La “civilización” del futbol

Marzo 2016

Una de las escenas más hermosas en una tribuna, consistía en ver el graderío cubierto con las banderas de un equipo que acaba de anotar un gol. Miles de aficionados estallaban bajo el ondear de los confalones. En los años noventa, todavía podías entrar al estadio con los palos de las banderas, hoy te lo retiran al entrar. La violencia en las gradas siempre ha existido, pero se concebía de manera diferente. Hace 20 años nada de tribunas para equipos visitantes, nada de estar separados por rejas; de hecho, los noventas fue el inicio del fenómeno de las barras bravas que radicalizaron las peleas en las graderías.

El futbol mexicano se ha hecho de protocolos. ¿cómo empezaba la emoción de un partido de futbol en los noventa? La oncena salía corriendo del túnel ante el grito ensordecedor de su afición; en media cancha saludaban a los hinchas levantando los brazos. Luego venía la foto donde se colaban niños, porristas, la mascota y los recogebalones. Todo cambio; ahora los equipos salen formados muy al estilo europeo; primeramente van los árbitros que toman el balón de un pedestal,  posteriormente vienen los capitanes. Se escucha el himno de la liga mx y luego vienen los saludos obligatorios, privilegiando el fairplay. Imagínense bajo este contexto de “civilización” a la fantástica oncena del Toros Neza saliendo a jugar con máscaras puestas o pintados del cabello de mil colores.

Los boletos de futbol tenían un encanto. Hace 20 años no se usaban los sistema de boletaje por cómputo. Cada 15 días, el club imprimía un boleto con una foto diferente de un jugador, eran hechos en offset y el municipio les ponía un sello atrás. Muchos fanáticos lo coleccionaban. En el museo de las Chivas que está en el estadio Omnilife, un aficionado donó una amplia colección de 550 boletos de los partidos del Rebaño que cubre gran parte de partidos entre los  años ochenta y noventa. No sé en otras plazas, pero en Querétaro apenas hasta hace unas temporadas, comenzaron con los abonos… ¿Quién se iba a imaginar que ibas a poder comprar todos los boletos de la temporada?

Para hablar de la civilización de futbol, pondré como ejemplo a Querétaro y parte de su historia futbolística. Atletas Campesinos fue un equipo que ascendió en el año de 1980 (según información que acabo de “guglear”) y se convirtió en el primer equipo queretano en jugar en el máximo circuito. Hoy ir las instalaciones del Estadio Municipal me hacen pensar en ese mítico equipo al que nunca vi jugar (yo todavía ni nacía cuando ascendieron y apenas duraron dos temporadas); sin embargo, ver las diminutas instalaciones del Municipal comparadas con todo lo que hoy rodea al futbol en Querétaro, hablamos de la dignísima edad de piedra en el balompié local. Parte de la actual civilización del futbol tiene que ver con los intereses económicos; Atletas Campesinos fue sancionado por la Federación por portar publicidad en su uniforme, de hecho, se convirtió en el primer equipo en hacerlo.

El estadio Corregidora no es un estadio moderno pero tampoco es la Bombonera de Toluca. Cuando hablábamos del Coloso del Cimatario, siempre pensábamos en una capacidad de 45 mil aficionados. ¿Quién se inventó esta cifra? Wikipedia dice que le caben 35, 575 aficionados. Hay que analizar que los espacios dentro del Corregidora se redujeron por la instalación de butacas de plástico. Primero fue en la tribuna lateral, atrás de las bancas, donde se instalaron butacas azules donde se le “GALLOS”; así inauguraron la zona VIP, donde pagabas caro y había meseros que te ofrecían otra cosa más que cerveza. Qué hermoso a de haber sido ver jugar a Atletas Campesinos en el municipal. Me imagino que la máximo expresión de euforia en aquellos ayeres era la clásica porra familiar con tambora que gritaban todo el partido “a la bio, a la bao, a la bim bo ba, atletas, atletas, ra ra raaaaaaaaa” acompañada del sonar de las matracas. Nada que ver ahora con  el canto “a los putos del atlas” y cientos de cantos más que entona La Resistencia.

La administración del gobernador Calzada (2009-2015) completó la instalación de butacas en lo que faltaba del estadio; esto fue con motivo del mundial sub 17 que se jugó en 2011. FIFA exigía butacas de plástico que se pudieran numerar. La numeración de butacas es otra manifestación de civilización en el futbol, hoy los sistemas de boletajes te dan oportunidad de escoger dónde te quieres sentar; como en el cine y en la mayoría de los espectáculos. Antes el corregidora era un amole de concreto, que en los partidos espectaculares, el pasillo de preferente se llenara de aficionados que no alcanzaban lugar para sentarse por la sobreventa de boletos.

Yo alguna vez lancé bombas de humo al terreno de juego, lo recuerdo bien, fue en un Querétaro vs Chivas a principios de los noventa, en esos partido que se jugaban los domingos a las 12 del día ante la inclemencia del sol. En aquellas épocas, una bomba de humo era una inocentada. Hoy la polvora en una tribuna trae consigo toda clase de connotaciones. En el futbol mexicano se insistió en quitar las vallas metálicas que dividían el campo de la afición; la federación estaba dispuesta a correr los riesgos y ha sido una apuesta exitosa. El máximo problema que se ha dado fue en Morelia, en aquella semifinal donde el Chaco se agarró a gopes con un espectador. ¿Cuándo ibas a poder ver calentar  tan cerca Ronaldino? La percepción del futbol sin vayas es otra. Los niños se acercan a sus ídolos y no falta que algún futbolista les regales su playera al finalizar el partido. Hoy, cada que estoy en los límites del campo desde la tribuna, siento que mi sueño de meterme corriendo de espontáneo está más cerca.

El estadio Corregidora albergó la final de 1985 entre Pumas y América después de que alargaron la serie a un tercer partido. El América con la ayuda arbitral. Ese no es el punto. En esos año no existía un protocolo de premiación. Cuando el América le gana a Pumas, la copa es recibida por Alfredo Tena entre una marabunta de periodistas. Así sin más, los americanistas corrieron a dar la tradicional vuelta olímpica. Vuelvo a los protocolos; imagínense que vergonzoso ha de haber sido para el Cruz Azul estar parado a mitad del campo para recibir su trofeo de subcamepón después de que el América les empatar una partido imposible, en mayo de 2013 y luego le ganara en la tanda de penales. Ahora el protocolo exige una ceremonia donde el perdedor recibe su premio de consolación, pienso que es un tanto inútil es estar parado ahí, cuando quieres irte al vestidor a purgar la derrota.

