Puras cosas chingonas

La patria enchina la piel. Javier Hernández se convierte en el mexicano favorito: en el partido contra Alemania, el número 14 cantó el Himno Nacional como Juan Gabriel cantaba Amor eterno. Escuchar el himno entonado por miles en los estadios… emociona; y la mexicanidad se envalentona, a veces no para bien: un tipo se hace viral por follarse a la bandera del equipo rival y la estupidez le sella el pasaporte.

Javier Hernández es el futbolista mexicano del momento, “lleva 8 años siéndolo, solo que los mexicanos somos muy malinchistas” me dice alguien. El Chícharo le dio una entrevista a David Faitelson en las instalaciones del West Ham previo al inicio de la copa del mundo. Faitelson pudiera ser el máximo exponente de un género periodístico que se llame “realismo trágico”, y cual pesimista profesional —como somos muchos— le pidió ser serio a Hernández en referencia a una hipotética victoria sobre Alemania. El chícharo evocó sus ganas y sus palabras quedaron grabadas para que circularan por la red: “imaginémonos cosas chingonas” dijo con euforia, y es que la forma como canta el himno y la mirada perdida hacia el cielo —y los sueños— hace que los mexicanos nos colguemos de su imagen con fervor religioso. El futbol tiene una magia, hace que nos olvidemos de la política; los candidatos presidenciales destruyen familias, pero el futbol logra juntarlas un sábado por la mañana para ver el México contra Corea y comer carnitas.

El futbol metió a la congeladora el tema de las elecciones presidenciales, y hay una lógica: tanta pinche división por nuestras visiones políticas, solo podía ser sanada por otra colectividad eufórica —y a la vez neurótica—, como la que nos ofrece la selección. Los políticos nos tienen hasta la madre mientras Javier Hernández se convierte en meme; ya podría dar conferencias motivacionales o hasta filosóficas para entender ¿por qué somos así los mexicanos?, y es que cuando uno ve a los alemanes romperse el alma hasta el último tiro libre para ganar un partido, entiendes que el futbol también es el reflejo de lo que somos, y los mexicanos, caminando por ese laberinto de la soledad, necesitamos explicarnos cosas.

Muchos mexicanos han pasado años ninguneando al Chícharo; ya sabes, “sus goles son de churro”, además pasó del Manchester United al Real Madrid, del Real Madrid al Bayer Leverkusen, y del Bayer Leverkusen al West Ham; y por ese nivel de transferencias les hacía pensar a esos (nunca he entendido el porqué) que el chícharo encarnaba perfectamente el concepto de “tronco” en el argot futbolístico, pero como por arte de magia, en el partido contra Corea, los mexicanos nos iluminamos y pudimos ver que en la biografía de Javier Hernández se escribe la del mejor goleador que ha dado este país después de Hugo Sánchez, la del máximo goleador de la selección mexicana, y la del máximo goleador mexicano en las copas del mundo —este último rubro lo alcanzó el sábado frente a Corea y empatar a Luis Hernández con 4 dianas—, y pos cómo no, si el Chícharo se imagina puras cosas chingonas.

¿Pero qué pasó en el partido contra Corea? Osorio traicionó su sistema rotativo y todo el país quedó más tranquilo. La alineación contra Corea fue prácticamente la misma, había que sumar de a tres y lo lograron. Carlos Vela marcó de penal y le dedicó el gol al abuelo que lo mira desde el cielo. El Chícharo marcó el segundo, mismo que representó su gol cincuenta con la selección. Rafa Márquez dio un susto del tamaño de su historia y Corea marcó un tanto que podría ser bastante doloroso si es necesario hacer uso de la diferencia de goles después de la tercera jornada del grupo. En este formato mundialista, los partido son cuánticos y se alargan hasta los otros juegos de los rivales. México había hecho lo que tenía que hacer y esperar que los suecos hicieran lo suyo.

El futbol da esos episodios épicos. Lo de Alemania fue impresionante, ese riflazo de último minuto les dio vida, y lo más probable es que la lógica ahora sí los acompañe. Y de este lado, del de México, viendo gestas heroicas en el terreno de juego, nos quedamos con las ganas de la comodidad, de tener un partido contra Suecia para pelear únicamente el primer lugar de grupo, pero no, habrá que luchar hasta la última bocanada de aire por la calificación, y ahí, es momento de encomendarnos a nuestro querido Javier Hernández para imaginarnos cosas… cosas chingonas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *