Pueblétaro

La neurosis colectiva generada a través de las redes sociales nos ha hecho perder el sentido del humor. Ya no podemos hacer chistes de nada, siempre habrá alguien que se ofenda. Y sí, cuando suelo llamar a Querétaro “Pueblétaro”, algunos se ofenden como si hubiera ido a grafitear los arcos o me hubiera meado en la fuente de los perros o les hubiera dicho que prefiero Vips a La mariposa. La queretanidad tiene sus símbolos sagrados.

No distinguir entre el sarcasmo y la seriedad es un síntoma de que la sociedad está neurótica. Y cuando digo ¡Pinche Pueblétaro! no falta quien me diga “pues vete si no te gusta” o “ a qué viniste a vivir aquí” (les tengo que aclarar que yo nací aquí) y me veo obligado a decirles que el término es más un adjetivo que un sustantivo que uso para explicar muchas cosas que pasan en esta hermosa ciudad (también les doy coba).

El término “Pueblétaro” se ha transformado al paso del tiempo. Lo uso sin una connotación peyorativa. Hace años, mis primos que viven en el DF —ahora CDMX— veían a Querétaro como un pueblo bicicletero y atrasado, les encantaba venir pero les encantaba joder con eso de “Pueblétaro”, y uno como queretano se sentía ofendido, más cuando ya  podíamos comprar hamburguesas en Mc Donalds por ahí de 1992 o  1993. Imagínense, recién abrió la franquicia de hamburguesas justo ahí, en Plaza del Parque, hacíamos una hora en la fila para comprar una Big Mac —como diría José Agustín en la ‘Tragicomedia Mexicana”, cual vil país socialista abierto al capitalismo—.  Todo cambia, la prisa y la “modernidad” de la ciudad han cambiado la forma como percibimos el tiempo, “la hora” de hace 25 años son los 20 minutos que hoy hacemos formados por un Capuchino Venti con leche  deslactosada con chispas mamarrachas de colores, y ya no hablar del post en Facebook con la foto del vaso de Starbucks con nuestro nombre. Todos tenemos formas de convertir la cotidianidad en estados de redes sociales.

Antes de que empiecen con “lárgate de aquí si no te gusta” —muy común leerlo en las redes sociales cuando alguien osa criticar a esta sagrada tierra— me gustaría explicar el fenómeno, no de la Queretanidad sino de la puebletanidad. Hace dos años, Edmundo González Llaca publicó un libro donde explicaba el espíritu de la Queretanidad, en el libro narraba diálogos con su amiga “La Chilanga”, donde le explicaba el conservadurismo y el tradicionalismo de esta tierra. Cuando yo hablo de “Pueblétaro” no me refiero a ese conservadurismo que muchos dicen que es latente, (de hecho, creo que Querétaro se ha flexibilizado en ciertas cosas y ya no vive en un conservadurismo a rajatabla), tampoco hablo que Querétaro sea un pueblo atrasado y silvestres —al contrario, ahí está Antea con su Liverpool y Palacio de Hierro. El término “Pueblétaro” son ciertas expresiones (ojo, dije ciertas) y sucesos que muestran una transición no lograda hacia la gran ciudad de progreso que está dentro del imaginario colectivo.

“Pueblétaro” es el lugar donde pasan cosas dignas de un Querétaro de hace 30 ó 40 años dentro del contexto de la ciudad de “primer” mundo. Es el lugar supersticioso, a veces sí silvestre, es la declaración imprudente del político, son cosas impensables que pasan aquí y que quizá, son las mismas cosas que pasan en todos lados, pero cada lugar tiene sus expresiones muy particulares que dan forma a su propia historia.

Los medios de comunicación son los grandes constructores de ese “Pueblétaro” alterno a la ciudad modernas que también es Querétaro. Para vender, los medios tienen un vicio por publicar notas extrañas que hacen ver a Querétaro como si siguiéramos en los años setentas, cuando las señoras iban al mercado y hablaban preocupadas por aquello del comunismo.  En esta sociedad de consumo y de grandes centro comerciales, hace poco vimos en las noticias que  alguien se murió en un exorcismo —aquí todavía se exorciza gente—, y eso no es lo raro, sino que sea noticia. Igualmente, el Diario de Querétaro puso en primera plana, un avistamiento extraterrestres después de que toda la ciudad estaba fascinada con una nube en forma de hongo (¿Es neta, Organización Editorial Mexicana?). La visita de alienígenas era una especie de privilegio de los ranchos texanos. En Texas, Estados Unidos, les encanta ese cuento de los ovnis. Y no sé si deberíamos sentirnos halagados por la visita de tan importantes personajes, lo que sí es que para el Diario fue un notición.

En Querétaro pasan cosas que podrían parecer chistes pero no lo son.  El año pasado, a la policía municipal le robaron un arsenal de armas —sí, las historias que pasan aquí dan para un mal guion cinematográfico. El Presidente Municipal se gastó gran parte del presupuesto de cultura para que los queretanos viéramos gratis a Café Tacuba —populismo first class—, no solo eso, la gente se formó una noche antes por un boleto y casi se agarran a madrazos cuando estos se acabaron; y como si no hubiera cosas más importantes en las cuales Marcos Aguilar tendría que ocuparse, y ante la “terrible crisis” que generó el que se hayan agotado los boletos, vino la… ¡Sorpresa! Marcos Aguilar salió en un video anunciando un segundo concierto en el Estadio Corregidora, para 40 mil personas, —en serio, sentí que estaba viendo al alcalde Diamante en un capítulo de Los Simpsons. Marcos Aguilar alebrestó a Pueblétaro, no tenía ni idea de lo que estaba diciendo, si bien sí hubo un segundo concierto, este fue donde el primero, en la Plaza de Toros. Esas formas que mezclan el cinismo y la inoperancia política con cosas chuscas y surrealistas, son las que dan vida a Pueblétaro.

Aquí los medios de comunicación no están a la altura de una gran ciudad; el periodismo que se ejerce es meramente boletinero. El periódico AM tiene su producto estrella en el suplemento VSD, —a la gente le encanta enterarse de la vida de la gente bonita— y algo muy de Pueblétaro es que muchos pagan (sí, pagan, no es gratis) por hacer noticia los bautizos de sus hijos;  el Diario de Querétaro sobrevive por el aviso de ocasión y el Noticias por la nota roja. Aquí la peregrinación de cada año sigue siendo noticia de 8 columnas. No está mal, pero ese catolicismo exacerbado ha dado expresiones fantásticas de la Puebletaridad, que no tienen nada que ver con el fervor religioso de la gente  (de hecho, una peregrinación me parece fantástica como expresión cultural). Hace años vimos en todos los periódicos una foto de Sandra Calzada vestida de peregrina,  la “primera dama” caminó 5 kilómetros con traje típico —el que usan las mujeres que sí caminan 8 días— saludando a todos con el clásico corto, corto, largo, largo y sonrisa de oreja a oreja. Una pasarela, pues… Puebletanidad pura.

Hace 4 años, Pepe Calzada casi se desmaya cuando Obama mencionó a Querétaro en un discurso —sí, Obama se dignó a mencionar a este estado—, y los calzadistas comparaban al gobernador con Rudolph Giuliani… Una de las características de la puebletanidad es hacerse chaquetas mentales comparando a la ciudad con alguna gran urbe del planeta.

Muchos queretanos alimentan la propia neurosis de la ciudad con sus propias creencias, muchos creen eso de que los chilangos tienen la culpa de todos nuestros males, eso es muy de Pueblétaro —ya saben, los queretanos no roban, roban los defeños, michoacanos, norteños, nunca un queretano—. La selfie que se presume en redes con el político del momento es un clásico de la puebletanidad; en serio, muchos siguen deteniendo a Pancho Domínguez  (y a este que ni le encanta) en la Plaza de Armas para tomarse una selfie.

Y que decir de la forma como se alimentan las leyendas. En 2009, 30 años después de que Claudia Mijangos mató a sus hijos, el Diario de Querétaro dedicó una semana para hablar del caso. Discovery Channel sacó una “investigación” llamada “La hiena de Querétaro” sobre el caso Mijangos, y muchos ahí estuvimos viendo la mierda de programa, ya saben, se descarriló el tren del mame en redes por un par de horas. El morbo es una característica de la puebletanidad; hoy la casa de la Mijangos sigue siendo atracción turística.

Ahora que en la Alameda no hay ambulantes, muchos sueñan que se convierta en nuestro Central Park. El término Pueblétaro explica ese complejo de primer mundo que se tiene aquí, más cuando nos hemos convertido en una delirante sociedad de consumo. Todas las escuelas primarias tienen nombres de próceres de patrias ajenas. Qué queretano de buenas costumbres metería a sus hijos en un colegio llamado Benito Juárez García, o en uno que se llame “Sigmund Freud” donde les expliquen a sus niños aquello de la pulsión sexual… posno va.

Para concluir, hago una defensa a nuestro derecho a pitorrearnos del entorno y nuestro derecho a la crítica, aunque el presidente municipal diga que hay una mano invisible que paga 20 mil pesos por criticar a su gobierno (y yo de güey haciéndolo gratis). Querétaro, como todas las ciudades del mundo, tiene sus propias formas de vivir la cotidianidad y sus propios sucesos que forman su historia en corto, y no tengo duda que Querétaro se ha transformado —para bien y para mal— y que es otro muy distinto de lo que era  hace 10, 15 ó 20 años. La transformación hacia el “progreso” que nos venden (la mafia urbanizadora, sobretodo), tendría que ser más inteligente; paradójicamente, para que como sociedad libremos el colapso económico, ecológico, social, y muchos otros colapsos, tendríamos que regresar a la lentitud con que se vive en los pueblos, regresar a ser auténticamente un pueblo bicicletero, donde la vida pase lenta, cosa muy improbable ante el auge industrial de nuestro estado y el ritmo acelerado de consumo…  el Querétaro real tendrá que pagar el precio del progreso, sí, ese apocalipsis urbano al que van las ciudades con crecimiento mal planeado y con consumo desbordado. Y mientras que el futuro nos rebaza —porque ya nos alcanzó—, yo disfruto viendo las expresiones cotidianas de mi Pueblétaro lindo.

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