En los noventas, el futbol no perdía su esencia de ser silvestre. Hoy es casi imposible ver una pelea campal en un campo de futbol profesional. Hace 30 años los equipos todavía alcanzaban a conservar el espíritu del llano. Existía esa pasión irracional por los colores de una playera. América y Chivas participaron en dos grescas monumentales, y más allá de las peleas, los futbolistas de antes mostraban un alma muy diferente al jugar la pelota. Los ídolos de antes eran guerreros no metrosexuales. Eran jugadores un tanto bofos que metían la pierna sin miedo a dejar ahí tibia y peroné. Ahora son atletas de alto rendimiento que se cuidan de más. Obviamente se festeja el cese de la violencia, aunque en las tribunas no se haya dado ese paso, y las pasiones se sigan desbordando de forma absurda. El fenómeno de masas toma diferentes matices al paso de los años, pero siempre ha sido digno de estudio.

El futbol visto como una industria ha civilizado sus formas. Todo converge en eso, en un modelo de negocio hiperentable. Transmisiones, patrocinios, publicidad y marketing. Para los fanáticos, la formas de ver futbol, han cambiado. El futbol europeo nos llega de manera más fácil en comparación con hace 20 años. Las transmisiones de Champions League potencializaron su raiting. La manera de estar en un estadio y el modo como la tecnología invade nuestra vidas, nos hacen entender al balompié de forma diferente. La civilización del futbol en México es una réplica de lo que se vive en los estadio en Europa (toda proporción guardada); Faltaría ver que un día dejen de vender cerveza en el estadio. La evolución de nuestro futbol va desde los torneos anuales de otoño a verano que hacían campeón al primer lugar de la table, luego vino la liguilla y su clasificación por grupos, luego vinieron los torneos cortos y ahora, la desaparición de los grupos. Como de igual forma, el cariño de las grandes aficiones se construyó en la generación de nuestros padres, y que muchos adquirimos por herencia; porque hoy los campeones semestrales, la nuevas potencias de provincia, les resultará imposible crear grandes pasiones como  las crearon Chivas, Amércia, Pumas y Cruz Azul.

Leicester, el talento emana del corazón

*Escrito en mayo de 2016, después de que el Leicester City ganó la Premier League

Apunto… Escribo en carácter de villamelón; apenas hace unos meses tomé conciencia de la existencia de este equipo: Leicester City. Su actual conquista del título es un portento digno de guión cinematográfico. Su 132 años de espera para redactar tal epopeya, no se comparan con los 500 que tuvo que esperar el Rey Ricardo III para recibir cristiana sepultura; y es que los restos del rey, encontrados 4 años en un estacionamiento de la ciudad de Leicester, fueron depositados en la basílica de la misma ciudad el año pasado, momento en que la historia del club comenzó a cambiar.

La historia de Ricardo III y el Leicester convergieron en época moderna. La conquista del trofeo pareció ser la promesa de un rey, que descansa con la majestuosidad que le fue negada por 5 siglos. Es que después de perder el trono frente a Enrique Turdor, El rey Ricardo fue mandado al basurero de la historia. En su obra ‘The Life and Death of King Richard III’ Shakespeare lo describe de manera deplorable. Después de 530 años,  en marzo del año pasado,  la corona inglesa le rindió homenaje y le reconoció la defensa de su fe cristiana y su valor en los momento difíciles, como de igual manera, los sinsabores en la historia del Leicester Footbal Club quedaron reducidos ante la hazaña conseguida en la actual temporada.

Un pequeño ejército de modestos jugadores; comandados por Claudio Ranieri, un tipo con visión estratégica, capaz de hablar el lenguaje del corazón; lograron ser los mejores de todos; algo que ni el mismísimo Liverpool ha podido lograr en 24 años desde que se creo la Liga Premier; y aclaro, el futbol inglés es una obra de arte que disfruto sin involucrar algún tipo de cariño hacía un equipo; más bien, tengo sentimientos híbridos hacia sus protagonistas de siempre. La Premier League se ha convertido en la última década, en el futbol más competitivo del planeta. Era perfecta hasta que Sky puso varios ceros después del dígito para obtener su exclusividad.  Cada jornada se convertía en una antología de buen futbol que no pudo resistir a los placeres del capitalismo; pero ahí siempre está el sitio de rojadirecta.com para apreciar 90 minutos de buen futbol.

El ocio y el déficit de atención convergen en Wikipedia. ¿Quién es este equipo que puso a temblar a las casas de apuestas? A penas 4 años antes, veían frustradas su aspiraciones por volver a jugar en la primera después de perder una seminal fallando un penal sobre el tiempo. En 2014 lograron ascender y el primer milagro sucedió un año después: la permanencia. Y es que en una liga donde los magnates árabes, rusos y norteamericanos abren la chequera sin tener un gramo de conciencia del hambre en el Africa subsahariana; mantenerse es una proeza cuando tu plantilla apenas rebaza los 55 millones de euros. En la temporada 2014 – 2015, el descenso parecía eminente cuando de 33 puntos disputados, apenas rescató 1 antes de finalizar la primera vuelta. Fue el último lugar durante 180 días, antes que la suerte o el espíritu del Rey Ricardo III, obraran a su favor. Después del entierro del Rey en la basílica de la ciudad; el Leicester ganó 6 de 7 partidos disputados, logrando así la milagrosa salvación.

En el año del título, el Leicester construye su propia leyenda. Ganaron por la estrategia en el campo y el talento que representa jugaron con el corazón. Sólo tuvieron 43% del tiempo el balón en su posición y de los 23 triunfos que obtuvieron, 14 los ganaron por la mínima diferencia; haciendo cada partido un sufrido capítulos para la conquista final. Sí, todos volteamos a ver al Leicester City cuando la broma se convirtió en serio, cuando las casas de apuestas negociaban con aquellos que los dejarían en banca rota en cuanto los foxes se hicieran campeons. El Leicester ha dado una cincelada gloriosa a su historia, construida a través de futbolistas que entienden indicaciones y aceleran a tope las palpitaciones del corazón al pelear cada pelota; el Leicester creará un nexo histórico entre su afición y sus jugadores leyenda, el volante galés Andy King ha sido campeón de tercera, segunda y primera división con el club, y su busto lucirá en alguno de sus pasillos. El Leicester se lleva hoy todo el honor, no por el título, sino por hacer aún más bello con este pasaje, al deporte más hermoso del mundo.

