Deseos insatisfechos

La resignación es el remedio para lidiar con los deseos insatisfechos y de esos deseos, está llena la vida. Lio Messi camina cabizbajo sobre el césped, las ganas no son suficientes. Messi es la mujer que desea un hijo desesperadamente, sometida a todos los tratamientos, el título con Argentina se niega, el que sea, y no hay un socio sobre la cancha que le ayude. A veces el destino marca el camino de morir en el intento.

Cristiano Ronaldo se para frente al balón con los shorts metidos a la altura de las ingles, los muslos parecen de algún superhéroe de animé japonés, la postal retrata la personalidad del crack. Cobra un tiro libre, saca un riflazo que se estrella en la barrera. Tanto Messi como CR7 traen una losa muy pesada, la de cambiar con los pies el destino de los partidos y satisfacer deseos ajenos, no solo los propios, los de millones de fanáticos que le cuelgan al futbol todas las frustraciones de la vida. 90 minutos después, el futbol se convierte en una frustración más. Argentina y Portugal, Messi y Cristiano, son regresados a casa.

México. Por primera vez, el partido de octavos de final tuvo una carga emocional menor. Una noche antes, la historia del país no fue la misma a la que nos tiene acostumbrada el futbol. La izquierda gana la presidencia de la república y se percibe un ambiente de fiesta. Hay confusión, hay esperanza, hay júbilo por parte de unos y lamentaciones de otros. Eso que llamamos destino, más cuando se trata del de la nación, dejó sin tanta euforia el clásico cuarto partido al que México siempre llega en las copas del mundo. Cada 12 años coinciden las elecciones presidenciales con el Mundial. Desde hace 24 años, México pasa a la siguiente ronda, sí, desde 1994, cuando se perdió en penales frente a Bulgaria en Estados Unidos, y cuando el sistema político espantó a los mexicanos y amenazó que, si no ganaba el PRI, el país correría el riesgo de una grave crisis económica, cosa que terminó sucediendo.

México pierde contra Brasil, partido gris, la historia de siempre… —No se puede todo en la vida —le digo a Rocío y agrego —el quinto partido se va a lograr cuando se haya logrado la cuarta transformación del país. Retórica ociosa para explicar las trivialidades de la vida. Mis deseos se quedaron insatisfechos tan solo a la mitad: López Obrador ganó, pero la selección perdió. El futbol como tema importante en el imaginario colectivo pudo haber sido la cereza en el pastel de la histórica jornada electoral. El día de las votaciones le dije a mi amigo Ariel —que bueno que no coincidió este día con el partido de México. Aunque parezca increíble, un encuentro de futbol podría cambiar la dinámica de una jornada electoral. El futbol tenía que ser el postre, pero a este se le cortó la leche. De regreso a casa.

¿Pero estamos aquí para hablar de futbol o de política?, ¿qué chingados pasó en el partido? México tuvo 20 minutos que nos hacían recordar esas victorias históricas sobre Brasil, luego, todo se derrumbó. Neymar es la antítesis del espectáculo, en cada contacto, por mínimo que fuera, parecía que se convulsionaba. El chícharo apareció en la cancha con los pelos güeros, pero sin mucho futbol y Rocío lo confundió con el Tecatito. Márquez dio un manotazo de autoridad que solo le alcanzó para 45 minutos, fungió como DT dentro de la cancha. Libramos el primer tiempo 0-0. Los mexicanos hacemos uso de la fe cuando no hay muchos argumentos en la cancha. Paco Memo no puede hacerlo todo y recibe el primero. Yo entro en pánico, no por el gol, sigo anestesiado por la noche anterior, sino más bien porque no logro acordarme del nombre de Raúl Jiménez. Veo que el Chícharo está perdido en la cancha y digo —es momento de que entre….mmmm….—la memoria juega malas pasadas, podía ver a Jiménez en aquella gran chilena frente a Panamá en el Estadio Azteca, pero no recordaba su nombre. Hasta que Martinoli mencionó el nombre del ariete mexicano se restablecieron las sílabas en mi cerebro. Jiménez entró y al balón que tocó abrió el campo para el Chuky, pero nada. Casi al finalizar el partido Brasil metió el segundo y listo, venimos de regreso.

En ese momento había que hacer un brevísimo recuento de lo que fue la copa del mundo. Perdimos, pero lo importante es que podemos soñar. El mundial es una máquina de sueños, sí, los más absurdos, pero no me quiten ese derecho, el de lidiar con los deseos insatisfechos a través del futbol, lo mismo hace Messi, Ronaldo, el Chícharo, ellos en la cancha y yo, como millones, frente al televisor. México hizo un mundial muy gris, pero lo mejor que hicieron es echar a andar esa máquina destartalada de sueños, la de ganarle a Alemania, la del pensamiento chingón, la de ganarle a Corea y la de pasar —como haya sido— a la segunda ronda. Así termino mi última crónica mundialista, escuchando por casualidad en un café del centro de Querétaro, Fix you de Coldplay.

Días malos

El futbol es de batallas épicas, como la que se dio contra Alemania, pero el futbol es también de días malos, aquellos en que las cosas se niegan a salir. Somos muy exigentes con la selección, el futbol es una analogía de la propia vida: quizá esta semana se te acabó el gas y te tuviste que bañar con el agua helada. A veces visualizas cosas en tu mente que no pasan y de pronto, estás frente a una nube de vapor que sale del cofre mientras tu carro escupe el anticongelante. Los malos ratos también pasan en la cancha, y uno muy malo de 90 minutos —que en sí fue de 45— le pasó México frente a Suecia; e igualmente, a veces las cosas no dependen de uno y necesitas de que alguien te haga el favor de pasar por tus hijos a la escuela porque los tiempos y el trabajo te desquiciaron la rutina, o de la nada, una vecina guardó tu ropa que dejaste en el tendedero antes de la tormenta. El futbol es eso, de tener días para el olvido, y esperar que las cosas se acomoden.

La última jornada de la fase de grupos en el Mundial tiene un encanto especial, a veces los partidos son de 180 minutos, estás al tanto de tu selección y de lo que sucede en el otro encuentro. Es la ruleta rusa de la combinación de resultados, la diferencia de goles y de analizar los criterios de desempate. A los mexicanos nos cuesta lidiar con el destino; como soñadores eternos, somos una máquina para generar ilusiones y unos artistas a la hora de inventarnos una retórica, pero cuando dependemos de nosotros mismos, nos es insoportable y preferimos cerrar los ojos y esperar que la suerte obre a favor. Los mexicanos hemos hecho de los mundiales una montaña rusa, sabemos que por muy mal que nos trate, llegaremos como sea a los octavos de final, aunque ya no tengamos boleto para subirnos de nuevo.

En el futbol no se entregan copas Doctor honoris causa, si fuera así, México sería un candidato al trofeo, pero no, el mérito consiste en llegar lo más lejos posible con el futbol que se tenga, a veces jugando horrible y otras, jugando perfecto; a veces teniendo días malos y esperando el resultado del partido de al lado. El futbol parece ser ingrato. Corea se partió el lomo, defendió a muerte, ganó con dos goles y no pasó. En este deporte no existe el merecimiento. México ha pasado a la segunda ronda en los últimos 8 mundiales a los que ha asistido, algunas veces de manera heroica, como en 1998 cuando Luis Hernández estiró un poquito más la pierna por delate del central Jaap Stam para marcar en el último minuto ante una poderosísima Holanda; de hecho, de 1994 hasta el día de ayer —día en que Suecia nos despertó de las chingonsísimas cosas que imaginábamos—, solo dos equipos han calificado a octavos de final de manera consecutiva: México y Brasil.

¿Pero qué pasó en el partido contra Suecia? Los suecos nos barrieron, pero al final la imaginación chingona tuvo efecto, ¿qué no era el objetivo pasar a la segunda ronda? México pasó como segundo de grupo y se topará contra Brasil. Mi madre me decía cuando era niño cosas que según Dios había dicho: ayúdate que yo te ayudaré; y México también pasó por los seis puntos que había sumado en los partidos anteriores.

—A ver qué tal nos va el lunes contra los brasileños —le comento a un amigo; —¿cuál lunes? A ver cómo nos va el domingo —me responde…. ¿Domingo?… El futbol es un asunto de Estado por la forma como trastoca la psicología de los ciudadanos, qué mejor escenario que aspirar al quinto partido después de la histórica elección presidencial del primero de julio; y para la licuadora del ocio —lugar donde echamos todos los temas para inventarnos memes— habrá que esperar el resultado de la elección, el partido contra Brasil y el último capítulo de la serie de Luis Miguel. La afición mexicana en Rusia sustituyó el “eeeeeeh puto” por “eeeeeeeentrégate, aún no te siento, deja que tu cuerpo se acostumbre a mi calor”. Sospecho que el tren del mame “elección-mundial-Luis Miguel” se puede descarrilar.

Bueno, pues, ¿Qué chingados pasó frente a los suecos? Claesson rebana un balón en linderos del área chica, que cae por una mala jugada del destino en los pies de Augustinsoon para marcar el primero. Héctor Moreno se barre de manera imprudente para cometer falta dentro del área: Granqvist marca el 2-0 de penal. En ese momento me vino a la mente el partido contra Bélgica en 1998, algo parecido nos pasaba, México perdía 2-0, pero en escasos 15 minutos empató el partido; pero ahora, cuando la cosa parecía no poder estar peor y muy al contrario, había esperanza de empatar, Edson Álvarez metió gol en propia puerta. Era momento de cambiarle de canal para ver el Corea vs Alemania, y esperar que las cosas se acomodaran. Corea metió un gol que estuvo protagonizado por la consulta en el VAR y que al final fue válido. En la agonía alemana, Manuel Neuer, guardameta alemán se fue al ataque y como buen portero perdió un balón en tres cuartos de cancha, un pase largo y una carrera desenfrenada de Son Heung Min terminó en el segundo gol. Alemania quedaba por primera vez sin meterse a la segunda ronda. México calificó y muchos, orgullosos de nuestro folclor, fueron a festejar a la embajada coreana: en la escena se ve a un puñado de fanáticos gritar “coreano, hermano, ya eres mexicano”. Corea no pasó y sí, a veces nos falta “tantita madre” y aprender a guardar silencio, si México le hubiera ganado a Suecia, la hermandad hubiera venido de allá para acá.

Puras cosas chingonas

La patria enchina la piel. Javier Hernández se convierte en el mexicano favorito: en el partido contra Alemania, el número 14 cantó el Himno Nacional como Juan Gabriel cantaba Amor eterno. Escuchar el himno entonado por miles en los estadios… emociona; y la mexicanidad se envalentona, a veces no para bien: un tipo se hace viral por follarse a la bandera del equipo rival y la estupidez le sella el pasaporte.

Javier Hernández es el futbolista mexicano del momento, “lleva 8 años siéndolo, solo que los mexicanos somos muy malinchistas” me dice alguien. El Chícharo le dio una entrevista a David Faitelson en las instalaciones del West Ham previo al inicio de la copa del mundo. Faitelson pudiera ser el máximo exponente de un género periodístico que se llame “realismo trágico”, y cual pesimista profesional —como somos muchos— le pidió ser serio a Hernández en referencia a una hipotética victoria sobre Alemania. El chícharo evocó sus ganas y sus palabras quedaron grabadas para que circularan por la red: “imaginémonos cosas chingonas” dijo con euforia, y es que la forma como canta el himno y la mirada perdida hacia el cielo —y los sueños— hace que los mexicanos nos colguemos de su imagen con fervor religioso. El futbol tiene una magia, hace que nos olvidemos de la política; los candidatos presidenciales destruyen familias, pero el futbol logra juntarlas un sábado por la mañana para ver el México contra Corea y comer carnitas.

El futbol metió a la congeladora el tema de las elecciones presidenciales, y hay una lógica: tanta pinche división por nuestras visiones políticas, solo podía ser sanada por otra colectividad eufórica —y a la vez neurótica—, como la que nos ofrece la selección. Los políticos nos tienen hasta la madre mientras Javier Hernández se convierte en meme; ya podría dar conferencias motivacionales o hasta filosóficas para entender ¿por qué somos así los mexicanos?, y es que cuando uno ve a los alemanes romperse el alma hasta el último tiro libre para ganar un partido, entiendes que el futbol también es el reflejo de lo que somos, y los mexicanos, caminando por ese laberinto de la soledad, necesitamos explicarnos cosas.

Muchos mexicanos han pasado años ninguneando al Chícharo; ya sabes, “sus goles son de churro”, además pasó del Manchester United al Real Madrid, del Real Madrid al Bayer Leverkusen, y del Bayer Leverkusen al West Ham; y por ese nivel de transferencias les hacía pensar a esos (nunca he entendido el porqué) que el chícharo encarnaba perfectamente el concepto de “tronco” en el argot futbolístico, pero como por arte de magia, en el partido contra Corea, los mexicanos nos iluminamos y pudimos ver que en la biografía de Javier Hernández se escribe la del mejor goleador que ha dado este país después de Hugo Sánchez, la del máximo goleador de la selección mexicana, y la del máximo goleador mexicano en las copas del mundo —este último rubro lo alcanzó el sábado frente a Corea y empatar a Luis Hernández con 4 dianas—, y pos cómo no, si el Chícharo se imagina puras cosas chingonas.

¿Pero qué pasó en el partido contra Corea? Osorio traicionó su sistema rotativo y todo el país quedó más tranquilo. La alineación contra Corea fue prácticamente la misma, había que sumar de a tres y lo lograron. Carlos Vela marcó de penal y le dedicó el gol al abuelo que lo mira desde el cielo. El Chícharo marcó el segundo, mismo que representó su gol cincuenta con la selección. Rafa Márquez dio un susto del tamaño de su historia y Corea marcó un tanto que podría ser bastante doloroso si es necesario hacer uso de la diferencia de goles después de la tercera jornada del grupo. En este formato mundialista, los partido son cuánticos y se alargan hasta los otros juegos de los rivales. México había hecho lo que tenía que hacer y esperar que los suecos hicieran lo suyo.

El futbol da esos episodios épicos. Lo de Alemania fue impresionante, ese riflazo de último minuto les dio vida, y lo más probable es que la lógica ahora sí los acompañe. Y de este lado, del de México, viendo gestas heroicas en el terreno de juego, nos quedamos con las ganas de la comodidad, de tener un partido contra Suecia para pelear únicamente el primer lugar de grupo, pero no, habrá que luchar hasta la última bocanada de aire por la calificación, y ahí, es momento de encomendarnos a nuestro querido Javier Hernández para imaginarnos cosas… cosas chingonas.

Acto de fe

Para escribir de futbol hay que buscar el espacio, desmarcarse de los 90 minutos de lo que pasa en la cancha para encontrar el sentido a lo que se escribe. La frialdad de la mínima diferencia, el 1 a 0, condensa todo, momento en que purgamos todo nuestro pasado futbolístico.

El futbol es una máquina del tiempo, es una fantástica clase de historia. En 1978, México llevó al Mundial de Argentina a un “poderosísimo” equipo que despertaba la fe, pero después de tres partidos, el papel que hicieron quedó para el olvido. Alemania nos barrió en la primera fase 6-0. El estilo mexicano de asimilar las tragedias es único, antes le llamábamos chistes, en la actualidad usamos los memes.

Hace 40 años, Alemania nos metió 3 goles en el primer tiempo; al minuto 38, México cambió por lesión a su portero, Pilar Reyes; Pedro Soto, guardameta sustituto, bajó a los vestidores al finalizar el partido y le dijo a Reyes: ¡empatamos! Pilar saltó incrédulo, pero Soto remató: “Sí, tres goles te metieron a ti y tres a mí”, solo el sentido del humor anestesia esos momentos. En 1986 perdimos en propia tierra, nuevamente frente a los teutones, nos cansamos de fallar penales. En 1998 nuestra defensa fue blanda ante el poder ofensivo de Jürgen Klinsmann y Oliver Bierhoff, y para esas alturas, después de haber dado pequeñísimos pasos de mejoría en nuestro futbol, la psicología nacional sufría con el término del “ya merito”.

Siempre he dicho que Alemania se imagina una caja de bombones cuando se topa a México en una Copa del Mundo o alguna otra competición. Esta vez los bombones estaban envenenados. Apenas hace un año nos habían metido 4-1 en la Copa Confederaciones, y la Federación alemana mandó un tuit en diciembre, —después del sorteo para definir a los grupos en Rusia—, ninguneando el futuro partido, el que el domingo ganó la selección mexicana 1-0.

Juan Estaban Costaín escribe que el futbol es un acto de fe. Soy un tipo pesimista y mi cosmovisión se cimienta en pésimos escenarios que, dentro de todo, no pueden estar peor. “Eso es una visión optimista sobre el todo” me dijo una vez alguien, pensar que no se puede estar peor cuando sí se puede, es optimismo; y sí, desde ese punto de vista entiendo las cosas, entre ellas el futbol. Así que bueno, jugar futbol contra los alemanes podría ser una justificación de lo que la lógica nos dictaba; pero con fingida fe, no de la buena, aquella con que muchos entran arrodillados a la Basílica de Guadalupe, decía que a Alemania se le podía ganar —a veces es bueno ser políticamente correcto—, pero en el fondo, honestamente, creía que era imposible. Y como uno también tiene complejo de sabelotodo y a veces creemos que nuestros conocimientos futbolísticos están a la par de los de Pep Guardiola, ninguneaba al director nacional: “sus pinches rotaciones”; además que en vísperas del Mundial, los seleccionados se fueron de farra según una importantísima revista de chismes de la farándula, y en nuestra cabeza, donde la política y el futbol chocan, pensar lo peor es un hábito, pero ojo, lo peor no puede estar peor, así que había que decir que a los alemanes se les podía ganar aunque creyéramos lo contrario. La lengua y la mente son naturalmente cosas opuestas, aunque los psicoanalistas digan lo contrario.

Juan Villoro escribe en ‘Dios es redondo’: “si hubiera un campeonato mundial de aficiones de futbol, una final posible sería México – Escocia. Se trata de países que nunca han tenido protagonismo internacional y quizá por ello han buscado el placer compensatorio de llenar estadios”. Los mexicanos somos únicos para el desmadre, y seamos honestos, eso nos llena de orgullo. Luis Roberto Álvez “Zague” difuminó la tensión en la afición mexicana ante la incierta participación en el Mundial, llevamos casi una semana hablando sobre el video que se viralizó donde el ex jugador muestra al mundo “como la tiene” por alguien; en la era digital, grabarse así es un deporte de alto riesgo, pero Zague fungió sin querer como psicólogo nacional: “la tengo como Zague” gritaba la afición mexicana en Rusia; “Alemania ya lo sabe, le toca la de Zague” sentenciaba un grupo de mirreyes, con la playera Adidas de la selección y cerveza en mano por las calles de Moscú. Un deporte tan machista se sujetaba del falo como mis tías se sujetan del rosario para esperar cosas buenas.

“Porque soy mexicano…” decía un meme con la foto de Guillermo del Toro para justificar nuestros desmadres. Los mexicanos no solo somos buenos para ir por las calles del mundo ebrios con sombreros de charros, sino también somos buenos sociólogos, antropólogos, psicólogos: con sonrisa irónica, esa que justifica la estupidez, recordamos que un mexicano orinó la llama eterna en el arco del triunfo en Francia en 1998; otro detuvo el tren al activar la palanca de emergencia en Corea – Japón 2002 después décadas, y otro se suicidó aventándose de un crucero en Brasil 2014; pero más allá de eso, hemos hecho del meme (y por ende, del mame) un estilo único para explicarlo todo, así pues que, tanto en llenar estadios como mamar con memes, podríamos ser potencia mundial; unas 10 veces vi la imagen el día de ayer que decía: “no teníamos memes preparados por si México ganaba” después del 1-0 ante Alemania.

Bueno pues, pero ¿qué pasó en el partido?… “le apretamos todos los botones a lo pendejo” decía otro meme. “Los dos paradones del año” —la imagen muestra a Paco Memo sacando le balón del ángulo y a Zague frente a un espejo en tremendo acto narcisista—. Ocupémonos de lo importante: “Alemania iba arriba en las encuestas”, “Osorio iba convertir a México en la selección de Venezuela y salió más cabrón que los alemanes”. Todo tiene que ser entendido a través de  la épica batalla que dio nuestra selección el domingo, donde jugaron como nunca y ganaron, también, como nunca —de pronto comenzamos a modificar el arsenal de frases que tenemos cada cuatro años para explicar el papel de nuestra selección—.

Bueno ya, ¿qué chingados pasó en el partido? Debo confesar que lo vi a medias, y tuve la suerte de verlo con un grupo de alemanes. El sol difuminaba la imagen que proyectaba el cañón sobre una pared, así que ni en la repetición pude ver bien si Ochoa sacó el balón o si había pegado directamente en el poste. Entre los gritos de chingo de mexicanos trataba de ver desde lejos quién había metido el gol. Para ver mejor el encuentro, puse en mi computadora la trasmisión por “blue to go”, pero esta iba con un minuto de retraso, así que primero escuchaba los gritos de doscientas personas y después pasaba la escena en mi computadora. El partido tuvo un resultado histórico y a la vez, Rafa Márquez refrendó la misma etiqueta con la que terminó el partido: la de histórico; el mediocampista mexicano pasó a sentarse al lado de la Tota Carbajal y Lothar Matthäus, al jugar su quinto mundial. En los últimos cinco minutos nos apedrearon el rancho, y los fantasmas del pasado merodeaban, pero el desempeño futbolístico en la defensa, fue el mejor en la historia de México en los mundiales. Acabó el partido y fui al refugio colectivo que son las redes sociales para expresar lo que nuestra mente genera de manera instantánea: la imagen de una mujer se hacía viral apenas minutos después: “no mames” se leía en su labios con el rostro eufórico… y es que sí, “no mames”, qué cosas pone la gente en sus redes: “uno de los mejores días de mi vida” escribió alguien (¿te cae?, pensé); “ya solo falta ganarle a ya sabes quién” (¿es neta?); una foto de Ricardo Anaya con la mirada perdida al lado de Manuel Negrete dando un grito, explicaba cosas, según otros.

México ganó y a Nachito —un niño de 10 años, fanático que se sabe todos los nombres y todos los países de quienes disputan el mundial—, le dije: “a tu edad, yo no veía esto, disfrútalo por favor”.  Mientras otros muchos, sin poder creer lo que había pasado, buscaban la explicación de lo sucedido, y en eso apareció una señora dándole la bendición a través de la televisión a todos los seleccionados en el momento del himno; y México ganó… Bien dice Costaín, el futbol es una acto de fe.

Chícharo, una marca rentable

*Escrito en septiembre de 2014, cuando se anunció la contratación de Javier Hernández para el Real Madrid.

Javier Hernández lleva 4 años en la élite del futbol. Cuando hablamos de él, no sólo se habla de un futbolista; también hablamos de una marca. El futbol como industria encontró en el chícharo un producto rentable. La personalidad del jugador, su carisma y su calidad futbolística, en combinación con su extraño apodo de leguminosa y su número 14 en la espalda, hicieron sonar las cajas registradoras de las tiendas departamentales vendiendo su playera del ManU.

Los dos chícharos, el futbolista y el producto… Ambos son rentables. En la cancha, Javier Hernández ha cumplido con goles. Quizá no termina por llenar el ojo de sus entrenadores, pero eso va más allá de su calidad futbolística. Sus goles hablan por él. Con pocos minutos en 4 años en el club inglés marcó 59 veces; cada 130 minutos anotaba un gol. Nada mal. No todos pueden ser Messi.  El Chícharo es un hombre de área, un 9 natural que está en un terreno de juego para empujar las bolas dentro del marco.

Ante la crisis por la que atraviesa el United, El Chícharo terminó estorbando al actual cuerpo técnico. Algo había que hacer con este buen muchacho. Después del mundial, vinieron dos meses de especulación en torno a su futuro. Su destino parecía ser Italia o algún otro club inglés. Hernández no dio su brazo a torcer. A escasas horas de que terminara el mercado de verano de las ligas europeas, se dio la noticia: Javier Hernández sería cedido al actual campeón de Europa, el Real Madrid.

¿Es el Madrid el club exacto para Javier Hernández? La pura contratación calló las bocas de sus críticos. Algunos, peyorativamente, le pronosticaban su pronto regreso al balompié mexicano. “Chivas lo necesita más que nunca” decían algunos. El hecho de llegar al Madrid lo posiciona como una figura vigente en un futbol de rápida caducidad. Su arribo al Madrid, refrendará su papel protagónico dentro del cuadro nacional mexicano. De la incertidumbre pasó a entrenar a lado de Cristiano Ronaldo y un cúmulo de extraordinarios jugadores. La duda sigue siendo si es el Madrid el club exacto para Hernández. La banca sigue siendo el pronóstico que se le augura.

El Madrid apostó por el chícharo, pensando también en el marketing. Hernández  podrá no acumular minutos en el terreno de juego pero será gancho para la alta venta de playeras. El número 14 del mexicano en el jersey merengue, se venderá por no menos de 100 dólares en las tiendas deportivas. El marketing deportivo del Madrid apostó a un producto rentable. Quizá seguirá siendo el refuerzo de lujo como lo fue durante los 4 años que defendió la playera de los red devils. Pero su transferencia a este club confirma algo: este jugador tiene estrella, logra sobrevivir en los momentos de crisis, sale a flote cuando la presión lo pone contra las cuerdas; pasó de pronto del desahucie futbolístico dentro del futbol europeo a vestir la playera blanca del Madrid.  La gran apuesta que tendrá, es ganarse minutos en un cuadro donde los egos y el valor monetario de las transferencias pesan más que la eficacia de un jugador. En fin… Que la fuerza lo acompañe; deseo ver pronto que El Chícharo la rompe en España, ¡que venga el gran despertar de este crack!

