Días malos

El futbol es de batallas épicas, como la que se dio contra Alemania, pero el futbol es también de días malos, aquellos en que las cosas se niegan a salir. Somos muy exigentes con la selección, el futbol es una analogía de la propia vida: quizá esta semana se te acabó el gas y te tuviste que bañar con el agua helada. A veces visualizas cosas en tu mente que no pasan y de pronto, estás frente a una nube de vapor que sale del cofre mientras tu carro escupe el anticongelante. Los malos ratos también pasan en la cancha, y uno muy malo de 90 minutos —que en sí fue de 45— le pasó México frente a Suecia; e igualmente, a veces las cosas no dependen de uno y necesitas de que alguien te haga el favor de pasar por tus hijos a la escuela porque los tiempos y el trabajo te desquiciaron la rutina, o de la nada, una vecina guardó tu ropa que dejaste en el tendedero antes de la tormenta. El futbol es eso, de tener días para el olvido, y esperar que las cosas se acomoden.

La última jornada de la fase de grupos en el Mundial tiene un encanto especial, a veces los partidos son de 180 minutos, estás al tanto de tu selección y de lo que sucede en el otro encuentro. Es la ruleta rusa de la combinación de resultados, la diferencia de goles y de analizar los criterios de desempate. A los mexicanos nos cuesta lidiar con el destino; como soñadores eternos, somos una máquina para generar ilusiones y unos artistas a la hora de inventarnos una retórica, pero cuando dependemos de nosotros mismos, nos es insoportable y preferimos cerrar los ojos y esperar que la suerte obre a favor. Los mexicanos hemos hecho de los mundiales una montaña rusa, sabemos que por muy mal que nos trate, llegaremos como sea a los octavos de final, aunque ya no tengamos boleto para subirnos de nuevo.

En el futbol no se entregan copas Doctor honoris causa, si fuera así, México sería un candidato al trofeo, pero no, el mérito consiste en llegar lo más lejos posible con el futbol que se tenga, a veces jugando horrible y otras, jugando perfecto; a veces teniendo días malos y esperando el resultado del partido de al lado. El futbol parece ser ingrato. Corea se partió el lomo, defendió a muerte, ganó con dos goles y no pasó. En este deporte no existe el merecimiento. México ha pasado a la segunda ronda en los últimos 8 mundiales a los que ha asistido, algunas veces de manera heroica, como en 1998 cuando Luis Hernández estiró un poquito más la pierna por delate del central Jaap Stam para marcar en el último minuto ante una poderosísima Holanda; de hecho, de 1994 hasta el día de ayer —día en que Suecia nos despertó de las chingonsísimas cosas que imaginábamos—, solo dos equipos han calificado a octavos de final de manera consecutiva: México y Brasil.

¿Pero qué pasó en el partido contra Suecia? Los suecos nos barrieron, pero al final la imaginación chingona tuvo efecto, ¿qué no era el objetivo pasar a la segunda ronda? México pasó como segundo de grupo y se topará contra Brasil. Mi madre me decía cuando era niño cosas que según Dios había dicho: ayúdate que yo te ayudaré; y México también pasó por los seis puntos que había sumado en los partidos anteriores.

—A ver qué tal nos va el lunes contra los brasileños —le comento a un amigo; —¿cuál lunes? A ver cómo nos va el domingo —me responde…. ¿Domingo?… El futbol es un asunto de Estado por la forma como trastoca la psicología de los ciudadanos, qué mejor escenario que aspirar al quinto partido después de la histórica elección presidencial del primero de julio; y para la licuadora del ocio —lugar donde echamos todos los temas para inventarnos memes— habrá que esperar el resultado de la elección, el partido contra Brasil y el último capítulo de la serie de Luis Miguel. La afición mexicana en Rusia sustituyó el “eeeeeeh puto” por “eeeeeeeentrégate, aún no te siento, deja que tu cuerpo se acostumbre a mi calor”. Sospecho que el tren del mame “elección-mundial-Luis Miguel” se puede descarrilar.

Bueno, pues, ¿Qué chingados pasó frente a los suecos? Claesson rebana un balón en linderos del área chica, que cae por una mala jugada del destino en los pies de Augustinsoon para marcar el primero. Héctor Moreno se barre de manera imprudente para cometer falta dentro del área: Granqvist marca el 2-0 de penal. En ese momento me vino a la mente el partido contra Bélgica en 1998, algo parecido nos pasaba, México perdía 2-0, pero en escasos 15 minutos empató el partido; pero ahora, cuando la cosa parecía no poder estar peor y muy al contrario, había esperanza de empatar, Edson Álvarez metió gol en propia puerta. Era momento de cambiarle de canal para ver el Corea vs Alemania, y esperar que las cosas se acomodaran. Corea metió un gol que estuvo protagonizado por la consulta en el VAR y que al final fue válido. En la agonía alemana, Manuel Neuer, guardameta alemán se fue al ataque y como buen portero perdió un balón en tres cuartos de cancha, un pase largo y una carrera desenfrenada de Son Heung Min terminó en el segundo gol. Alemania quedaba por primera vez sin meterse a la segunda ronda. México calificó y muchos, orgullosos de nuestro folclor, fueron a festejar a la embajada coreana: en la escena se ve a un puñado de fanáticos gritar “coreano, hermano, ya eres mexicano”. Corea no pasó y sí, a veces nos falta “tantita madre” y aprender a guardar silencio, si México le hubiera ganado a Suecia, la hermandad hubiera venido de allá para acá.

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