Maradona es más grande que Pelé

*Escrito en el mes de julio después la final de la Copa del Mundo de Brasil  2014

Los habitantes de este planeta no aprenderemos que a un partido de fútbol no podemos cargarle la historia. Desafortunadamente el fútbol no ha sido el sustituto de las guerras. Mientras el mundo se detiene para ver la final de la copa del mundo, Israel sigue con su infame ofensiva contra los palestinos. A veces pienso que un balón de fútbol podría ser la solución a los problemas de este mundo. Mientras Israel lucha por su tierra prometida, una que según les pertenece porque la biblia lo dice, el mundo se detuvo para ver el partido de la copa prometida. Alemanes y Argentinos, ambos en gran versión, tuvieron la capacidad de ponerse los ojos del mundo encima.

La jornada final del mundial tuvo como antesala el siempre desangelado partido por el tercer y cuarto lugar. El juego del sábado le puso punto final al fiasco brasileño. El 7-1 histórico que les propinaron los alemanes y bajo el contexto en el que se jugaba la copa del mundo, parecía ser el Apocalipsis del fútbol. Nos imaginábamos que Brasil sufriría ante la maquinaria teutona, pero jamás hubiéramos pensado que estuvieran hecho de tan poco tanto física y mentalmente. Lo que pasó en ese partido, fue la representación exacta de la forma como los brasileños perdieron en todos sentidos… Perdieron en lo económico, en lo social, en lo político. Ahora Brasil tiene estadios de lujo en medio de la desigualdad social que 3 gobiernos de izquierda sólo han maquillado.

La historia también juega en los mundiales. El Maracaná recibió en la final a dos naciones ingratas para el fútbol brasileño. La Alemania incómoda que apenas cinco días antes los había aplastado de manera inclemente y a Argentina… Qué decir de los argentinos si se paseaban por las calles y playas brasileñas cantando: “Brasil, decime qué se siente, tener en casa a tu papá…”. Nada podía ser peor para el futbol brasileño, que dentro de toda la pesadilla mundialista, los argentinos tuvieran la oportunidad de levantar la copa en el mítico Maracaná. ¿A quién le iría el brasileño herido en el orgullo? Esa era la pregunta.

Argentina se presentó en la cancha sin miedo alguno. Sabían lo que se jugaban… entre todo, también se jugaban la historia. La presión mediática sobre el mejor jugador del mundo se fue liberando mientras la copa del mundo corría y definía los partidos; más aún, cuando Messi comenzó a hacer lo suyo entre los defensas alemanes en el partido final. De pronto desconocimos a Argentina; ese equipo trabado, sin mucha idea que dependía de su número 10 no era el que le jugaba al “tú por tú” a los alemanes. Argentina funcionó bien gran parte del encuentro. Su cuestionada defensa no daba espacios a la poderosa Alemania. Su portero estaba concentrado bajo los tres palos. A Argentina le había bastado muy poco para llegar a esa instancia. Fue un equipo de garra y en los momentos decisivos metió el talento. En la final, se decidieron a jugar al futbol.

Alemania es un equipo que engrasa bien los engranes para funcionar en todas sus líneas. El partido más difícil lo tuvo hasta la final. No fue la Alemania eficiente y fría de los partidos anteriores. En momentos titubearon pero a la vez, no daban espacios. Se enfrentaron a un equipo Argentino embravecido; pero Alemania es Alemania. Tiene en todas sus líneas jugadores del tamaño del Maracaná. Tienen mentalidad, disciplina…  y como siempre, terminan ganando los partidos.

La Copa del Mundo se definió en tiempos extras. Alemania levantó su cuarta copa para confirmar esos datos chocantes que a veces da el fútbol. Cada veinticuatro años, un tricampeón logra la cuarta. A Messi le dieron un polémico balón de oro. Polémico por no haber logrado la hazaña de levantar la copa del mundo y más porque esta copa fue el escenario de otros grandes futbolistas. Hoy los argentinos podrán cantar sin miedos que Maradona es más grande que Pele… y quizá, que Messi también.

Messi es un drama

Junio de 2016, después de la derrota de Argentina vs Chile en la final de la Copa América

El futbol se construye a través de la épica, y si no hay derrota no existe la epopeya. La mejor forma de entender la naturaleza imperfecta de los dioses es frente a los 11 pasos. Messi se supo humano. Los grandes tienen derecho a mandar la pelota a la tribuna. La vida es el oficio de lidiar con la frustración y luchar contra los karmas, entonces, ¿a dónde vas campeón, si tienes como destino morirte en el intento?

Perder tiene un encanto, más cuando ganar es un hábito constante: te convierte en cualquier mortal después de una fatídica tanda de penales. Messi saca espuma por la boca, el peso de la frustración desata la digna rabia; Messi no es materia literaria para libro de superación personal, Messi escribe otra clase de historia, las mas bella jamás escrita en el balompié: el niño que quiere renunciar a un destino manifiesto desde que tenía 14 años; el niño que no crecía, el de las inyecciones, el de la abuela que lo mira desde el cielo, el de todos los records, el de la herida abierta vestido de albiceleste. Messi es el protagonista de un drama: el hombre que quiere dejar de luchar contra sus demonios.

Pero en el futbol sólo queda la posibilidad de la revancha y el consultorio del psicoanalista; por eso la renuncia es inaceptable, ésta solo es permitida de la zona mixta hasta el vestidor, donde el crack podrá destruir y dar patadas a lo que se encuentre; pero para confrontar a los demonios, Messi sólo tiene la cancha como escenario y los próximos 90 minutos para volverlo a intentar. Sí, Argentina es el talón su talón de Aquiles. La grandeza también se esculpe a través de la derrota, pero jamás de la renuncia.  Messi podrá quedarse a minutos de la gloria las veces que tenga que pasar, y quizá llegue a la senectud futbolística sin levantar nada con Argentina, pero no puede quedarse aplastado en el sofá de su casa viendo jugar a su selección, renunciando al 10 en la espalda.

Muchos queremos el final de ensueño para el crack argentino, pero la vida no es color de rosa, la vida  también es de penales fallados. Y quizá en el callo de las derrotas, se están construyendo la mejor prosa de este drama, en la que Messi, reivindica su papel en la historia y sobretodo el papel de Argentina en el futbol mundial.

La complejidad del darnos cuenta

*Colaboración para Tribuna de Querétaro / Enero 2017

Creo que lo que le pasa a este país es algo más complejo que los diagnósticos emitidos por cualquiera. Estamos ciclados en la matemática real de los egresos y los ingresos y en el análisis moral de un país saqueado por una clase política nefasta. ¿Cuánto tiempo llevamos en esta rueda que nos lleva siempre al mismo lugar?  Aquí, con todo y el furor y la aparente libertad que ofrecen las nuevas tecnologías de la información, seguimos sin darnos cuenta de lo que realmente sucede. Sí, las redes sociales han sido una trampa, solo han aumentado nuestro umbral al cinismo, cosa que no significa que seamos más conscientes del entorno y las formas en las que actuamos.

Esta realidad lastimosa es producto de un estado de inconsciencia. ¿Por qué a México siempre le pasa lo mismo? Por una parte tenemos la capacidad de ver mas no de darnos cuenta. México es un país extremadamente religioso mas no es un país espiritual. Y quiero separar una cosa de la otra. Quiero profundizar en el espíritu, en ese lugar donde no hay tiempo y no hay espacio, donde las fronteras que delimitan lo que parece real se difuminan, y es ahí donde tendría que venir ese despertar del que hablamos en las marchas.  Hablar del espíritu no es hablar de la moral, sino de la conciencia. “El pueblo consciente se une al contingente” “México está despertando”  grita la gente, se lee en las pancartas, y aquí entro en la paradoja del Sí y No. Defiendo nuestro derecho a marchar aunque mi pesimismo me dice que las marchas no cambian nada, pero mi optimismo me refrenda que es peor no salir a manifestarse. Sin embargo, más allá de la indignación, la que considero un privilegio poseerla, falta dar el gran salto para cambiar el destino de este país, y solo lo podremos dar con un profundo análisis introspectivo y de ahí preguntarnos ¿por qué este bendito país tiene las mismas maldiciones de siempre?

Pocos gozan del privilegio de la indignación, y ese ya es un gran paso, pero el saqueo es rapaz y el despertar es lento, y la ciencia de este embrollo es compleja. Es inconcebible que un puñado de gente ciega sea la que tome las decisiones y sea su voracidad la que esté acabando con todo. Los estamos viendo con esta aparente apertura comunicativa que representa el internet; si antes el modo de operar de la clase gobernante era la discreción para saquearlo todo, hoy estamos ante el cinismo descarado de los dirigentes de la nación.  El propio sistema ha creado las instituciones de transparencia y los órganos anti corrupción, y es desde ese aparente pero falso modelo democrático, donde se está construyendo la decadencia. Esto es increíble porque al verlo dejamos de ser víctimas para convertirnos en constructores de esta realidad.

La indignación es un privilegio porque es el punto de partida para darnos cuenta de las cosas.  Y la indignación va más allá de las manifestaciones públicas y obviamente no tiene nada que ver con escenarios de violencia. La indignación puede llevar la mente inconsciente  a un estado de conciencia, ese tendría que ser el gran despertar para bajarnos de la rueda. El gran lastre de este país es esa visión reducidísima de quienes ejercen el poder y que solo buscan el privilegio individual por encima del bienestar colectivo; la vida cíclica de México que ha desatado una corrupción a niveles exorbitantes.

La gran trama nacional está en esa complejidad de darnos cuenta, de tomar conciencia de aquello que no hemos logrado ver. Pero qué es esa incógnita si estamos viendo la manera en que día a día se lo están acabando todo;  vemos la manera grotesca como los gobernadores saquean a sus estados, vemos la comodidad de nuestros legisladores que operan para intereses particulares, vemos el hambre y la miseria de otros,  vemos el crimen; entonces qué más necesitamos para cambiar esta realidad, si se supone la estamos viendo. Encontrar ese falso punto de referencia que nos ancla a nuestro individualismo sin sentido es el gran despertar, disolver ese estado es la forma como  seremos conscientes  para formar una colectividad y así poder transformar el destino de las cosas. Esperanza y su gran realidad, es mi deseo para un país que merece mejores cosas.

 

Rocky Balboa

En mi vida he visto no más de cinco películas de arte, ya con eso tengo para poder entablar una conversación cuando me encuentro con algún erudito del cine; esos que les gustan las películas raras que presumen 8 premios de diferentes festivales, donde el protagonista habla dos veces en todo el guión, o donde los protagonistas se tardan 30 minutos en desayunar sin decirse una palabra o donde ves a alguien caminar de un punto a otro en 20 minutos.

Nunca falla decir dos o tres frasecitas que parezcan inteligentes con aquellos cinéfilos para que te compren de que “sabes” de cine. Siempre conviene decir una frase y después desmarcarte para evitar cuestionamientos mayores, por ejemplo dices: “Carlos Reygadas  manifiesta la complejidad de la vida humana en su película de Japón, toca nervios que te hacen cuestionarte cómo quieres terminar tu vida”… En ese momento te paras al baño y cuando te diriges hacia allá, les dices caminando, “podría ver Japón mil veces”. Cuando regresas a la mesa o al grupo con quien hablabas, cambias el tema para hablar de fútbol empezando la conversación diciendo “¿Sabían que Borges odiaba el fútbol?”. Todo un cliché intelectual, haciendo como si supieras de lo que no tienes puta idea. Esto me funciona desde que voy en la secundaria.

Bueno, ya. Quiero hablar de Rocky Balboa. Sí, soy fanático de esta saga cinematográfica emblema del cine mas comercial y holiwodense,  Rocky y Rocky II podría verlas mil veces, cosa que no haría con Japón de Reygadas.  Cuando tenía 5 ó 6 años de edad (quizá más) mi papá nos despertaba los domingos a mis hermanos y a mí con “Gonna Fly now”, aquella música de Bill Conti que le dio alma y esencia a las películas de Rocky.

Crecí viendo estás películas de Stallone.  Las veía con mentalidad de niño. A mis 34 sigo teniendo miedo de que el final de Rocky II de pronto sea otro y  Apolo Creed fuese el que logra levantarse de la lona y no Balboa.  Rocky III sin duda es rescatada por Survivor y Eye of the tiger.

Los comunistas no se podían salvar de la garra y valentía de Balboa. La película IV salió en 1985, yo tenía 4 años de edad y era educado en la fe católica. Eso del comunismo era cosa del diablo así que no había enemigos más peligrosos que los soviéticos. Si hubiera visto  por primera vez esta película a los 20 años, cuando había leído la biografía del Che Guevara y había creado un mini acervo ideológico de izquierda, quizá hubiera deseado que Ivan Drago  destrozara a Balboa en el ring. Afortunadamente mi cariño hacia Balboa siempre fue más fuerte que el acervo socialista acumulado a mis 20 años.

Rocky V, qué decir… la vi en un cine loca de mi ciudad (Gemelos Plaza de las Américas) cuando yo tenía 11 años de edad, fue la primer película de la serie que vi en el cine. A esa edad todo se me hacía perfecto. Obvio cuando crecí y fui analizando toda la historia me pregunté el por qué haberle dado en la madre de forma tan triste a la vida de Rocky. ¿Era digno que el gran Rocky Balboa terminara su historia peleando de forma vulgar a fuera de un bar? ¿Tony Gun era un rival digno de Balboa, después de haberle ganado a grandes como Creed, Clubber Lang e Ivan Drago?  A este último en suelo ruso frente a los políticos socialistas. ¿En qué estaba pensando Silvester Stallone para hacer tal aberración? En fin, los fanáticos de Rocky nos quedamos esperando 16 años para que Stallone pudiera reivindicar la historia con una última película; mientras no nos quedaba de otra que ver sus legendarias películas.

Rocky Balboa, la sexta y última película de la saga… Mi papá había muerto en octubre de 2006. La película la vi un sábado de enero del año siguiente. Fui al cine sólo, con ganas de encontrarme con la nostalgia. Me compré unas palomitas, un Coca y entre a la sala. Las luces se apagaron, pasaron los comerciales de siempre,  y de pronto apareció en pantalla el clásico león gruñendo de Metro Goldwin Mayor, después, las letras de ROCKY BALBOA en color dorado recorren la pantalla con la clásica música de Conti. Les voy a confesar que comencé a llorar ¿Quién llora viendo Rocky? ¿Estaba viendo a caso un versión remasterizada de Nosotros los Pobres con Pedro Infante? No. Era Rocky Balboa, en una última película, y con ella me venía el recuerdo de cuando mi papá nos levantaba con la maravillosa música de la película.

Rocky Balboa, la sexta y última (esperemos que así sea) de la saga, fue una reivindicación total del personaje.  Fue la forma más decorosa de darle dignidad al que por su influencia en el mundo del boxeo entró al salón de la fama siendo un personaje de ficción.  De algo estoy seguro, un día visitaré Filadelfia, subiré corriendo las Escaleras del Museo de Arte y creo, que estando ahí, me volverán a dar ganas de llorar.

El Che, 50 años después

*Colaboración para Tribuna de Querétaro, Octubre de 2017

Medio siglo de la muerte de Ernesto “El Che” Guevara. Cuando algo cumple 50 años se hace un alto para hacer un obligado recuento de la historia. Y sí, el Che Guevara no quedó en olvido , no ha gozado del privilegio de la segunda muerte, porque después del 9 de octubre de 1967 se transformó en mito y de ahí dio un salto a la inmortalidad. El ícono está plasmado en los nuevos movimientos sociales. Para el escritor Paco Ignacio Taibo II, uno de sus grandes biógrafos, no hay más que investigar, sin embargo muchos se empecinan en seguir buscando algo que lleve a lo más profundo de la enigmática personalidad del Che.

Tengo un recuerdo. En el año 2001, acompañé a mi papá a dar una conferencia sobre impuestos a un congreso indígena organizado en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Entre los ponentes se encontraban Rigoberta Menchú, personas que trabajaban en Organizaciones No Gubernamentales y  personal del Banco Mundial.  Era el mes de febrero y el indigenismo tomaba fuerza en el país; el zapatismo iniciaba en esos días una gira por varios estados que cerraría en el Zócalo de la Ciudad de México. Con el foxismo —que resolvería el problema de Chiapas en 15 minutos— y la alternancia en el poder, se daba el debate de la ley indígena, y los zapatistas tuvieron voz en la cámara de diputados. Conocemos la historia posterior, la traición de la izquierda partidista al EZLN y la aprobación de una ley indígena hecha con las patas.

Regreso al viaje a Chiapas. Mi papá iba a hablar sobre la legislación fiscal mexicana a sectores productivos indígenas. Antes de él, habló una persona del BM y las cosas estuvieron un poco… calientes, digamos. Los participantes, en su mayoría indígenas, consientes del fenómeno globalizador y de la forma de actuar del Banco Mundial, increparon al ponente cuestionándole el papel que cumple el organismo a nivel planetario. En seguida fue el turno de mi papá, y como yo iba de su ayudante, fui el encargado de conectar su computadora al proyector. En cuanto pude sacar señal de la laptop para proyectar en pantalla, la gente comenzó a levantarse y a aplaudir. Mi papá le de  frente al auditorio, de pronto no supo si le aplaudían a él o a quién.

¿Cuál era el motivo de los aplausos desenfrenados de los 200 asistentes al congreso? Días antes, yo  había puesto en su computadora como imagen de fondo en el escritorio del Windows la mítica foto del Che Guevara, la de  Alberto Korda. Yo tenía 20 años y el Che me encantaba.  Imagínense la tensión en la ponencia del ejecutivo del BM, que habló  de la manera como se supone que ayudan a los países en vías de desarrollo, y podemos entender que para las comunidades indígenas, que están muy politizadas y que son muy conscientes de su entorno, el FMI y el BM son organizaciones no gratas, culpables del endeudamiento de muchos de los países del tercer mundo, a los cuales les imponen políticas económicas en beneficios del capitalismo. La imagen del Che Guevara en la pantalla fue la que levantó a un público eufórico, liberó un poco la tensión en ese auditorio y los asistentes de pronto sintieron que tenían a un ponente de su lado.  Mi papá, antigobiernista, se dio vuelo en aquel escenario.

¿Qué es lo que encanta del Che Guevara?  ¿Qué es lo que hace que la gente se pare a aplaudir su imagen? Hoy, a 50 años de su asesinato en Bolivia, parece que la historia no se termina de escribir en torno a su persona. Su vida y su muerte fueron el guión exacto para la construcción de un mito, y los mitos viven a través de la energía que emanan del misterio. Y lo que encanta del Che es eso, el misterio que envolvió al hombre a lo largo de su vida: hoy se sigue investigando qué pasó en el Congo, qué pasó en Bolivia, qué pasó entre él y Fidel, qué pasó con su cadáver, qué pasó con sus manos amputadas, qué fue de los guerrilleros sobrevivientes de la quebrada del Yuro.

No podemos entender la vida política y social de América Latina sin la historia de la revolución cubana, suceso que convirtió en santo a Ernesto Guevara. Y más allá de sus infinitas contradicciones, la imagen del Che siempre ha sido cautivadora, sobretodo en un mundo que fue aplastado por la victoria capitalista… ¿qué representa hoy, a 50 años de su muerte? es el ícono que dignifica la derrota de un modelo utópico que pretendía hacer un mundo mejor. Por eso la imagen del Che sigue siendo necesaria, porque dignificar la derrota es tener la razón más allá de la victoria, y la razón tendrá que estar del lado de quienes luchan por cambiar las circunstancias económicas y sociales de un mundo enfermo de capitalismo.

 

El paso que no hemos dado

*Colaboración para Tribuna de Querétaro, en algún mes que no recuerdo

La actual situación de México, empantanada de una corrupción exorbitante, más la neurosis generada por la relación con los Estados Unidos, me hace voltear hacia atrás y ver el ciclo constante en que opera este país. Digamos que la corrupción posrevolucionaria y la dependencia hacia norteamérica de mediados de siglo pasado, ofrecía el mismo panorama y quizá los mismos análisis que ahora, simplemente con diferentes matices.

Mi pesimismo desbordado me hizo escribir el título de esta columna como “El paso que nunca dimos”. Como si nos encontráramos ante el final inminente de la decadencia sin retorno. Sin embargo, trato de entender la realidad nacional presente como un ciclo más de aprendizaje —sí, otro más—. El péndulo de mis pensamientos me lleva al polo extremo, a un optimismo moderado, donde cabe visualizar la luz de la esperanza a través del despertar de las conciencias.

“El paso que no hemos dado” es un destino; gramaticalmente me gusta, el presente perfecto también se conjuga con la historia. Ahí estamos, a punto de dar el brinco. No soporto aquella patraña de “tenemos el gobierno que nos merecemos”. ¿Quién podría autodefinirse de manera tan baja para pensar que merece a Peña Nieto —y muchos déspotas más— como gobernantes? El problema que afrontamos no se reduce a procesos electorales, ni al ejercicio del presupuesto, ni al funcionamiento de las instituciones. El pobre nivel de conciencia desde el que operamos termina haciéndonos aceptar una simulación en todos sentidos. El sistema está forjado en acero, nada pasa en este país; y mañana, parecerá que todo va a moverse, vendrán otros como paladines de la justicia para convertirse en los próximos saqueadores.

El paso que no hemos dado tiene que ver con lograr capitalizar la indignación y la energía; la era digital ha sido contraproducente desde cierta perspectiva: estar informados y ver el saqueo a los bienes de la nación con nombres y apellidos no nos ha hecho un pueblo más consciente. Desde siempre hemos sabido que hemos estado gobernados por los peores hombres. No es un privilegio de la era digital. Las grandes mansiones y las fortunas construidas desde el poder, han sido desde siempre. Por eso pienso que los mismos problemas (con sus matices)  que afrontamos ahora se vivían hace 100 ó 50 años. Hoy el sistema se ha perfeccionado, repito, es de acero: nuestras instituciones anticorrupción, de transparencia, de rendición de cuentas son un parapeto para lograr la impunidad. Literalmente, el mundo al revés, basta con ver cuantos gobernadores que saquearon a sus estados están en la cárcel. Y así como el ideario de la Revolución Mexicana había sido sofocado 40 años después, la era democrática del año 2000 ni siquiera vio la luz. Y seguimos en espera de dar el gran paso, y este tendrá que ser mirando hacia el interior, de manera individual para después mirarnos de manera colectiva.

El gran paso del que hablo es el que se tiene que dar muy por arriba de la construcción de idearios políticos y programas económicos. El gran paso es el de la transformación de la mente para darnos cuenta. Sí, el de ser conscientes del entorno en todo sentidos… El de tener la capacidad de observar la forma cómo funciona el sistema económico y político y tener, ahora sí, elementos para transformarlo. El gran paso es poder entender el poder en la psicología humana y desde ese conocimiento desmantelarlo. El gran paso que no hemos dado es concebirnos como una unidad alejados de nuestro individualismo. Es la colectivización.

México tendría que apostar no por la grandeza emanada de la soberbia,  sino por la grandeza natural que emana de la justicia, la democracia, la paz y el orden. Y eso no lo va lograr un proyecto político. Se va a lograr dando un paso adelante hacia una conciencia superior. Por eso considero de suma importancia, tener conciencia plena del pasado para dejar de estar en el ciclo eterno de los despertares a medias. Y es que México sí ha despertado; ha tenido momentos increíbles de lucidez que han logrado cimbrar las estructuras, aunque después el péndulo venga de regreso y nuble nuevamente el panorama.

“¿Por qué nos pasa lo que nos pasa?” tendría que ser el cuestionamiento constante de cada mexicano en vía de despertar la conciencia, y para ello, el pasado como materia prima es fundamental para entendernos, la historia tiene que venir hacia adelante para poder construir un mejor futuro. El paso que no hemos dado será a partir de nuestra capacidad de entendernos desde la introspección, es ahí donde pudiésemos comprender de manera más clara la historia de nuestra nación.

El sismo y la catarsis

*Columna para Tribuna de Querétaro y Catalejo / Septiembre de 2017

La tragedia genera la catarsis. Desde los escombros del el terremoto emerge lo mejor de los mexicanos. Parece que el temblor cimbra la conciencia; la mexicanidad tiene una necesidad imperiosa de ayudar, quizá de gritar que existe y dar sentido a esa existencia. La era digital nos permite ver la forma como nos trata la naturaleza. En 1985 llegaban las noticias a cuenta gotas del desastre en la Ciudad de México.  Hoy, 32 años después, una gran mayoría cuenta con un teléfono que a la vez es cámara de video y telégrafo. Por whats, mis primos comienzan a reportarse y a comentar sobre la intensidad del sismo. Minutos después comienzan a circular por feis los videos donde vemos a los edificios sucumbir. En 1985 no había smarphones, pero Jacobo Zabludovsky tenía un teléfono satelital en su carro, y narró con aquella tecnología de punta, el desastre para la XEW mientras recorría la ciudad.   Todo ha cambiado en 32 años, y entre los dos sismos, fuimos consientes del tiempo y nos percatamos de la maravillosa dinámica de la Ciudad de México, aquella que cambia de forma radical desde la época de la gran Tenochtitlan.

El 19 de Septiembre de 2017 se repite la historia. ¿Una grosera coincidencia o un ciclo kármico en el que se encuentra la CDMX?  A nadie se le ocurre hacer un meme o publicar un chiste. Solo un cantante del que supe su existencia hasta ese día, pudo llamar la atención a través de un tuit escribiendo una estupidez, pero la emergencia es tal que nadie se detiene a darle importancia.  Apenas el 8 de septiembre tembló en Oaxaca, ese sismo quedó registrado como el más intenso en la historia de México, y esa tragedia dio espacio para el humor. Ya saben, el “ingenio” (pendejo) del mexicano del que a veces nos sentimos orgullosos; pero esta vez, el del día 19, fue la capital del país, Puebla y Morelos los que llevaron la peor parte, y todos prefirieron guardar silencio; la sociedad civil comenzó, como 32 años atrás, a sacar a las personas dentro de los escombros. Ya conocíamos el guión, el estado quedaría rebasado y dependería de los ciudadanos para afrontar la emergencia.