La “civilización” del futbol

Marzo 2016

Una de las escenas más hermosas en una tribuna, consistía en ver el graderío cubierto con las banderas de un equipo que acaba de anotar un gol. Miles de aficionados estallaban bajo el ondear de los confalones. En los años noventa, todavía podías entrar al estadio con los palos de las banderas, hoy te lo retiran al entrar. La violencia en las gradas siempre ha existido, pero se concebía de manera diferente. Hace 20 años nada de tribunas para equipos visitantes, nada de estar separados por rejas; de hecho, los noventas fue el inicio del fenómeno de las barras bravas que radicalizaron las peleas en las graderías.

El futbol mexicano se ha hecho de protocolos. ¿cómo empezaba la emoción de un partido de futbol en los noventa? La oncena salía corriendo del túnel ante el grito ensordecedor de su afición; en media cancha saludaban a los hinchas levantando los brazos. Luego venía la foto donde se colaban niños, porristas, la mascota y los recogebalones. Todo cambio; ahora los equipos salen formados muy al estilo europeo; primeramente van los árbitros que toman el balón de un pedestal,  posteriormente vienen los capitanes. Se escucha el himno de la liga mx y luego vienen los saludos obligatorios, privilegiando el fairplay. Imagínense bajo este contexto de “civilización” a la fantástica oncena del Toros Neza saliendo a jugar con máscaras puestas o pintados del cabello de mil colores.

Los boletos de futbol tenían un encanto. Hace 20 años no se usaban los sistema de boletaje por cómputo. Cada 15 días, el club imprimía un boleto con una foto diferente de un jugador, eran hechos en offset y el municipio les ponía un sello atrás. Muchos fanáticos lo coleccionaban. En el museo de las Chivas que está en el estadio Omnilife, un aficionado donó una amplia colección de 550 boletos de los partidos del Rebaño que cubre gran parte de partidos entre los  años ochenta y noventa. No sé en otras plazas, pero en Querétaro apenas hasta hace unas temporadas, comenzaron con los abonos… ¿Quién se iba a imaginar que ibas a poder comprar todos los boletos de la temporada?

Para hablar de la civilización de futbol, pondré como ejemplo a Querétaro y parte de su historia futbolística. Atletas Campesinos fue un equipo que ascendió en el año de 1980 (según información que acabo de “guglear”) y se convirtió en el primer equipo queretano en jugar en el máximo circuito. Hoy ir las instalaciones del Estadio Municipal me hacen pensar en ese mítico equipo al que nunca vi jugar (yo todavía ni nacía cuando ascendieron y apenas duraron dos temporadas); sin embargo, ver las diminutas instalaciones del Municipal comparadas con todo lo que hoy rodea al futbol en Querétaro, hablamos de la dignísima edad de piedra en el balompié local. Parte de la actual civilización del futbol tiene que ver con los intereses económicos; Atletas Campesinos fue sancionado por la Federación por portar publicidad en su uniforme, de hecho, se convirtió en el primer equipo en hacerlo.

El estadio Corregidora no es un estadio moderno pero tampoco es la Bombonera de Toluca. Cuando hablábamos del Coloso del Cimatario, siempre pensábamos en una capacidad de 45 mil aficionados. ¿Quién se inventó esta cifra? Wikipedia dice que le caben 35, 575 aficionados. Hay que analizar que los espacios dentro del Corregidora se redujeron por la instalación de butacas de plástico. Primero fue en la tribuna lateral, atrás de las bancas, donde se instalaron butacas azules donde se le “GALLOS”; así inauguraron la zona VIP, donde pagabas caro y había meseros que te ofrecían otra cosa más que cerveza. Qué hermoso a de haber sido ver jugar a Atletas Campesinos en el municipal. Me imagino que la máximo expresión de euforia en aquellos ayeres era la clásica porra familiar con tambora que gritaban todo el partido “a la bio, a la bao, a la bim bo ba, atletas, atletas, ra ra raaaaaaaaa” acompañada del sonar de las matracas. Nada que ver ahora con  el canto “a los putos del atlas” y cientos de cantos más que entona La Resistencia.

La administración del gobernador Calzada (2009-2015) completó la instalación de butacas en lo que faltaba del estadio; esto fue con motivo del mundial sub 17 que se jugó en 2011. FIFA exigía butacas de plástico que se pudieran numerar. La numeración de butacas es otra manifestación de civilización en el futbol, hoy los sistemas de boletajes te dan oportunidad de escoger dónde te quieres sentar; como en el cine y en la mayoría de los espectáculos. Antes el corregidora era un amole de concreto, que en los partidos espectaculares, el pasillo de preferente se llenara de aficionados que no alcanzaban lugar para sentarse por la sobreventa de boletos.

Yo alguna vez lancé bombas de humo al terreno de juego, lo recuerdo bien, fue en un Querétaro vs Chivas a principios de los noventa, en esos partido que se jugaban los domingos a las 12 del día ante la inclemencia del sol. En aquellas épocas, una bomba de humo era una inocentada. Hoy la polvora en una tribuna trae consigo toda clase de connotaciones. En el futbol mexicano se insistió en quitar las vallas metálicas que dividían el campo de la afición; la federación estaba dispuesta a correr los riesgos y ha sido una apuesta exitosa. El máximo problema que se ha dado fue en Morelia, en aquella semifinal donde el Chaco se agarró a gopes con un espectador. ¿Cuándo ibas a poder ver calentar  tan cerca Ronaldino? La percepción del futbol sin vayas es otra. Los niños se acercan a sus ídolos y no falta que algún futbolista les regales su playera al finalizar el partido. Hoy, cada que estoy en los límites del campo desde la tribuna, siento que mi sueño de meterme corriendo de espontáneo está más cerca.

El estadio Corregidora albergó la final de 1985 entre Pumas y América después de que alargaron la serie a un tercer partido. El América con la ayuda arbitral. Ese no es el punto. En esos año no existía un protocolo de premiación. Cuando el América le gana a Pumas, la copa es recibida por Alfredo Tena entre una marabunta de periodistas. Así sin más, los americanistas corrieron a dar la tradicional vuelta olímpica. Vuelvo a los protocolos; imagínense que vergonzoso ha de haber sido para el Cruz Azul estar parado a mitad del campo para recibir su trofeo de subcamepón después de que el América les empatar una partido imposible, en mayo de 2013 y luego le ganara en la tanda de penales. Ahora el protocolo exige una ceremonia donde el perdedor recibe su premio de consolación, pienso que es un tanto inútil es estar parado ahí, cuando quieres irte al vestidor a purgar la derrota.

En los noventas, el futbol no perdía su esencia de ser silvestre. Hoy es casi imposible ver una pelea campal en un campo de futbol profesional. Hace 30 años los equipos todavía alcanzaban a conservar el espíritu del llano. Existía esa pasión irracional por los colores de una playera. América y Chivas participaron en dos grescas monumentales, y más allá de las peleas, los futbolistas de antes mostraban un alma muy diferente al jugar la pelota. Los ídolos de antes eran guerreros no metrosexuales. Eran jugadores un tanto bofos que metían la pierna sin miedo a dejar ahí tibia y peroné. Ahora son atletas de alto rendimiento que se cuidan de más. Obviamente se festeja el cese de la violencia, aunque en las tribunas no se haya dado ese paso, y las pasiones se sigan desbordando de forma absurda. El fenómeno de masas toma diferentes matices al paso de los años, pero siempre ha sido digno de estudio.

El futbol visto como una industria ha civilizado sus formas. Todo converge en eso, en un modelo de negocio hiperentable. Transmisiones, patrocinios, publicidad y marketing. Para los fanáticos, la formas de ver futbol, han cambiado. El futbol europeo nos llega de manera más fácil en comparación con hace 20 años. Las transmisiones de Champions League potencializaron su raiting. La manera de estar en un estadio y el modo como la tecnología invade nuestra vidas, nos hacen entender al balompié de forma diferente. La civilización del futbol en México es una réplica de lo que se vive en los estadio en Europa (toda proporción guardada); Faltaría ver que un día dejen de vender cerveza en el estadio. La evolución de nuestro futbol va desde los torneos anuales de otoño a verano que hacían campeón al primer lugar de la table, luego vino la liguilla y su clasificación por grupos, luego vinieron los torneos cortos y ahora, la desaparición de los grupos. Como de igual forma, el cariño de las grandes aficiones se construyó en la generación de nuestros padres, y que muchos adquirimos por herencia; porque hoy los campeones semestrales, la nuevas potencias de provincia, les resultará imposible crear grandes pasiones como  las crearon Chivas, Amércia, Pumas y Cruz Azul.

Leicester, el talento emana del corazón

*Escrito en mayo de 2016, después de que el Leicester City ganó la Premier League

Apunto… Escribo en carácter de villamelón; apenas hace unos meses tomé conciencia de la existencia de este equipo: Leicester City. Su actual conquista del título es un portento digno de guión cinematográfico. Su 132 años de espera para redactar tal epopeya, no se comparan con los 500 que tuvo que esperar el Rey Ricardo III para recibir cristiana sepultura; y es que los restos del rey, encontrados 4 años en un estacionamiento de la ciudad de Leicester, fueron depositados en la basílica de la misma ciudad el año pasado, momento en que la historia del club comenzó a cambiar.

La historia de Ricardo III y el Leicester convergieron en época moderna. La conquista del trofeo pareció ser la promesa de un rey, que descansa con la majestuosidad que le fue negada por 5 siglos. Es que después de perder el trono frente a Enrique Turdor, El rey Ricardo fue mandado al basurero de la historia. En su obra ‘The Life and Death of King Richard III’ Shakespeare lo describe de manera deplorable. Después de 530 años,  en marzo del año pasado,  la corona inglesa le rindió homenaje y le reconoció la defensa de su fe cristiana y su valor en los momento difíciles, como de igual manera, los sinsabores en la historia del Leicester Footbal Club quedaron reducidos ante la hazaña conseguida en la actual temporada.

Un pequeño ejército de modestos jugadores; comandados por Claudio Ranieri, un tipo con visión estratégica, capaz de hablar el lenguaje del corazón; lograron ser los mejores de todos; algo que ni el mismísimo Liverpool ha podido lograr en 24 años desde que se creo la Liga Premier; y aclaro, el futbol inglés es una obra de arte que disfruto sin involucrar algún tipo de cariño hacía un equipo; más bien, tengo sentimientos híbridos hacia sus protagonistas de siempre. La Premier League se ha convertido en la última década, en el futbol más competitivo del planeta. Era perfecta hasta que Sky puso varios ceros después del dígito para obtener su exclusividad.  Cada jornada se convertía en una antología de buen futbol que no pudo resistir a los placeres del capitalismo; pero ahí siempre está el sitio de rojadirecta.com para apreciar 90 minutos de buen futbol.

El ocio y el déficit de atención convergen en Wikipedia. ¿Quién es este equipo que puso a temblar a las casas de apuestas? A penas 4 años antes, veían frustradas su aspiraciones por volver a jugar en la primera después de perder una seminal fallando un penal sobre el tiempo. En 2014 lograron ascender y el primer milagro sucedió un año después: la permanencia. Y es que en una liga donde los magnates árabes, rusos y norteamericanos abren la chequera sin tener un gramo de conciencia del hambre en el Africa subsahariana; mantenerse es una proeza cuando tu plantilla apenas rebaza los 55 millones de euros. En la temporada 2014 – 2015, el descenso parecía eminente cuando de 33 puntos disputados, apenas rescató 1 antes de finalizar la primera vuelta. Fue el último lugar durante 180 días, antes que la suerte o el espíritu del Rey Ricardo III, obraran a su favor. Después del entierro del Rey en la basílica de la ciudad; el Leicester ganó 6 de 7 partidos disputados, logrando así la milagrosa salvación.

En el año del título, el Leicester construye su propia leyenda. Ganaron por la estrategia en el campo y el talento que representa jugaron con el corazón. Sólo tuvieron 43% del tiempo el balón en su posición y de los 23 triunfos que obtuvieron, 14 los ganaron por la mínima diferencia; haciendo cada partido un sufrido capítulos para la conquista final. Sí, todos volteamos a ver al Leicester City cuando la broma se convirtió en serio, cuando las casas de apuestas negociaban con aquellos que los dejarían en banca rota en cuanto los foxes se hicieran campeons. El Leicester ha dado una cincelada gloriosa a su historia, construida a través de futbolistas que entienden indicaciones y aceleran a tope las palpitaciones del corazón al pelear cada pelota; el Leicester creará un nexo histórico entre su afición y sus jugadores leyenda, el volante galés Andy King ha sido campeón de tercera, segunda y primera división con el club, y su busto lucirá en alguno de sus pasillos. El Leicester se lleva hoy todo el honor, no por el título, sino por hacer aún más bello con este pasaje, al deporte más hermoso del mundo.

Maradona es más grande que Pelé

*Escrito en el mes de julio después la final de la Copa del Mundo de Brasil  2014

Los habitantes de este planeta no aprenderemos que a un partido de fútbol no podemos cargarle la historia. Desafortunadamente el fútbol no ha sido el sustituto de las guerras. Mientras el mundo se detiene para ver la final de la copa del mundo, Israel sigue con su infame ofensiva contra los palestinos. A veces pienso que un balón de fútbol podría ser la solución a los problemas de este mundo. Mientras Israel lucha por su tierra prometida, una que según les pertenece porque la biblia lo dice, el mundo se detuvo para ver el partido de la copa prometida. Alemanes y Argentinos, ambos en gran versión, tuvieron la capacidad de ponerse los ojos del mundo encima.

La jornada final del mundial tuvo como antesala el siempre desangelado partido por el tercer y cuarto lugar. El juego del sábado le puso punto final al fiasco brasileño. El 7-1 histórico que les propinaron los alemanes y bajo el contexto en el que se jugaba la copa del mundo, parecía ser el Apocalipsis del fútbol. Nos imaginábamos que Brasil sufriría ante la maquinaria teutona, pero jamás hubiéramos pensado que estuvieran hecho de tan poco tanto física y mentalmente. Lo que pasó en ese partido, fue la representación exacta de la forma como los brasileños perdieron en todos sentidos… Perdieron en lo económico, en lo social, en lo político. Ahora Brasil tiene estadios de lujo en medio de la desigualdad social que 3 gobiernos de izquierda sólo han maquillado.

La historia también juega en los mundiales. El Maracaná recibió en la final a dos naciones ingratas para el fútbol brasileño. La Alemania incómoda que apenas cinco días antes los había aplastado de manera inclemente y a Argentina… Qué decir de los argentinos si se paseaban por las calles y playas brasileñas cantando: “Brasil, decime qué se siente, tener en casa a tu papá…”. Nada podía ser peor para el futbol brasileño, que dentro de toda la pesadilla mundialista, los argentinos tuvieran la oportunidad de levantar la copa en el mítico Maracaná. ¿A quién le iría el brasileño herido en el orgullo? Esa era la pregunta.

Argentina se presentó en la cancha sin miedo alguno. Sabían lo que se jugaban… entre todo, también se jugaban la historia. La presión mediática sobre el mejor jugador del mundo se fue liberando mientras la copa del mundo corría y definía los partidos; más aún, cuando Messi comenzó a hacer lo suyo entre los defensas alemanes en el partido final. De pronto desconocimos a Argentina; ese equipo trabado, sin mucha idea que dependía de su número 10 no era el que le jugaba al “tú por tú” a los alemanes. Argentina funcionó bien gran parte del encuentro. Su cuestionada defensa no daba espacios a la poderosa Alemania. Su portero estaba concentrado bajo los tres palos. A Argentina le había bastado muy poco para llegar a esa instancia. Fue un equipo de garra y en los momentos decisivos metió el talento. En la final, se decidieron a jugar al futbol.

Alemania es un equipo que engrasa bien los engranes para funcionar en todas sus líneas. El partido más difícil lo tuvo hasta la final. No fue la Alemania eficiente y fría de los partidos anteriores. En momentos titubearon pero a la vez, no daban espacios. Se enfrentaron a un equipo Argentino embravecido; pero Alemania es Alemania. Tiene en todas sus líneas jugadores del tamaño del Maracaná. Tienen mentalidad, disciplina…  y como siempre, terminan ganando los partidos.

La Copa del Mundo se definió en tiempos extras. Alemania levantó su cuarta copa para confirmar esos datos chocantes que a veces da el fútbol. Cada veinticuatro años, un tricampeón logra la cuarta. A Messi le dieron un polémico balón de oro. Polémico por no haber logrado la hazaña de levantar la copa del mundo y más porque esta copa fue el escenario de otros grandes futbolistas. Hoy los argentinos podrán cantar sin miedos que Maradona es más grande que Pele… y quizá, que Messi también.

Messi es un drama

Junio de 2016, después de la derrota de Argentina vs Chile en la final de la Copa América

El futbol se construye a través de la épica, y si no hay derrota no existe la epopeya. La mejor forma de entender la naturaleza imperfecta de los dioses es frente a los 11 pasos. Messi se supo humano. Los grandes tienen derecho a mandar la pelota a la tribuna. La vida es el oficio de lidiar con la frustración y luchar contra los karmas, entonces, ¿a dónde vas campeón, si tienes como destino morirte en el intento?

Perder tiene un encanto, más cuando ganar es un hábito constante: te convierte en cualquier mortal después de una fatídica tanda de penales. Messi saca espuma por la boca, el peso de la frustración desata la digna rabia; Messi no es materia literaria para libro de superación personal, Messi escribe otra clase de historia, las mas bella jamás escrita en el balompié: el niño que quiere renunciar a un destino manifiesto desde que tenía 14 años; el niño que no crecía, el de las inyecciones, el de la abuela que lo mira desde el cielo, el de todos los records, el de la herida abierta vestido de albiceleste. Messi es el protagonista de un drama: el hombre que quiere dejar de luchar contra sus demonios.

Pero en el futbol sólo queda la posibilidad de la revancha y el consultorio del psicoanalista; por eso la renuncia es inaceptable, ésta solo es permitida de la zona mixta hasta el vestidor, donde el crack podrá destruir y dar patadas a lo que se encuentre; pero para confrontar a los demonios, Messi sólo tiene la cancha como escenario y los próximos 90 minutos para volverlo a intentar. Sí, Argentina es el talón su talón de Aquiles. La grandeza también se esculpe a través de la derrota, pero jamás de la renuncia.  Messi podrá quedarse a minutos de la gloria las veces que tenga que pasar, y quizá llegue a la senectud futbolística sin levantar nada con Argentina, pero no puede quedarse aplastado en el sofá de su casa viendo jugar a su selección, renunciando al 10 en la espalda.

