digna rabia; Messi no es materia literaria para libro de superación personal, Messi escribe otra clase de historia, las mas bella jamás escrita en el balompié: el niño que quiere renunciar a un destino manifiesto desde que tenía 14 años; el niño que no crecía, el de las inyecciones, el de la abuela que lo mira desde el cielo, el de todos los records, el de la herida abierta vestido de albiceleste. Messi es el protagonista de un drama: el hombre que quiere dejar de luchar contra sus demonios.

Pero en el futbol sólo queda la posibilidad de la revancha y el consultorio del psicoanalista; por eso la renuncia es inaceptable, ésta solo es permitida de la zona mixta hasta el vestidor, donde el crack podrá destruir y dar patadas a lo que se encuentre; pero para confrontar a los demonios, Messi sólo tiene la cancha como escenario y los próximos 90 minutos para volverlo a intentar. Sí, Argentina es el talón su talón de Aquiles. La grandeza también se esculpe a través de la derrota, pero jamás de la renuncia.  Messi podrá quedarse a minutos de la gloria las veces que tenga que pasar, y quizá llegue a la senectud futbolística sin levantar nada con Argentina, pero no puede quedarse aplastado en el sofá de su casa viendo jugar a su selección, renunciando al 10 en la espalda.

Muchos queremos el final de ensueño para el crack argentino, pero la vida no es color de rosa, la vida  también es de penales fallados. Y quizá en el callo de las derrotas, se están construyendo la mejor prosa de este drama, en la que Messi, reivindica su papel en la historia y sobretodo el papel de Argentina en el futbol mundial.

La complejidad del darnos cuenta

*Colaboración para Tribuna de Querétaro / Enero 2017

Creo que lo que le pasa a este país es algo más complejo que los diagnósticos emitidos por cualquiera. Estamos ciclados en la matemática real de los egresos y los ingresos y en el análisis moral de un país saqueado por una clase política nefasta. ¿Cuánto tiempo llevamos en esta rueda que nos lleva siempre al mismo lugar?  Aquí, con todo y el furor y la aparente libertad que ofrecen las nuevas tecnologías de la información, seguimos sin darnos cuenta de lo que realmente sucede. Sí, las redes sociales han sido una trampa, solo han aumentado nuestro umbral al cinismo, cosa que no significa que seamos más conscientes del entorno y las formas en las que actuamos.

Esta realidad lastimosa es producto de un estado de inconsciencia. ¿Por qué a México siempre le pasa lo mismo? Por una parte tenemos la capacidad de ver mas no de darnos cuenta. México es un país extremadamente religioso mas no es un país espiritual. Y quiero separar una cosa de la otra. Quiero profundizar en el espíritu, en ese lugar donde no hay tiempo y no hay espacio, donde las fronteras que delimitan lo que parece real se difuminan, y es ahí donde tendría que venir ese despertar del que hablamos en las marchas.  Hablar del espíritu no es hablar de la moral, sino de la conciencia. “El pueblo consciente se une al contingente” “México está despertando”  grita la gente, se lee en las pancartas, y aquí entro en la paradoja del Sí y No. Defiendo nuestro derecho a marchar aunque mi pesimismo me dice que las marchas no cambian nada, pero mi optimismo me refrenda que es peor no salir a manifestarse. Sin embargo, más allá de la indignación, la que considero un privilegio poseerla, falta dar el gran salto para cambiar el destino de este país, y solo lo podremos dar con un profundo análisis introspectivo y de ahí preguntarnos ¿por qué este bendito país tiene las mismas maldiciones de siempre?

Pocos gozan del privilegio de la indignación, y ese ya es un gran paso, pero el saqueo es rapaz y el despertar es lento, y la ciencia de este embrollo es compleja. Es inconcebible que un puñado de gente ciega sea la que tome las decisiones y sea su voracidad la que esté acabando con todo. Los estamos viendo con esta aparente apertura comunicativa que representa el internet; si antes el modo de operar de la clase gobernante era la discreción para saquearlo todo, hoy estamos ante el cinismo descarado de los dirigentes de la nación.  El propio sistema ha creado las instituciones de transparencia y los órganos anti corrupción, y es desde ese aparente pero falso modelo democrático, donde se está construyendo la decadencia. Esto es increíble porque al verlo dejamos de ser víctimas para convertirnos en constructores de esta realidad.

La indignación es un privilegio porque es el punto de partida para darnos cuenta de las cosas.  Y la indignación va más allá de las manifestaciones públicas y obviamente no tiene nada que ver con escenarios de violencia. La indignación puede llevar la mente inconsciente  a un estado de conciencia, ese tendría que ser el gran despertar para bajarnos de la rueda. El gran lastre de este país es esa visión reducidísima de quienes ejercen el poder y que solo buscan el privilegio individual por encima del bienestar colectivo; la vida cíclica de México que ha desatado una corrupción a niveles exorbitantes.

La gran trama nacional está en esa complejidad de darnos cuenta, de tomar conciencia de aquello que no hemos logrado ver. Pero qué es esa incógnita si estamos viendo la manera en que día a día se lo están acabando todo;  vemos la manera grotesca como los gobernadores saquean a sus estados, vemos la comodidad de nuestros legisladores que operan para intereses particulares, vemos el hambre y la miseria de otros,  vemos el crimen; entonces qué más necesitamos para cambiar esta realidad, si se supone la estamos viendo. Encontrar ese falso punto de referencia que nos ancla a nuestro individualismo sin sentido es el gran despertar, disolver ese estado es la forma como  seremos conscientes  para formar una colectividad y así poder transformar el destino de las cosas. Esperanza y su gran realidad, es mi deseo para un país que merece mejores cosas.