La información corrió a través de las redes sociales por medio de los ciudadanos. Hace 32 años dependíamos de la televisión convertida en órgano de prensa del estado. En 2017, la sobreinformación genera desinformación y da espacio al rumor y la confusión. El ímpetu por ayudar estropeaba las labores de rescate. El protagonismo de algunos en feis muchas veces generaba caos. La gente no sabe como asimilar tanta información, pero dentro de todo, como si ese caos obrara a favor, la gente comenzó a sacar cubetas con escombro y se organizaron los centros de acopio.

Toda la información que circula por las redes es a cerca del temblor; apenas días antes, el asesinato de Mara Fernanda en Puebla manejaba la agenda mediática y el termómetro de la opinión pública. En lo que va de 2017, van 1297 feminicidios en el país.  Y sí, México es el mejor país del mundo cuando la tragedia es repentina, pero igualmente es un país de una conciencia colectiva indiferente cuando la tragedia es paulatina.   México está dotado por dos fuerzas contrarias, un dualismo que se ve todo los días desde cualquier banqueta; el desbordamiento loable de la sociedad para levantar una ciudad y la rapiña desde los escombros. La conmoción que genera una ciudad herida y la indiferencia hacia los 100 mil muertos por la guerra contra el narco. Los centros de acopio a reventar y la violencia como parte de la cotidianidad. Somos capaces de generar una empatía única para volver a poner ciudades de pie, pero groseramente indiferentes cuando la violencia no toca nuestras puertas. Vida y muerte en la conciencia colectiva de los mexicanos.

La catarsis está ahí, dentro de los escombros, en el dolor de las historias en particular que nos conmueven, en el encanto de los perros rescatistas, en las solidaridad de los países del mundo, en la literatura de Juan Villoro, en todos los simbolismos que genera un sismo. A los mexicanos se nos abre la conciencia para unirnos a menos de un año en que el país sufra la polarización electoral, porque cuando llegue el proceso, habremos de dejar a un lado esa unión para el próximo desastre.

La catarsis suscita la empatía y esta despierta la solidaridad. La misma que hace 32 años. Por una parte, México ha cambiado mucho a lo largo de todo este tiempo; pero por otra, sigue mostrando la misma cara ruin de la desgracia: la gran tragedia que azota a este país es la de la corrupción. México despertó, abrió los ojos, se unió cuando el terremoto de septiembre de 1985, pero tres años después vino el salinismo y la conformación de la clase política más opulenta desde la época del porfiriato y con ella, vino la doctrina del individualismo, aquella que siempre queda sepultada cuando nos llega el terremoto para dar paso a la solidaridad. El reto 32 años después, es vernos cotidianamente en el espejo de nuestra propia historia para dejar de repetirla.

La generación Hotmail

El 15 de julio de 1997 abrí mi cuenta de Hotmail. ¿cómo lo sé? Hotmail me lo indicaba en algún lado. Fue mi amigo Víctor Zúñiga quien me explicó lo que era un correo electrónico.

– Es una carta que te llega por la computadora – me dijo.
Le pregunté que cuánto costaba tener eso.
–Nada, es gratis – me contestó.
Yo tenía 16 años y estaba por pasar al último año de preparatoria; en la oficina de mi papá contratábamos a INFOSEL para conectarnos a internet.
– ¿Quieres tener una cuenta? ¿Cómo quieres que se llame? – me preguntó Víctor.
– Daniel – contesté.
– Daniel no se puede ¿qué te parece danielopski? – me volvió a preguntar.
Sonaba bien.

Desde finales de los noventas uso la cuenta danielopski@hotmail.com, eran aquellos años en que podía pasar 10 horas chateando por el MIRC, un modesto pero maravilloso chat en el que te ponías un nick y chateabas con cientos a la vez. Quienes lo usaron, sabrán de qué estoy hablando. En 1997 se pagaba el internet por horas y te conectabas por medio de un fax modem externo; eran los años en que comenzábamos a usar el internet en la vida cotidiana. No existía google, yo usaba como navegador Altavista, navegador que hoy le pertenece a Yahoo; eran los tiempos en que navegábamos con el riesgo de que alguien descolgara el teléfono en nuestra casa y se nos desconectara el internet. Que nostalgia. Los proveedores del servicio de internet eran pequeñas empresas que contaban con sus propios servidores hasta que llegó Telmex y ofreció Prodigy para acaparar, fiel a la costumbre del Sr. Slim, absolutamente todo. En el inicio en que se comenzó a comercializar  internet, no nos imaginábamos lo que sería el día de hoy, la guerra por el negocio del triple play disputado por un puñado de multimillonarios.

Entrando el nuevo milenio, usé por primera vez  Messenger de Microsoft, saltándome el uso de ICQ que para muchos fue sensacional, yo nunca lo usé. La década pasada fue del dominio casi absoluto del Messenger. Nos conectábamos y veíamos a todos nuestros contactos. A veces esperábamos que alguien en especial se conectara o quizá poníamos un “no disponible” para evitar  chatear con quien no queríamos; a otros les aplicábamos el “botón derecho – no admitir”.  El “tu ru ru” que nos anunciaba que habíamos recibido un mensaje más el color naranja de la ventana, nos acompañó por toda una década en nuestra casa o nuestro trabajo hasta que Facebook y el whatsApp en los smartphones fueron sustituyendo al legendario Messenger.

A finales del pasado milenio, cuando pensábamos que un error cibernético denominado Y2K acabaría con el mundo, comenzamos a ver un ritmo más acelerado en la era digital. A mediados de la universidad conté con un teléfono celular, eso fue más o menos por el año 2000. Mi primer teléfono fue un Sony achaparrado, sin juegos, que le tenías que sacar una pequeña antena y le bajabas un microfonito para poder hablar. Luego tuve un Nokia con el que mataba el tiempo de las clases jugando “viborita”. De igual forma, por esa época nos comenzábamos a mandar mensajes vía celular, cada mensaje costaba centavos de peso; el reino del señor Slim lo fuimos acrecentando. No nos imaginábamos aún, poder tener internet en nuestro teléfono celular.

Todo cambiaba, pero las marcas Hotmail y Messenger seguían siendo las fuertes. Comenzamos a usar google por encima de yahoo, y a mediados de la década vinieron las redes sociales y youtube. Poco antes, todos nos maravillamos por poder hablar por skype sin tener que pagar una larga distancia. La información comenzó a fluir de manera más acelerada; leer periódicos de forma digital ya era parte de la cotidianidad. Era la época donde bajábamos música de forma “ilegal”. Antes del avasallador Facebook, muchos tuvimos una cuenta en Hi5, donde la máxima atracción de esta red social, era saber quien había visto nuestro perfil. Volvimos a ver viejos programas de televisión gracias a youtube. Todos los días, cuando empezábamos a trabajar actualizábamos nuestro nick del Messenger; usábamos ese espacio como hoy lo hacemos con nuestro status de Facebook.