Muchos queremos el final de ensueño para el crack argentino, pero la vida no es color de rosa, la vida  también es de penales fallados. Y quizá en el callo de las derrotas, se están construyendo la mejor prosa de este drama, en la que Messi, reivindica su papel en la historia y sobretodo el papel de Argentina en el futbol mundial.

Virilidad Futbolera

La amistad tiene la magia de mostrar un prisma diferente a las mismas anécdotas y a los mismos chistes que venimos contando 20 años atrás. Mis amigos y yo hemos hablado de futbol y política en todo este tiempo (desde que éramos pubertos hablábamos del EZLN). Nuestros chistes están constituidos por el humor negro, el simplismo y lo soez. Y prácticamente son muy parecidos en sus formas desde que nos hicimos amigos en la secundaria (hoy tenemos casi 40 años).

Las reuniones de hombres tienen sus maneras de ser, en la actualidad y ante los debates de género habrá quien diga que se tendrían que “deconstruir” esas formas cómo nos relacionamos los amigos (varones) de toda la vida. Y ya no hablamos de los grupos del Whats entre amigos, que terminan siendo un monumento a la misoginia, donde el que manda más mujeres desnudas parece ser el más hombre, y los otros, para no quedarse atrás ponen todo comentario aludiendo a la sabrosura de “las viejas” (así, para mostrar la machindad).

Estamos en El Faro, una cantina emblemática de Querétaro que opera desde 1923. El lugar es mágico, tiene un mingitorio en el cual todos te ven orinar apenas a dos metros de la barra. En el azulejo de ese baño improvisado se lee una sugerencia (por no decir una verdad) “por favor acérquese, no la tiene tan grande como usted cree”. Y es que la virilidad masculina es un tema que surge desde que pasamos por la edad de la punzada. Las películas porno que vimos en la adolescencia pusieron, literalmente, la vara muy alta.

Esa noche de Faro hablamos de lo que la agenda digital marca; y hablar de política, a nada del desastre nuclear, es hablar de la virilidad de los líderes del mundo. Sí, Trump, Putin y Jong tienen al planeta en vilo, esos machos alfa-lomo plateado, con potencial bélico como símbolo fálico no se quieren acercar a orinar un poquito mas al mingitorio porque creen tener el pito de cualquier actor porno. El mundo está infestado de testosterona.

Lo chingón de la amistad es que uno no tiene que andar alardeando cosas que no, como hoy vemos en cualquier muro de Facebook. Qué podríamos tener de pretenciosos los amigos que nos conocemos desde que tenemos 13 años. Más bien pasamos los ratos disfrutando del ocio, nexo indispensable para cuidar a las grandes amistades.

Mi novia es una mujer inteligente (psicoanalista, ya saben) Me siento orgulloso de tener una novia freudiana. Es feminista y marxista. Tiene un coctel de ideas en su cabeza con las que construye su mundo. Ella se divierte cuando nos escucha a mis amigos y a mí hablar de futbol. Hace unos años uno podía ir a una cancha a divertirse y a sudar la testosterona, para eso servía hacer un quiebre, meter un gol o armar la melé en el área chica. Ya saben, querer agarrarse a golpes, gritar, barrerse, encararse… el clásico “qué güey” con mirada matona, y al final del partido todos más relajados tomando cerveza. Por eso el futbol es genial, Paul Auster dijo que “el futbol es un milagro que le permitió a Europa odiarse sin destruirse”. Hoy, que tenemos casi 40 años encima, hemos dejado de jugar y a veces hace falta para sentirnos machos alfa lomos plateados cuando le reclamamos al árbitro una decisión. A veces hace falta el juego para no sentirnos tan mal cuando orinamos en el mingitorio del Faro.

Mi novia dice sarcásticamente que las conversaciones futboleras entre amigos son un intento por demostrar quien la tiene más grande. Hablar de futbol es nuestro símbolo fálico que sacamos en las reuniones, según ella; como si hablando de futbol nos sintiéramos más hombres. Nuestro almacén de datos inútiles —como saberse la oncena de tu equipo en un partido en específico que pasó años atrás—  nos envalentona así como a Trump cuando manda bombas a Afganistán  después de tomar el postre.

Imagínense, estamos en El Faro y en sus pantallas sintonizan ESPN, de pronto sacan la imagen del gol que metió Zidane en la final de la Champions en 2002, aquel balón rematado de aire después del globo lanzado por Roberto Carlos, gol que le dio la novena al Madrid. Pecado mortal si a alguien se le ocurre decir que ese gol fue en 2001, o que fue ante el Bayern y no contra el Bayer Leverkusen. Después de la escena de la tele y ante el error en el dato del otro, todos los sentados ahí, comenzamos a lanzar trivias futboleras para demostrar nuestros conocimientos. Mi novia se divierte escuchándonos cuando comienza el arsenal de preguntas: “Mencióname los campeones de la Champions desde 1997”, “Dime la alineación de México en su partido inaugural de Estados Unidos 1994”, “Dime contra quién fue el último partido de Leo Beenhakker como entrenador del América y cuál fue el marcador”, “Dime a qué jugador recortó Dennis Bergkamp en 1998 para marcarle a Argentina”… Y así puede pasar la noche, aportando nuestro bagaje cultural de datos futboleros (e inservibles), recordando episodios específicos que sucedieron 20 ó 30 años atrás y que quedaron guardados en nuestra conciencia. Imagínense, un día reté a mi amigo Daniel Peñalosa a que me dijera la alineación de México en el partido contra Irlanda en 1994, cualquier fanático diría 9 de los 11 jugadores, no era gran cosa… ante la facilidad de la pregunta, lo reté a que me dijera la alineación de Irlanda… El Pollo (apodo de mi amigo) me dijo a la oncena del cuadro irlandés. Nadie le gana en conocimientos futbolísticos, porque igualmente te conoce a algún jugador de Uganda o sabe algún dato curioso del futbol de Kazajistán.

Hablar de futbol entre amigos tiene un encanto especial más allá de esa abstracción de la virilidad. El futbol en la memoria es también un recuento del tiempo, teníamos 13 años cuando vimos en la secundaria el partido de México vs Irlanda con los goles de Luis García en 1994. El partido, el momento, están en la mente, y los amigos con los que lo vimos, siguen siendo los mismos con los que ahora tomamos cerveza recordando aquella gloria del futbol mexicano. Y como siempre he dicho, el futbol es el nexo que nos permitió a través de los años mantenernos como amigos.