 

Rocky Balboa

En mi vida he visto no más de cinco películas de arte, ya con eso tengo para poder entablar una conversación cuando me encuentro con algún erudito del cine; esos que les gustan las películas raras que presumen 8 premios de diferentes festivales, donde el protagonista habla dos veces en todo el guión, o donde los protagonistas se tardan 30 minutos en desayunar sin decirse una palabra o donde ves a alguien caminar de un punto a otro en 20 minutos.

Nunca falla decir dos o tres frasecitas que parezcan inteligentes con aquellos cinéfilos para que te compren de que “sabes” de cine. Siempre conviene decir una frase y después desmarcarte para evitar cuestionamientos mayores, por ejemplo dices: “Carlos Reygadas  manifiesta la complejidad de la vida humana en su película de Japón, toca nervios que te hacen cuestionarte cómo quieres terminar tu vida”… En ese momento te paras al baño y cuando te diriges hacia allá, les dices caminando, “podría ver Japón mil veces”. Cuando regresas a la mesa o al grupo con quien hablabas, cambias el tema para hablar de fútbol empezando la conversación diciendo “¿Sabían que Borges odiaba el fútbol?”. Todo un cliché intelectual, haciendo como si supieras de lo que no tienes puta idea. Esto me funciona desde que voy en la secundaria.

Bueno, ya. Quiero hablar de Rocky Balboa. Sí, soy fanático de esta saga cinematográfica emblema del cine mas comercial y holiwodense,  Rocky y Rocky II podría verlas mil veces, cosa que no haría con Japón de Reygadas.  Cuando tenía 5 ó 6 años de edad (quizá más) mi papá nos despertaba los domingos a mis hermanos y a mí con “Gonna Fly now”, aquella música de Bill Conti que le dio alma y esencia a las películas de Rocky.

Crecí viendo estás películas de Stallone.  Las veía con mentalidad de niño. A mis 34 sigo teniendo miedo de que el final de Rocky II de pronto sea otro y  Apolo Creed fuese el que logra levantarse de la lona y no Balboa.  Rocky III sin duda es rescatada por Survivor y Eye of the tiger.

Los comunistas no se podían salvar de la garra y valentía de Balboa. La película IV salió en 1985, yo tenía 4 años de edad y era educado en la fe católica. Eso del comunismo era cosa del diablo así que no había enemigos más peligrosos que los soviéticos. Si hubiera visto  por primera vez esta película a los 20 años, cuando había leído la biografía del Che Guevara y había creado un mini acervo ideológico de izquierda, quizá hubiera deseado que Ivan Drago  destrozara a Balboa en el ring. Afortunadamente mi cariño hacia Balboa siempre fue más fuerte que el acervo socialista acumulado a mis 20 años.

Rocky V, qué decir… la vi en un cine loca de mi ciudad (Gemelos Plaza de las Américas) cuando yo tenía 11 años de edad, fue la primer película de la serie que vi en el cine. A esa edad todo se me hacía perfecto. Obvio cuando crecí y fui analizando toda la historia me pregunté el por qué haberle dado en la madre de forma tan triste a la vida de Rocky. ¿Era digno que el gran Rocky Balboa terminara su historia peleando de forma vulgar a fuera de un bar? ¿Tony Gun era un rival digno de Balboa, después de haberle ganado a grandes como Creed, Clubber Lang e Ivan Drago?  A este último en suelo ruso frente a los políticos socialistas. ¿En qué estaba pensando Silvester Stallone para hacer tal aberración? En fin, los fanáticos de Rocky nos quedamos esperando 16 años para que Stallone pudiera reivindicar la historia con una última película; mientras no nos quedaba de otra que ver sus legendarias películas.

Rocky Balboa, la sexta y última película de la saga… Mi papá había muerto en octubre de 2006. La película la vi un sábado de enero del año siguiente. Fui al cine sólo, con ganas de encontrarme con la nostalgia. Me compré unas palomitas, un Coca y entre a la sala. Las luces se apagaron, pasaron los comerciales de siempre,  y de pronto apareció en pantalla el clásico león gruñendo de Metro Goldwin Mayor, después, las letras de ROCKY BALBOA en color dorado recorren la pantalla con la clásica música de Conti. Les voy a confesar que comencé a llorar ¿Quién llora viendo Rocky? ¿Estaba viendo a caso un versión remasterizada de Nosotros los Pobres con Pedro Infante? No. Era Rocky Balboa, en una última película, y con ella me venía el recuerdo de cuando mi papá nos levantaba con la maravillosa música de la película.

Rocky Balboa, la sexta y última (esperemos que así sea) de la saga, fue una reivindicación total del personaje.  Fue la forma más decorosa de darle dignidad al que por su influencia en el mundo del boxeo entró al salón de la fama siendo un personaje de ficción.  De algo estoy seguro, un día visitaré Filadelfia, subiré corriendo las Escaleras del Museo de Arte y creo, que estando ahí, me volverán a dar ganas de llorar.