A mediados de la década pasada todavía no usábamos el Facebook, mucho menos twitter. Mi cuenta de Facebook, según mi biografía en dicha red, data del 2007. Puedo pensar como usuario, que Facebook ha sido el cambio más significativo en 18 años de uso del internet. Alejandro Touriño, escribía en 2011 que

Si Facebook fuera un país, tendría una población de 800 millones de habitantes. Sería la tercera potencia poblacional del planeta, sólo por detrás de China (con casi 1.400 millones de habitantes) e India (con casi 1.300 millones de habitantes) y estaría por delante de potencias como Estados Unidos o Japón. Sería 17 veces la población de España. Hoy Facebook cuenta ya con el billón de usuarios.

Si Facebook fuera un país, tendría una población de 800 millones de habitantes. Sería la tercera potencia poblacional del planeta, sólo por detrás de China (con casi 1.400 millones de habitantes) e India (con casi 1.300 millones de habitantes) y estaría por delante de potencia como Estados Unidos o Japón. Sería 17 veces la población de España. Hoy Facebook cuenta con el billón de usuarios.

Durante 6 años me he conectado a Facebook usando mi cuenta de Hotmail. En este tiempo, el uso del correo también lo empezamos a modificar. El inbox del Facebook sustituyó en muchos casos al correo electrónico. A la par del auge del Facebook y finalizando la década pasada, twitter me maravilló. Mi amigo Juan Carlos Olvera me enseñó a usar dicha red social.  La he usado por casi cuatro años para desahogar al animal político que llevo dentro.  Mentarle la madre al presidente en turno suele ser terapéutico. El twitter a diferencia de Facebook tiene un encanto especial, sólo nos da 140 caracteres para decir tonterías.  Ambas redes tienen sus similitudes, pero las diferencias son mayores. Me asombra el ambiente, la energía de cada red. Facebook lo puedo describir como más cursi, mas ocioso; el “like” se da más fácil que el RT. Twitter es más arrogante, más concreto. En ambas se combina el sarcasmo, la tragedia, el humor. Ya no hablemos de la forma como ahora compartimos nuestra vida, tenemos el pésimo hábito de hacer público  lo que es privado. Las redes sociales son parte de una patología social en un mundo en el que preferimos poner “me gusta” al status del vecino, en vez de saludarlo en la mañana.

Hablemos de los blogs. El 18 de enero de 2008 comencé a bloggear. Me he dedicado durante este tiempo a estampar la subjetividad de mis pensamientos políticos en mi blog. Me ha resultado terapéutico en muchos sentidos. Escribir es como abrir la válvula de una olla express, si no lo hiciera, podría reventar cual vil olla. Bloggerar, es depurativo, me resulta un sano ejercicio para liberar las toxinas de la mente.

En 2010, adquirí una blackberry pagándosela al magnate Slim de quien tanto me quejo, y al año siguiente, saqué un Iphone. Ahí estoy en los cafés, en las comidas, en la vida cotidiana con la cabeza sumergida en la pantalla del teléfono cual vil demente. Ahí traigo configurada mi cuenta de Hotmail, la cual se ha subido a la plataforma de Outlook, digamos que “es lo mismo pero no es igual”. Ahora, el posicionamiento de las marcas de la digitalización han modificado el esquema. El Messenger envejeció y se dejó de usar. Ahora Facebook es el refugio de nuestra vida adaptada a la digitalización. El Messenger fue sustituido poco a poco.

Hace poco me encontré un término que me pareció fantástico. Alguien hablaba de la desintoxicación digital. Así como tenemos que dejar de ingerir alcohol o dejar de tragar porquerías para desintoxicar nuestro cuerpo. Es sano apagar teléfonos y desconectarnos para volver a ocuparnos de los pensamientos. Algo tan sencillo, nos podría regresar al origen en que no dependíamos de la hipercomunicación.

La comunicación por internet dejó de ser personalizada, ahora es pública; por facebook anunciamos nuestros noviazgos y rompimientos de los mismos, damos los pésames, hacemos citas desde el muro para que todos se enteren, indicamos donde nos encontramos, me ha tocado ver como hasta la ropa sucia se dejó de lavar en casa, ahora muchos prefieren lavarla públicamente en Facebook. Los chistes ya no vienen en cadenas de correo electrónico sino más bien ahora se postean. El humor ahora es con imágenes y textos cortos. Alguien dijo que con la digitalización de la vida cotidiana todos vamos a aspirar a nuestros 5 minutos de fama. Ahí están un cúmulo de videos en internet de borrachos que se hacen famosos, o que decir del fenómeno del Harlme Shake, una auténtica estupidez que no deja de ser atractiva como un fenómeno de masas.

Puedo decir que he estado 15 años conectado al internet. He visto los cambios normales que cualquier usuario ha podido ver, me pregunto ¿Qué tanto sentirán los cambio los programadores que transforman la funcionalidad del internet? Los usuarios promedio, somos limitados para comprender como funciona el mundo de la digitalización. Me imagino que el programador tiene idea de a dónde vamos, quizá por eso los cambios no le parezcan tan importantes.  En una generalidad, no somos capaces de dimensionar la forma como el internet ha cambiado la forma de vivir. Hace 200 años me imagino que la gente mataba el tiempo viendo los cerros; hoy matamos el tiempo viendo pasar la vida del mundo a través de la red. La información nos ha invadido de sobremanera. Hemos transformado las relaciones humanas, tenemos la desventaja de no saber cómo funcionaba el mundo de antes, aquel que te hacía esperar dos, tres o cuatros meses para recibir una carta. Me emociona ver la oficina de correos aún funcionando, independientemente de que sirva para mandar estados de cuenta bancarios; el correo tradicional es el símbolo exacto que nos ayuda a comprender el mundo de antes, algo así como ver un LP junto al Ipod. Hay muchos que se resisten a que desaparezcan los periódicos o los libros, quizá por la nostalgia que implica oler la tinta del diario en las mañanas u oler el papel impreso de los libros al abrir.

Nada es estático. Todo cambia. Soy de una generación que vio como se digitalizó la vida del ser humano. En unos siglos hablarán de esta era como hoy hablamos y vemos la trascendencia del siglo XVIII y siglo XIX con la aparición de la máquina de vapor.  Se hablará de la revolución digital como hoy hablamos de la revolución industrial. Podrán venir nuevas aplicaciones, herramientas, formas de adaptarnos a la digitalización, pero Hotmail será para mí, el punto de referencia para ubicarme en el inicio del uso del internet en la vida cotidiana. Hotmail, hoy estandarizado a la plataforma de Outlook, es el origen que tengo como usuario del internet.